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PACHACAMAC… DEL PERÚ, SU ROMA

Descubriendo el pasado de Lima
Convertida en una de las muestras vivientes del pasado histórico de Lima, el Santuario de Pachacamac encierra los secretos que permitirán confirmar que nuestra capital fue uno de los lugares más importantes y antiguos del Perú. Acompáñenos a hacer un breve pero minucioso periplo a través de la historia de este centro ceremonial, que es Patrimonio Cultural de la Humanidad.
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PACHACAMAC… DEL PERÚ, SU ROMA

“…El señor Hernando Pizarro mandó hacer a los indios herraduras de oro, plata y clavos, y así llevaron sus caballos al pueblo donde la mezquita estaba, la cual era más grande que Roma…”. Aunque suene increíble, con estas palabras, según los cronistas, el capitán Cristóbal de Mena, uno de los hombres que acompañó a Francisco Pizarro en la conquista del nuevo mundo, describe a Pachacamac, después que los españoles se encontraron frente a ella, allá por el año 1532.

 

Y es que la ‘mezquita’ de Pachacamac –como le llamaban en esa época– fue uno de los lugares de donde los enviados por Atahualpa trasladarían el oro que debió servir para su rescate. Un lugar que, lejos del significado económico que tuvo para los españoles durante ese momento cumbre de la conquista, encierra un sinnúmero de hechos que enriquecen la historia de dicho santuario. La que se inicia en el arcaico, varios milenios antes de nuestra era, para pasar luego por el momento traumático de la invasión española, hasta ir a dar a lo que en la actualidad representa.

 

Una historia llena de tradiciones mágico religiosas que no hacen más que enriquecer la bien ganada fama de uno de los santuarios más importantes del antiguo Perú, que a pesar de la inclemencia del tiempo –y de los huaqueros y saqueadores– permanece en pie, esperando recuperar la trascendencia que en el pasado representó para sus pobladores, tratando de rescatar el significado que las huacas tuvieron para la Lima de esas épocas.

 

EL CAMINO AL SANTUARIO

 

Ubicado en el kilómetro 31 de la antigua Panamericana Sur, actualmente la vía para llegar al centro ceremonial de Pachacamac es mucho más simple de la que tuvieron que enfrentar los conquistadores en esa época, quienes debieron sortear un sinnúmero de obstáculos y dificultades para llegar a lo que en primera impresión les pareció mucho más grande que la capital italiana, tal como reza la crónica de Cristóbal de Mena.

 

Los cálidos rayos solares del distrito de Lurín resultan ideales para adentrarse, durante un fin de semana cualquiera, en la historia del santuario y, conociendo los pormenores de su pasado, entender el significado que encierra cada una de las huacas, que presentan evidencias de una larga y continua secuencia ocupacional.

 

Considerado como un gran centro ceremonial, la zona monumental de Pachacamac está conformada por varias edificaciones que, siguiendo el circuito establecido por el Museo de Sitio, hoy a cargo de Denise Pozzi Escot, nos permite ir conociendo las distintas etapas por las que este sitio atravesó; recorrido que a todas luces se ha convertido en una muestra viviente de la importancia y antigüedad de Lima.

 

LOS TRABAJOS … INVESTIGANDO EL PASADO

 

Si bien, luego que los cronistas con obsesión arabizante –como afirma Raúl Porras Barrenechea en su obra Las Relaciones Primitivas de la Conquista del Perú– llamaron ‘mezquita’ a Pachacamac, es en la segunda mitad del siglo XVI que empieza a recobrar fama el santuario. Pero habrá que esperar el siglo XIX, para que los primeros trabajos de investigación arqueológica en la zona, que por años esperó paciente el lugar, se inicien. Y con ello, empiece la recuperación verdadera de su fama de antaño.

 

Es así que poco después de la llegada del arqueólogo alemán Max Uhle se inician en febrero de 1896 los primeros trabajos de campo de sitio, que culminarían cerca de tres años después en diciembre de 1898. A partir del trabajo que desplegó el experto alemán, quien alternó el trabajo de campo con reconocimientos y visitas cortas a otras zonas arqueológicas de los valles Chillón y Rímac, se sabe que Pachacamac era un gran centro ceremonial y centro también urbano, además de administrativo e irradiación de poder.

 

A los trabajos realizados por este insigne arqueólogo, le sucedieron una serie de estudios y reconocimientos, que aunque no cobraron la misma importancia, ayudaron a descifrar el misterio que encierra cada una de las construcciones edificadas sobre la base de barro, que estuvieron dedicadas a la deidad más importante de la costa del Perú, el Dios Pachacamac, el Creador y Hacedor de todas las cosas.

