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REVISTA

MURO DE BERLÍN 20 AÑOS DESPUÉS

El mundo celebra el fin de la Guerra Fría
Foro reúne a Mijail Gorbachov, George H. Bush y Helmut Kohl, tres líderes que permitieron un sueño imposible de lograr: la unificación alemana.
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MURO DE BERLÍN 20 AÑOS DESPUÉS

Fecha: 31 de octubre. Lugar: un teatro en Friedrichstrasse. Protagonistas: los ex mandatarios de Estados Unidos, George H. Bush; la URSS, Mijail Gorbachov; y Alemania, Helmut Kohl. Objetivo de la cita: homenaje y recuerdo por los 20 años de la caída del Muro de Berlín.

Esa mañana de otoño en la capital alemana el clima era más frío de lo habitual, pero el calor de la cita habría de dejar esta molestia en un segundo plano. Tres viejos amigos se reunieron después de muchos años y el ambiente que reinaba era de alegría y profunda emoción.

Bush, Gorvachov y Kohl ya no eran más esos líderes fuertes y temperamentales que demostraron ser en los años ochenta. Más obesos –por Kohl–, menos pelos –por Gorbi–, y más frágiles –por el patriarca de la familia Bush–, los ex gobernantes se fundieron en un solo abrazo y conmovieron a una multitud ansiosa de escuchar sus testimonios.

Los tres estadistas jugaron un papel clave en los últimos años de la Guerra Fría, que enfrentó a EE UU y la Unión Soviética y sus ejes de influencia política, económica y militar, y dieron el pistoletazo para lo que fue la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.

Escucharlos hablar fue una experiencia enriquecedora. La CNN transmitió en vivo el homenaje y el mundo pudo saber de boca de sus protagonistas los acontecimientos que marcaron aquellos años en los que el recelo entre Washington y Moscú pudo desembocar en una guerra nuclear.

“Es una alegría estar aquí con mis antiguos colegas”, dijo Bush, quien rodeó repetidamente con su brazo tanto a Gorbachov como a Kohl en la ceremonia de dos horas, que tuvo lugar en un teatro en Friedrichstrasse, cerca de donde se levantaba el muro hasta 1989.

“Hay que puntualizar que los acontecimientos históricos para cuya celebración nos hemos reunido no se pusieron en marcha en Bonn, o en Moscú, o en Washington, sino en las mentes y corazones de las personas que habían estado demasiado tiempo privados de los derechos que otorga Dios”, añadió.

SÍMBOLO DE OPRESIÓN

En efecto. El Muro de Berlín fue un símbolo de la opresión y una muestra clara de cómo la estrechez ideológica puede enclaustrar a miles, incluso millones, dentro de un espacio geográfico limitado y en aras del mal llamado “bien colectivo”.

Su construcción comenzó el 13 de agosto de 1961, en pleno auge de la Guerra Fría, cuando el gobierno de la antigua República Democrática Alemania ordenó el cierre de la frontera con Berlín Occidental.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el país y, en especial, la capital alemana habían sido divididas en cuatro zonas de influencia que poco después originarían dos países diferentes, con una misma población, historia, religión, costumbres, pero con distintos regímenes políticos y económicos.

La Alemania Federal –conformada por las zonas bajo dominio inglés, francés y estadounidense– abrazó el capitalismo, mientras la Alemania Oriental –bajo el yugo soviético– adoptó el socialismo.

Para inicios de los sesenta la división simbólica de Berlín –a manera de pasos fronterizos o líneas pintadas de amarillo en plena ciudad– no impedía el éxodo masivo de miles de ciudadanos de la parte oriental que huían a occidente en búsqueda de mejores oportunidades.

Fue así que las autoridades comunistas decidieron levantar un muro que dividió a Berlín en dos, y con ello a cientos de miles de familias que de la noche a la mañana fueron separadas por décadas.

En la actualidad, se cree que más de 100,000 ciudadanos de la RDA, para quienes estaba terminantemente prohibido cruzarlo, trataron durante su existencia de superar el Muro de Berlín o la frontera ínter alemana.

Hasta hoy, no existen cifras precisas sobre el número de personas que fallecieron en la capital. Según las fuentes, varían desde las 86 víctimas de la Fiscalía de Berlín, hasta las 313 que maneja la organización humanitaria “13 de Agosto”.

Un estudio elaborado por la Fundación Muro de Berlín y el centro de Investigación de Historia Contemporánea de Potsdam, señaló que solo en la ciudad murieron entre 1961 y 1989 un total de 136 personas.

