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INCLUSIÓN: LA LÍNEA DIVISORIA

Como en todas las ediciones de Gener@cción, nuestro Director Fundador Francisco Huanacune, nos ofrece su artículo editorial.
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INCLUSIÓN: LA LÍNEA DIVISORIA
Primero el sur del Perú y su ‘moqueguazo’. Poco antes había sido el Cusco, poniendo en cuestión su estatus de subsede de APEC. Hace muy, pero muy poco, tan solo días, el oriente peruano, nuestra megadiversa amazonía, donde miles de nativos levantaron su voz de protesta para hacer sentir sus reclamos ante lo que, para bien o para mal, consideran las consecuencias del olvido secular de los gobiernos que se han sucedido a lo largo de nuestra vasta y agitada historia republicana.
 
La razón, mejor dicho el catalizador o por qué no, como dicen algunos, el detonante, dos sendos decretos legislativos, el 1015 y el 1073, emitidos por el Ejecutivo, al que el primer poder del Estado, la encarnación del soberano, el Legislativo, había delegado funciones a fin de que se emita un conjunto de leyes que coadyuve a la implementación del TLC firmado con los EEUU a finales de 2007. El que debe entrar en vigencia el 1 de enero de 2009.
 
Dijeron ¡no! los nativos organizados hoy en comunidades. Y, ejerciendo de tal manera presión sobre el Perú oficial que atónito los observó, obligaron al mismísimo Congreso de la República a enmendar la plana al Ejecutivo, derogando así estos dos dispositivos legales que revolucionan, según ellos, los mecanismos de toma decisiones a nivel colectivo en el seno de la comunidad. ¡No! al 50 por ciento más uno: seguirá siendo necesario el 66% de los votos, si de alquilar o vender sus tierras se trata.  
 
El estupor cunde hoy en nuestro país. En unos, se argumenta, debido a que ven que, al fin, peruanos desde la base misma de nuestra pirámide social le enmiendan la plana a la clase política en su conjunto, haciendo sentir su diferencia y su aspiración de ser aceptados como tales en la gran familia peruana. En otros, pues ven en los primeros la reacción que frena todo tipo de progreso, dado que estos grupos humanos constituyen lo que no hay que ver, si de lo que trata es de avanzar por la senda del desarrollo.
 
Una línea aunque imaginaria, pero no por eso menos real, separa hoy a dos campos que con el tiempo pueden, de no tomarse las medidas que el caso obliga, tornarse irreconciliables. Ya que lo que hoy está sobre el tapete es saber si para hacer de nuestra sociedad una digna de llamarse moderna habrá que aceptar la diferencia que subyace en el seno de la misma o, en caso contrario, borrar cualquier vestigio de un pasado que algunos, como los otros sostienen, quisieran dejar atrás, homogeneizándola.  
 
El debate que creíamos propio del siglo XIX que cruzó toda la América morena y, en particular, el Perú, que entonces se planteó entre los defensores de la tradición y los adalides de aquella modernidad, renace hoy de sus cenizas. Atizado, a pesar de muchos, seguro estoy, por las políticas que buscan integrar en nuestros días a nuestra sociedad y economía en el mundo globalizado, regido por los fríos mecanismos del mercado, que demandan convergencia en los modelos nacionales.
 
Cuál será la forma en que se salde este debate, es algo que aun no se puede vislumbrar. Quizá con el pasar del tiempo, se defina el perfil, tal como algunos, que no son pocos, desean y anuncian, del modelo que integre, incluya y cohesione al todo nacional, cumpliendo de esa manera con la promesa con la que vino al mundo nuestra república allá a inicios del siglo XIX, a fin de desarrollar a nuestra patria integrando a la sociedad en su conjunto. Y construyendo así una verdadera nación.
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