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REVISTA

COMPLEJO ARQUEOLÓGICO DE LEYENDA

Maranga
No hace mucho que recibió el nombramiento de Patrimonio Cultural de la Nación, pero gracias a su puesta en valor se ha logrado que su monumental belleza arquitectónica no pase desapercibida ante los ojos de grandes y pequeños, quienes han hecho del Parque de Las Leyendas, situado en el distrito de San Miguel, un lugar de obligada visita.
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COMPLEJO ARQUEOLÓGICO DE LEYENDA

A diferencia de lo que sucede con otros importantes restos arquitectónicos ubicados en la capital que han sido rodeados –y en ocasiones opacados– por modernas e imponentes construcciones, el Complejo Arqueológico Maranga ha aprendido a convivir con animales, tiernos o salvajes, grandes o pequeños, que provienen de diferentes lugares y concitan la atención de los visitantes.

 

Concebido para cumplir funciones administrativas, este importante vestigio de nuestro pasado -construido hace más de 2,000 años– forma parte de lo que hoy son las instalaciones del Parque de Las Leyendas, de ahí que su impresionante y misteriosa belleza arquitectónica que debería concitar la atención de niños y adultos, se vea opacada ante la sorpresa que causan hipopótamos, leones, avestruces, loros, monos y hasta ‘Manchitas’, la única jirafa del lugar.

 

Ávidos por saber el significado de aquellos ‘impresionantes montículos de tierra’ o esas ‘viejas construcciones’, como escuchamos decir a nuestro paso por el lugar, confirmamos que las 52 huacas del Parque de Las Leyendas, ubicado en el distrito de San Miguel, son un testimonio vivo de las culturas que poblaron la Lima prehispánica, nuestra Lima de antaño.

 

Pero, ¿cómo un lugar de tanta trascendencia histórica terminó opacado por curiosos animales? Según nos cuentan en el Patronato del Parque de Las Leyendas (Patpal), el Complejo Maranga se extendía originalmente por distritos como Lima Cercado, San Miguel y Pueblo Libre, de ahí su posible conexión con Mateo Salado (Gener@cción, Edición 70).

 

Pero debido a que hacia la primera mitad del siglo XX nuestra capital comenzó a crecer en forma desorganizada y que en la década de los 60 solo quedaban en pie algunas áreas del Complejo -muchas de las cuales lucen intactas en la actualidad- el entonces Patronato de Arqueología declaró el lugar como Reserva Arqueológica, con el objetivo de salvaguardarla.

 

Así, las huacas que aún permanecían en pie fueron cedidas en custodia al Parque de Las Leyendas, creado el 21 de Marzo de 1964, para mostrar la variada riqueza natural del Perú y, lo que es mejor, para cautelar el patrimonio arqueológico que a partir de ese entonces albergaría en su interior: el Complejo Arqueológico Maranga.

 

ANTIGÜEDAD QUE MANDA

 

Aunque es difícil no voltear la mirada para apreciar a algunos de los animales que se ubican en las cuatro zonas (costa, sierra, selva e internacional) que conforman el Parque, resulta fácil observar a simple vista un conjunto de monumentos arquitectónicos como templos, palacios, plazas, murallas, caminos, canales de irrigación, centros administrativos, entre otros.

 

Ubicados estratégicamente en un terreno de 97 hectáreas, los restos en mención son testimonio vivo de lo que las diferentes sociedades que ocuparon sucesivamente el área por más de 2,000 años fueron capaces de construir haciendo uso de dos materiales indispensables en la mayoría de las edificaciones del antiguo Perú: barro y piedra.

 

Haciendo uso de millones de pequeños adobes hechos a mano, conocidos básicamente como ‘adobitos’, fueron los habitantes de la Cultura Lima (0 – 600 d.C.), los primeros en pisar el lugar, que no demoró en convertirse en su sede administrativa y ceremonial.

 

Tiempo después, el turno fue para el Curacazgo de Maranga (1100 – 1470 d.C.) que no tardó en establecer la sede de su gobierno en este lugar. Pero, a diferencia de lo que sucedió con los Lima, en esta época las construcciones se caracterizaron por el uso de los tapiales, antigua técnica que se aplicaba en la edificación de muros con tierra arcillosa.

 

A ambas ocupaciones, le siguieron la de los Inca, quienes lejos de ocupar pasivamente la zona, optaron por remodelar la arquitectura del Curacazgo de Maranga con la intención de adaptarla a sus fines de colonización.