“Para ellos va nuestro homenaje, para aquellos que lucharon por conseguir su libertad y la de un pueblo entero. Son ellos los verdaderos héroes”, dijo un emocionado Bush ante los asistentes.

“Los ciudadanos fueron los héroes”, dijo, por su parte, Gorbachov, de 78 años, quien sigue siendo muy popular en Alemania por su destacado papel en el otoño de 1989. “Ninguno de nosotros tres quiere llevarse los laureles por los logros de generaciones anteriores”, añadió.

HOMENAJE A GORBACHOV

“Gorbi”, como lo conocen sus amigos más cercanos, fue también más allá y señaló que la caída del Muro fue un proceso largo en el que participaron otros líderes a los que se le debe el reconocimiento de la historia.

“El primer canciller alemán de la postguerra, Konrad Adenauer (1949/63), y sus visitas a Moscú para lograr el regreso de prisioneros de guerra a Alemania fue un actor fundamental”, dijo el ex mandatario soviético, quien alabó el proceso de reconciliación entre Berlín y Moscú.

Tanto Alemania como Rusia han vivido una tensa relación a lo largo de su historia que tuvo como punto más álgido la muerte de más de 100 millones de personas, entre ambos bandos, durante la Segunda Guerra Mundial.

Para Gorbachov, el hecho de que ya se haya inaugurado en Rusia el vigésimo cementerio de soldados alemanes caídos durante la guerra, es un “maravilloso milagro” que demuestra el poder de reconciliación de los pueblos, antes enemigos acérrimos.

“Después vino Willy Brandt (1969/74) y la política de distensión que prosiguió Helmut Schmidt (1974/82). Ellos nos prepararon el terreno”, manifestó Gorbachov, quien es ignorado y hasta defenestrado por el pueblo ruso que lo acusa de haber acabado con el poder de la URSS.

Gorbachov aplicó sus famosas políticas de Perestroika y Glasnost, que buscaron la reestructuración y apertura de la Unión Soviética, y que terminaron por dar la estocada final a un imperio que hacía aguas en sus fundamentos económicos y militares.

Gorbi, es tratado como un “traidor”, por los antiguos comunistas de pura cepa, y como un “cobarde” por aquellos que pedían una real y mayor democratización de la sociedad rusa. Él, sin duda, lo intentó pero nada es perfecto.

“No tengo ninguna duda de que los historiadores reconocerán a Mijail por su visión inusual y por su compromiso incondicional hacia la reforma y la apertura pese a los esfuerzos de aquellos que resistieron el cambio e ignoraron la llamada de la historia”, declaró Bush padre.

Los asistentes asintieron con un tronador aplauso para el ex líder soviético, quien bajó la mirada como un signo de humildad, y con la esperanza de que algún día pueda hacer las paces con sus compatriotas y llegue ese reconocimiento que le es esquivo.

“Hoy nos damos cuenta de la enorme presión a la que Mijail estaba sometido durante aquella época de cambios en la que se mantuvo firme. Tan firme como la estará cuando la historia de nuestro tiempo se escriba de manera definitiva”, indicó por su parte Kohl.

Ex el líder alemán sostuvo también que Bush como Gorbachov habían sido un regalo para Alemania, pero que en su momento las relaciones fueron tensas. El viejo Canciller recordó unas declaraciones que hizo del líder soviético a principios de los ochenta al que comparó con el jerarca nazi Joseph Goebbels.

“Lo siento Mijail pero en esa época nunca nos habíamos tomado ni una cerveza”, dijo Kohl, provocando las risas del auditorio. “Ambos fueron un regalo del cielo para nosotros. La reunificación no cayó del cielo pero el cielo nos ayudó”, agregó.

Los dos apoyaron, según Kohl, el proceso de reunificación todavía en unos momentos en que otros países, especialmente Francia y el Reino Unido, no ocultaban su preferencia porque siguieran existiendo dos Estados alemanes.

Hoy 20 años después, el Muro de Berlín es solo un capítulo negro más de la historia europea, y el viejo continente mira con optimismo un futuro que va más allá de la integración económica y política.

El reto es la integración social, dejar atrás los “otros muros” del siglo XXI: la pobreza, la discriminación, la desigualdad de oportunidades, etc. Temas que de no ser atendidos pueden causar más dolor y frustración que aquella que causó ese muro de hormigón y concreto que separó a los berlineses.

“El reto es grande, tan grande que sobrecoge y parece imposible. Sin embargo, nosotros demostramos que esos son los objetivos que importan, los que valen la pena ganar”, dijo Gorbachov en medio del aplauso generalizado. Y vaya que lo lograron.

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