 

De estos trabajos se desprende que las primeras ocupaciones en el lugar se iniciaron alrededor de 200 años antes de Cristo. Así cuentan los historiadores y estudiosos de la zona que durante el florecimiento de la cultura Limac se construyeron los primeros templos de lo que hoy se conoce como el Gran Centro Ceremonial de Pachacamac. El material y la técnica arquitectónica en ese entonces utilizados ya eran muy complejos, permitiendo así construir grandes edificaciones conocidas hoy con el nombre de Conjunto  de Adobitos y el Templo de Urpiwachak o el Templo Viejo.

 

Los estudios señalan que con la llegada de la ocupación Wari, hacia el séptimo siglo de nuestra era, Pachacamac extiende su influencia a ciertas zonas de los andes centrales. A pesar de que no hay evidencia de una masiva presencia en la construcción de inmuebles, todo parece indicar que pertenece a esta época el llamado Templo de Pachacamac, el que tiempo después se fragmentaría en el Templo Pintado y otras construcciones internas, al parecer hasta ahora enterradas, esperando ser descubiertas.

 

Siglos después, tal como muestran los estudios, entre los años 1,200 y 1,450, en pleno desarrollo de la cultura Ichma, cuya zona de influencia correspondía a las cuencas bajas de los ríos Rímac y Lurín, se desarrolló en todo su esplendor el Centro Ceremonial, haciendo gala de un urbanismo de carácter religioso. Es en este tiempo, a decir de los actuales guardianes del recinto, donde cobra magnificencia el Templo Pintado. Y se construyen 15 templos o pirámides con rampa, tres de las cuales concentran el interés de los arqueólogos y estudiosos en la actualidad.

 

Dan fe las investigaciones que, después de la ocupación Wari, le correspondió a los Incas llegar a este valle entre los siglos XIV y XV. Estos, con una perspectiva diferente establecieron nuevos centros administrativos, adecuando las construcciones que existían a las necesidades y costumbres del Imperio. En esta etapa se construyen el Templo del Sol, el Acllahuasi y el Palacio de Taurichumbi, así como la llamada Plaza de los Peregrinos. Es justo en esta época donde los españoles llegan a la ‘mezquita’ con la idea de hacerse con parte del rescate prometido por Atahualpa a cambio de su liberación.

 

Así pues, tal como rezan las crónicas, los primeros en llegar a este territorio fueron Hernando Pizarro y el cronista Miguel de Estete, quienes quedaron maravillados con las construcciones que tenían frente a si. Pedro Cieza de León luego diría que Pachacamac "…estaba edificada sobre un pequeño cerro hecho a mano todo, de adobes y tierra, puesto en lo alto el edificio comenzando desde lo bajo, tenía muchas puertas pintadas y las paredes con figuras de animales fieros. Dentro del templo, donde ponían al ídolo estaban los sacerdotes…".

 

CENTRO RELIGIOSO Y CEREMONIAL

 

Pachacamac no era pues solo una ciudad y un templo, sino el principal centro religioso de la costa de lo que es hoy el Perú, e incluso de los territorios de Chile y Ecuador actuales. De ahí que cuando Cieza de León hace mención a un ‘ídolo’, está haciendo referencia al Dios omnipresente Pachacamac,  que se veneraba en gran parte de las costas occidentales de América del Sur. Ídolo  descubierto por Alberto Giesecke en 1938, durante los trabajos que realizó en el Templo Pintado o Templo de Pachacamac.

 

Se trataba de una imagen tallada en madera, elaborada a partir del árbol de Zapote, en cuya parte superior, de cincuenta centímetros de largo, estaba representado un personaje que tenía dos caras que miraban hacia lados opuestos. La iconografía de su indumentaria muestra, en un lado, imágenes del maíz y, en el otro, de animales, que según los expertos simboliza su naturaleza dual, masculina y femenina. Pues el maíz representa lo solar y los animales lo lunar.

 

En la sección media de esta vara de madera que era el ídolo -1 metro y 22 centímetros de longitud-, el tótem estaba diseñado con diversos dibujos, entre los que destacan felinos, serpientes y personajes antropomorfos, lo que sería la representación del mundo andino: el Hanan Pacha  (mundo de arriba), el Cay Pacha (mundo del presente) y el Uku Pacha (tierra de los muertos), respectivamente. Mientras que en la parte inferior, de 54 centímetros de largo, carece de imágenes debido a que iba enterrada y fijada al piso, a fin de que el ídolo permanezca erguido en todo momento.

