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MUNDIAL SUDÁFRICA 2010: TECNOLOGÍA Y JUSTICIA

Como en todas las ediciones de Gener@cción, nuestro Director Fundador Francisco Huanacune, nos ofrece su artículo editorial.
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MUNDIAL SUDÁFRICA 2010: TECNOLOGÍA Y JUSTICIA

Finalmente el teorema que concierne el éxito de la primera Copa del Mundo que se lleva a cabo en suelo africano no será demostrado con la contundencia esperada. La causa, en el camino de la prueba, tal como sucede en las matemáticas, una contradicción ha puesto en duda algo que todos consideraban que al final sucedería: el mundial más tecnológico haría historia en el fútbol. Para muestra un botón: el uso de tecnología de punta para transmitir imágenes en alta definición para que cualquiera pueda ver los pormenores de los 64 partidos que en señal abierta se transmitirían.

Perdón, dos botones, pues a la escandalosa decisión arbitral cometida durante el partido disputado por germanos e ingleses, el mismo día por la noche, otra polémica decisión se añadía y restaba, en el marco del encuentro entre Argentina y México, mucho del brillo a esta competencia. Sudáfrica 2010, no siendo más lo que muchos esperaban, se convierte así a partir de esos desafortunados momentos, como quien dice de taquito, en objeto de cuestionamiento y en el centro de una controversia planetaria que, valgan verdades, cruza las fronteras del ámbito estrictamente deportivo.

¿Para qué sirve la tecnología y tanto hablar de ella si al final de tanta historia, las susodichas ventajas que su uso trae consigo, no ayudando a modificar sustantivamente los juicios sobre lo que sucede en el campo de juego, manteniendo por ende muchas veces resultados equivocados, no permite tampoco que el deporte sea algo más que puro entretenimiento? Pregunta valida. Pues si el avance tecnológico tiene un propósito -y vaya que lo tiene- este consiste, sin duda, en permitir que como especie consustancialmente moral el ser humano sea cada día mejor.

Ya que lo que vimos aquel día, nos ha mostrado por enésima vez, en campos deportivos para su mala suerte en esta ocasión, que el mal uso de la herramienta de vida que podría ser y es la tecnología, puede aumentar la brecha entre lo que es correctamente moral y lo que está legalmente admitido. Porque lo que se vio, con inenarrable impotencia, a través de las pantallas de TV o Internet evidenció las falencias de una normatividad anacrónica que resultó no solo inmensamente injusta para ingleses y mexicanos, sino también para la mayoría absoluta de espectadores.

Ante esto, hay que decirlo con el necesario énfasis, no bastan las disculpas forzadas por el escándalo, ni las cacerías de brujas por demás injustas contra los colegiados a pesar de los resultados, tampoco las vacuas reflexiones. La FIFA no tiene derecho a reclamar absoluta autonomía cuando de principios y moral se trata. Aquí, las evidencias nos confrontan con la necesidad de un profundo y complejo análisis sobre el papel que debe jugar la justicia, encarnada en el árbitro, y el uso sapiente de la tecnología en pro de lo que es justo y genuinamente entretenido. Algo que de hacerse servirá como paradigma en otros ámbitos de la vida.

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