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REVISTA

DÍA INTERNACIONAL DE LA BIODIVERSIDAD

No extinguirnos depende de nosotros
El gato marino, la sachavaca, el caimán negro y la tortuga verde son solo cuatro de las miles de especies de animales en peligro de extinción; una realidad que nos golpea y enfrenta con un problema dramático. El 22 de mayo se celebra el Día Internacional de la Biodiversidad, fecha que debe ser la oportunidad que el ser humano aproveche para hacer algo a favor de una naturaleza que va camino a la extinción total.
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DÍA INTERNACIONAL DE LA BIODIVERSIDAD

UN DÍA VITAL

La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró que el 2010 debía ser un año importante en materia de biodiversidad, es por ello que fue establecido como el Año Internacional de la Diversidad Biológica o Biodiversidad. Este término se empezó a utilizar en 1985 y buscó sintetizar en una sola palabra de fácil recordación la preocupación por todo lo que es vida sobre la tierra.

La ONU escogió el 22 de mayo porque ese día se aprobó el texto del Convenio sobre Diversidad Biológica. La necesidad de señalar un día para la Biodiversidad no era otra que intentar concienciar, mediante actividades colectivas y consensuadas, a la población mundial frente al flagelo que el peligro de extinción representa para la humanidad.

¿Y cuál debería ser la reflexión más importante en un día como este?, ¿qué lecciones debemos aprender?, ¿cómo educar a un ser humano naturalmente indiferente en estos asuntos?, si la sola sensibilidad con otro ser humano a veces parece una utopía, cuánto más lo será con las especies menores, animales y plantas. La tarea no es fácil pero hay que dar la batalla. Días como el Día Internacional de la Biodiversidad son una forma de librar esa batalla contra la indiferencia e ignorancia.

Las cifras nos muestran una catástrofe medioambiental en ciernes. En el libro El Siglo ETC, publicado en enero del 2002 por el investigador y escritor canadiense Pat Roy Mooney, ganador del premio "Right Livehood Award" en el Parlamento de Suecia, conocido como Premio Nobel Alternativo, hallamos una serie de datos explicados con la simpleza necesaria para comprender de lo que hablamos cuando la biodiversidad está en juego:

“No menos de 4,000 y posiblemente hasta 90,000 especies mueren cada año.
Las selvas tropicales están desapareciendo a una tasa de casi el 1% anual.
La diversidad genética de los cultivos desaparece del campo a una tasa del 2% anual. Las razas de ganado domesticado se están extinguiendo a una tasa del 5% anual. Más de 34,000 especies de plantas (12,5% de la flora) está en peligro de extinción y cada planta superior que desaparece extingue no menos de 30 especies (insectos, hongos, bacterias)”.

Sin palabras ¿verdad? Debemos tomar conciencia y una posición más activa. ¿Cómo lo podemos hacer? Una manera es colocando el tema en la mesa cada día.

MANOS A LA OBRA CON LOS NIÑOS

En un estudio realizado a propósito de esta fecha se demuestra que los niños prefieren ver televisión y jugar en la computadora que hacer algo por “salvar el planeta”; es decir, no tienen una mínima idea de lo que significa el peligro de extinción. La muestra analizada fue de 10,000 niños y jóvenes entre 5 y 18 años de once países: Alemania, Australia, China, Estados Unidos, España, Francia, Japón, México, Reino Unido y Singapur.

Se buscaba descubrir qué tanto los niños manejaban información acerca de la biodiversidad, qué les interesaba o no del tema. Es un punto muy importante de exploración en esta fecha el universo infantil, porque a la velocidad que el calentamiento global y los desastres naturales van avanzando, los niños de hoy serán los que lleven la peor parte mañana.

Cuando los glaciales se derritan aún más y las especies en peligro de extinción que suman en total 11,046 según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Mundial para la Naturaleza, sean incontrolables, son ellos quienes deberán tomar las decisiones y sufrir las consecuencias más dolorosas.