 

En esta forma, Pachacamac era uno de los oráculos más prestigiosos e influyentes en la cultura andina, tanto que gozó del reconocimiento y respeto de los Incas una vez que llegaron a someter a los pueblos de la costa central. Al punto que fue una deidad poderosa y temida, dada la vinculación de este Oráculo a los movimientos sísmicos, y a la creencia de que los temblores y terremotos eran expresión de su ira. Es así que las primeras referencias de los cronistas nos dicen que “…era tanto que le temían que no osaban mirarle, y los sacerdotes entraban en su templo de espaldas a él…”.

 

Aunque el padre Fray Bernabé Cobo en 1653 se refirió al ídolo escribiendo, “llámese Pachacamac, nombre del ídolo o dios falso a quien era dedicado, que quiere decir Hacedor del Mundo, el cual era labrado de palo con una figura fiera y espantable, y con todo eso muy venerado, porque hablaba por el demonio y daba sus respuestas y oráculos a los sacerdotes…”, el Dios Pachacamac continuaba siendo considerado el controlador del equilibrio y el rejuvenecedor del mundo creado por Viracocha, siguiendo la ruta de la mitología Inca, en la que Pachacamac aparece como Dios del Fuego e Hijo del Dios Sol.

 

Tal era la importancia del lugar, que a él acudían peregrinos de todo el mundo andino en busca de soluciones a sus problemas de salud o respuestas a sus inquietudes existenciales. Fue idolatrado en la costa y sierra en tanto el creador de la tierra fecunda, la Pachamama. En los siglos de la Colonia, hay quienes sostienen una estrecha relación entre el Oráculo de Pachacamac y el Cristo de Pachamamilla. Basta para ello, según dicen, observar con minuciosidad la imagen del Señor de los Milagros para darse cuenta que en su ornamentación hay semejanzas a pequeñas huacas, dispuestas de tal forma que confirmarían la correspondencia entre ambos personajes. Y con ella, su proyección en nuestro espíritu religioso contemporáneo, al generar un eslabón cultural vinculado con la tierra.

 

DE MITOS Y LEYENDAS

 

Cuenta la leyenda que Pachacamac crea una pareja, pero al no crear a los alimentos el hombre muere de hambre. La mujer, desesperada, pide ayuda al Sol, padre de Pachacamac, para que le provea alimentos y no corra la misma suerte de su pareja. En respuesta a este requerimiento, el Sol promete los alimentos solicitados y luego la fecunda, procreándole un hijo para que se convierta en su guardián.

 

Al conocer Pachacamac la intervención de su padre el Sol, furioso y muy celoso por la intromisión de este, mata al niño y lo descuartiza en un sinnúmero de  pedazos. Desolada por la desgracia de su hijo, la mujer al momento de enterrar los restos de su vástago, ve como, bajo el influjo divino, de los dientes del cuerpo del niño brotan granos de maíz y de los huesos las yucas y otras raíces, y de la carne inerte los pepinos, pacaes y otros frutos. A partir de ese momento, no se pasaría hambre y se viviría en abundancia.

 

Pero como la mujer nunca pudo perdonar la injusticia que Pachacamac cometió contra su hijo, nuevamente invoca al Sol y pide venganza. En respuesta el Sol envía a Vichama, quien vive con la mujer, tomándola por su madre. Un día, Vichama le dice a la mujer que tiene ya la edad suficiente para ir a conocer el mundo y parte en un largo viaje. Pachacamac aprovecha esta ocasión para asesinar a su mujer, y crea nuevas personas.

 

A su regreso Vichama se entera de la muerte de su madre y la resucita. En un arranque de furia convierte en piedras a las personas creadas por Pachacamac, quien también huye ante la furia de Vichama y se arroja al mar, frente a donde se encuentra hoy su santuario. Entonces, Vichama decide crear una nueva humanidad a partir de tres huevos. De un huevo de oro nacen los curacas, principales y demás nobles, del de plata las mujeres de la nobleza y del tercer huevo, de cobre, la gente del común.

 

Arqueólogo Régulo Franco:

“FUE EL SUSTENTADOR DEL MUNDO”

 

Uno de los arqueólogos que estudió la zona conversó con Gener@cción acerca de lo que tan importante lugar significó para el antiguo Perú.

 

¿Cuál fue el significado y la importancia que llegó a adquirir Pachacamac en el antiguo Perú?

Pachacamac significa ‘sustentador del mundo’, convertida en una deidad de mucho prestigio en el mundo andino a partir del Horizonte Medio (800 d.C.). En época posterior, a la que hoy se le denomina cultura Ychsma (900 d.C. – 1470 d. C.), adquirió mayor resonancia en la costa central, y en la época Inca este sitio y la deidad ocuparon el segundo lugar en importancia dentro del territorio Imperial.

 

¿Por qué fue el oráculo más consultado del mundo andino?

