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Lunes 19 de octubre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

Ética y valores: Una forma de vida

Etiqueta social
Escribir estas líneas es complicado no por ausencia de claridad en mis ideas, aunque confieso que puede ser una razón, sino por la extensión de un tema imperioso de abordar en una colectividad que, como anotara el ilustre pensador, escritor y maestro peruano, de ideas anarquistas, Manuel González Prada (1948–1918): "El Perú es un organismo enfermo, en donde se aprieta el dedo brota la pus2. El deterioro de las personas e instituciones nos confronta con una realidad, en términos éticos, que estamos obligados a transformar.
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Ética y valores: Una forma de vida

La ética estudia el proceder del hombre frente a los conceptos del bien y el mal. Analiza quién es favorecido o perjudicado por una acción en particular. También examina la moral que tiene que ver con los valores y su responsabilidad social. Por lo tanto, no solo es una cuestión individual; tiene relación con lo que hace una organización para influir en su entorno.

Las palabras moral (del latín mores, costumbres) y ética (del griego ethos, morada, lugar donde se vive) son parecidos en la práctica. Ambas expresiones se refieren a ese tipo de actitudes que nos hacen mejores. La moral describe las conductas que nos conducen hacia lo deseable y la ética es la ciencia que reflexiona sobre dichos comportamientos. Tanto una como otra, nos impulsan a vivir de acuerdo con una elevada escala de valores.

Los valores (solidaridad, honestidad, lealtad, puntualidad, veracidad, etc.) son un punto obligado de aprendizaje si anhelamos salir de la profunda crisis que nos empobrece moral, cultural y socialmente. No puede hablarse de educación, gobierno, ciudadanía u entidad, sin tratar este campo. Más aún cuando adolecemos de referentes y liderazgos -en los diversos ámbitos de la familia, la empresa y la política- que marquen la pauta que debiéramos imitar.

El sistema de valores de cada prójimo es adquirido durante los primeros años de vida por influencia de su entorno. Pueden ser estables y permanentes en el tiempo según la forma en que fueron recibidos. En tal sentido, recomiendo explicar su utilidad a fin de mostrar sus implicancias favorables en el crecimiento personal. Si usted a su hijo le impuso ‘portarse bien’ por miedo al castigo, probablemente de adulto no asumirá normas correctas. No fue formado y persuadido, sino reprimido.

Los valores propician una existencia armónica con nosotros y los demás. Es importante moldear a los chicos con el ejemplo. No diga a una criatura: “Los niños no mienten” si al recibir usted una llamada telefónica dice: “Di que no estoy”.

Al someterse los valores al ‘ejercicio’ diario se transforman en un hábito y, consecuentemente, en una virtud que lo distinguirá. Si cree en la honestidad y la practica siempre, la asimilará como un componente individual. La etiqueta tiene también como sustento la ética dado que ningún acto indecoroso e inapropiado puede considerarse elegante.

Es conveniente diferenciar una conducta legal -amparada en el ordenamiento jurídico vigente en la sociedad- de un proceder ético. Numerosas personas piensan que actuando dentro de la ley asumen un desempeño ético. No siempre es así. Por ejemplo, puede ser válido reclamar sus derechos sobre la herencia dejada por sus padres, pero existe un cuestionamiento ético si ellos, sin mediar documento alguno, establecieron en que proporción debía distribuirse lo heredado.

La palabra empeñada tiene un ‘valor’ que lo obligaría a proceder conforme a lo dispuesto por sus progenitores. Las leyes no guardan invariablemente consistencia con los valores establecidos. De ser así, no existirían disposiciones con ‘nombre propio’ que encubren intereses sórdidos en perjuicio del bienestar de las mayorías.

A continuación quiero recordar algunas situaciones vinculadas con la ausencia de ética. El abogado que alarga un juicio para no perder a su cliente; el médico que lo somete a chequeos innecesarios para aumentar sus honorarios; el profesor al que le plagian su separata para dársela a un colega amigo de la autoridad académica; el turista de cuyo desconocimiento se aprovechan para cobrarle más por un servicio; el político que miente para ganar una elección; el empresario que tiene ‘empleados fantasmas’ en su planilla con la finalidad de evadir impuestos y paga un sueldo indecente a su empleado y, además, lo obliga a trabajar diez o doce horas diarias, etc.

Lamento que estos ejemplos grafiquen nuestra resignación en un medio que muchos cuestionan, pero poco o nada hacen para cambiar. Esa es una característica ‘peruana’, objetar en privado lo que en público no rechazamos y, peor aún, hasta convalidamos.

Amigo lector, los valores son el marco general que orienta e inspira las acciones positivas que desarrollará todos los días. Naturalmente, cuando efectúa hechos negativos como con su auto pasar la luz roja, desconocer la cola en un supermercado, llegar tarde al trabajo sin justificación, no decir la verdad, hacer las denominadas ‘vivezas criollas’, allí están expuestos sus antivalores.

Tenga la voluntad y autoestima suficiente para salir del atraso, la mediocridad, el silencio sumiso y abyecto, y conviértase en prototipo de decencia y dignidad. Recuerde el dicho del orador y escritor norteamericano Denis Waitley: “Nada dignifica más que el respeto a uno mismo”. ¡Respétese!

Por Wilfredo Pérez Ruiz
Expositor de etiqueta social en el Instituto de Secretariado ELA y la Corporación Educativa Columbia. Docente y consultor en protocolo, imagen personal e institucional y etiqueta.

http://wperezruiz.blogspot.com/

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