 

LOS MONUMENTOS DEL PARQUE

 

Dividida en dos sectores claramente definidos: el sector amurallado o Recinto Amurallado que forma parte del área arqueológica del Parque de Las Leyendas está compuesto por monumentos en su mayoría de épocas tardías, como la Huaca La Palma y el Palacio Inca.

 

Mientras que el sector extramuros, compuesto por un conjunto de monumentos con características de tipo administrativo guarda entre sus confines a la huacas Tres Palos, Cruz Blanca, San Miguel y La Cruz, además de otras edificaciones también en el sector norte del Parque que corresponden a la Cultura Lima como la Huaca Middendorf, la Huaca Larga y la Huaca 32.

 

Ingresando por la Zona Sierra, nos topamos con la Huaca Tres Palos. Conocida también como Huaca Pando, La Campana o Huaca 40. Se trata de una pirámide de forma rectangular compuesta por cuatro plataformas y cuya entrada principal es una rampa de gran tamaño que permite el ascenso directo a la plataforma superior del sitio arqueológico.

 

Los estudios indican que se trató del principal edificio tardío del área, el mismo que junto a las huacas Cruz Blanca (36), San Miguel (37) y La Cruz (38) formó un conjunto arquitectónico. Si bien es cierto, parecería que la Huaca Tres Palos habría funcionado originalmente como templo-observatorio del Curacazgo de Maranga, para terminar convertido en tambo, durante el Imperio Inca.

 

LOS ENCANTOS DE LA SELVA

 

Bastantes metros más allá, la Zona Selva se encuentra fielmente resguardada por la Huaca La Cruz y la Huaca San Miguel. La primera de ellas fue considerada un centro administrativo del Curacazgo de Maranga y se mantuvo en apogeo en el denominado periodo de los Reinos y Señoríos Regionales (1100 – 1450 d.C.).

 

Actualmente, gracias al trabajo realizado por el Patpal entre los años 2003 y 2004, este monumento se encuentra en un regular estado de conservación. Hoy luce limpio y con un cerco perimétrico de material noble y malla, a excepción del ala sur, que permanece abierto hacia la Huaca Tres Palos.

 

Construida durante el periodo Intermedio Tardío (1100–1450 d.C.), la Huaca San Miguel es un gran edificio construido sobre la base del tapial y, junto a las huacas Cruz Blanca, La Cruz y Tres Palos, demarca una gran plaza rectangular, que en la actualidad es usada como zona de camping por los visitantes.

 

Mientras, en el límite de las zonas Selva e Internacional se encuentra la Huaca Cruz Blanca que, a pesar de resultar más pequeña que las dos anteriormente descritas, fue definida como centro administrativo–ceremonial.  Esta, además de haber pertenecido al periodo de los Reinos y Señoríos Regionales, también formó parte del asentamiento Inca (1450–1532 d.C.). Los trabajos de conservación en este lugar se realizaron desde 1992. Y, a pesar de muchas interrupciones, continuaron hasta el año 2001.

 

TAMBIÉN EN LA COSTA

 

Finalmente, en la Zona Costa –precedidas por las Huacas 57 y 58–, se ubica la Huaca denominada La Palma, conocida también como la Huaca 48. Se trata de un monumento construido en tapia y adobes. Está compuesto por una Plaza Central Principal, una Rampa Central, una Pirámide Central, además de una Plaza con Banquetas y Hornacinas, al igual que por el Recinto de las Cruces Escalonadas.

 

Todo parece indicar que la Huaca La Palma fue el principal edificio durante la época Inca del Complejo Arqueológico Maranga y, contrario a lo que sucede con el resto de huacas que forman parte del Curacazgo, es uno de los pocos sitios de Lima Metropolitana –junto al de la Huaca Garagay (Genera@cción, Edición 71)– que aún conserva frisos en relieve: como los de las Aves Piquero, en la parte alta, y los de las Cruces Escalonadas, en la baja.

 

Con esos atractivos que se seguirán descubriendo de a poco gracias al invalorable trabajo del PATPAL y del Instituto Nacional de Cultura (INC), es de esperar que dentro de poco, quienes visitemos el Parque de Las Leyendas nos detengamos un momento para apreciar parte del pasado de una ciudad como Lima que, aunque lentamente, viene recuperando la importancia que tuvo otrora.

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