Su fama como oráculo se inicia después del colapso de la Cultura Lima (800 d. C.), como consecuencia de cambios climáticos de mucha consideración que obligó a la población a venerar a una nueva deidad que culturalmente significó el resultado de un sincretismo entre la deidad moche norteña y la de Tiahuanaco – Wari del sur. Así, se construyó un nuevo templo para esta deidad que controlaba el tiempo, el clima y los terremotos; de ahí que sus vaticinios eran ponderables de acuerdo a los cambios climáticos.

 

¿Es a partir de ese momento que crece su fama?

Claro, la fama de la deidad trasuntaba territorios lejanos que más tarde, incluso, llegó a tener adeptos e hijos en zonas muy alejadas de la costa. Y al parecer sus vaticinios eran tan seguros, que de ahí proviene la importancia y fama en el mundo andino.

 

¿Hasta qué punto la importancia del dios Ychsma se reflejó en las edificaciones construidas en el Centro Ceremonial?

Sucede que en la época Ychsma, la identidad de Pachacamac cambia, se hace más popular y es reverenciado con mayor fuerza en la costa central, se convierte como en el árbol de la vida y en el ‘sustentador del mundo’. Al punto, que su figura es representada de variadas formas (antropomorfas) y en distintos materiales (muebles, como literas, tapices y ajuar funerarios) que estuvieron circulando a lo largo y ancho de la costa peruana.

 

Y permanece con el mismo nombre…

Así es, en esta época la deidad no cambia de nombre y probablemente sigue manteniendo el mismo de siempre, quizá con Pachacamac o Irma, pero lo cierto es que en la época Inca es reconocido como Pachacamac. En ese momento, hay un resurgimiento regional y en consecuencia su importancia crece tanto que el sitio se convierte en un gran centro ceremonial de peregrinación al impulso de grandes obras monumentales o pirámides que cada vez se hacen más prestigiosas, en la medida que sus administradores crean mayor riqueza y tributan más al templo principal.

 

Teniendo en cuenta los vestigios, ¿cuál fue el desarrollo que adquirió la arquitectura (monumental) en Pachacamac?

Son aproximadamente 17 edificaciones de diferente tamaño que se construyen en el centro ceremonial. Cada edificación se convierte en una especie de embajada religiosa, fruto del nivel de riqueza que adquirieron los señoríos de la costa central, especialmente aquellos provenientes de los valles de Lima y Turín, de acuerdo a lo establecido por María Rostworoski. En cada pirámide se desarrollaban ritos particulares con la ancestralidad de cada señorío, que básicamente se definía en cultos a ídolos vinculados con la fertilidad y la propiciación del mundo doméstico.

 

¿Cuál de todas ellas fue la más importante?

Una de las edificaciones más importantes y complejas del centro ceremonial fue la Pirámide con Rampa 2, que ocupa la parte central del conjunto y que fue objeto de nuestra investigación. Hay que considerar que el crecimiento del centro ceremonial fue en forma paulatina, lográndose construir varias murallas que cerraban el conjunto, y la construcción de dos calles en forma de cruz dentro de la ciudad religiosa que conducía a los peregrinos de diferentes direcciones hasta alcanzar la mezquita principal.

 

El ídolo de Pachacamac representa a un mismo ser con dos rostros, símbolo de la dualidad del pensamiento andino prehispánico, ¿qué otras características particulares de los pobladores de esa época se reflejan en el lugar?

Las características del ídolo no son necesariamente las que aparecen en una escultura encontrada en la década del 30 por Alberto Giesecke en el Templo Pintado, sino más bien tiene otras identidades que se muestran en los textiles y en otras obras muebles de cerámica. Es posible que esa imagen dual del madero encontrado refleje una de sus identidades vinculadas con la costa y la sierra.

 

Entonces, ¿qué es lo que refleja este ídolo?

Los cronistas decían que nadie podía ver a Pachacamac. Sin embargo, este ídolo bifronte refleja la dualidad del mundo andino, y su iconografía corporal indica la composición de un calendario en torno a la planta del maíz. Otras características particulares son la construcción de dos templos que formaban parte de la imposición y dominio de la cultura Quechua, como el Templo del Sol y el de la Luna, aunque este último es conocido como Acllahuasi. Pero, significa que los sacerdotes pachacameños negociaron con los Incas para hacer prevalecer la importancia del oráculo y que este sea respetado y hermanado con el Sol y la Luna.

 

¿Cuál es la tarea pendiente con Pachacamac?

Es necesario estudiar estos centros con una clara visión del mundo andino y no del mundo occidental. Creemos que el mundo andino desde épocas tempranas ha estado ligado a la religiosidad, al ceremonialismo, o en todo caso, a la espiritualidad, de ahí la razón de ser de los grandes descubrimientos de relieves, pinturas y todo lo relacionado con lo sagrado.

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