No hay que perder la brújula, somos nosotros la especie que más sufrirá y la que en más peligro se encuentra. Se les pidió a los niños encuestados que establezcan un orden para sus preferencias y el 40% contestó que la televisión, computadora y videojuegos, y en un lamentable 4% quedó la necesidad de proteger el medioambiente.

Cifras desalentadoras si de ello dependiera el futuro de la especie humana. Pero, ¿para qué sirve proteger la biodiversidad?, ¿qué ganamos como sociedad y país? Ganamos la sostenibilidad de la vida y recursos económicos, ganamos desarrollo que, de ser manejado con justicia, beneficiaría a las regiones del país.

En el Perú encontramos 84 de las 114 zonas de vida identificadas en el planeta, con más biodiversidad que muchas potencias del mundo, rico en flora, fauna y recursos minerales, pero eso no basta. No alcanza si es que la concientización no cala en el interior de la población.

Si la información no se vuelve conocimiento, y el conocimiento valor por lo que tenemos, no lograremos nada. Si las generaciones venideras no se preparan para manejar nuestra biodiversidad y saber protegerla, no sabrán qué tienen entre sus manos.

SIN HUMANIDAD NO HAY BIODIVERSIDAD

Nuestra belleza como territorio no es más que el mero reflejo del potencial que la amazonía, costa y ande poseen. Es una vergüenza para un país como el nuestro, tan rico en biodiversidad, haber esperado tanto para crear un Ministerio del Ambiente que busque trabajar por nuestros recursos naturales.

Somos un patrimonio para la humanidad. Tener en la Amazonía más de 1,700 especies de aves que solo se encuentran en nuestro territorio, que conviven en reservas naturales aisladas, nos debería hacer poderosos y altamente desarrollados.

Pero eso no ocurrirá hasta tomar el tema de la biodiversidad como una bandera. Un día como el Día Internacional de la Biodiversidad debe repetirse hasta que el mensaje haya traspasado nuestra indiferencia. Hasta que nos hayamos dado cuenta que al proteger a un caimán negro nos protegemos. Hasta que reconozcamos que al evitar que una tortuga verde desaparezca estaremos más tiempo en la tierra, completos y siendo únicamente diversos.

Hace tan solo unas semanas fuimos testigos de la terrible matanza de los delfines rosados en Iquitos. Pescadores de la zona de Requena no tuvieron mejor idea que envenenar a cinco delfines rosados amazónicos para que estos animales no malogren sus redes de pesca. Es un atentado no solo a la biodiversidad y libertad de las especies marinas, sino también es un crimen ecológico de una profundidad espeluznante.

La ignorancia de la población es aterradora y contra eso nadie combate, estos cinco delfines de naturaleza inofensiva se suman a los 200 delfines que han sido asesinados en los últimos años en la zona. Una grave situación que evidencia que la toma de conciencia en el Día Internacional de la Biodiversidad debe ser muy intensa. Valorar a la especie animal y a las plantas es valorar lo que somos.

La tala de árboles, la injustificada deforestación, la contaminación de ríos y mares que matan el crecimiento natural de las especies marinas son solo pinceladas de esta peligrosa obra humana. Estamos pintando un cuadro que se convertirá en una pieza de horror en el futuro.

El potencial económico y científico que la biodiversidad implica es enorme, por ello un aspecto vital es invertir en el desarrollo tecnológico que nos garantice a nosotros mismos evolucionar en el campo de la biotecnología. Solo así podremos sostenernos.

Solo aprendiendo a calibrar nuestra rica naturaleza no estaremos dominados por aquellos que sí lo hicieron. No alcanza tener la fauna o flora más rica, hay que saber qué hacer con ella... Y a tiempo. Sino los seres en peligro de extinción más comprometidos seremos nosotros mismos.

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COMENTARIOS
2 comentarios      
Con el tema del calentamiento global es hora que tomemos conciencia.
19 de agosto 2010
Con el tema del calentamiento global es hora que tomemos conciencia.
19 de agosto 2010
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