Miércoles 16 de abril 2014   |   Contáctenos
REVISTA

DISTRITO BENDECIDO POR HUACAS

Lurigancho
Tal como habíamos adelantado en nuestra edición anterior, San Juan de Lurigancho guarda entre sus confines muchos de los secretos de nuestra Lima de antaño, no solo porque Mangomarca se asentó en ella, sino también porque lugares como la Fortaleza de Campoy, Canto Chico y El Sauce enriquecen el pasado de este distrito y buscan insertarse en el circuito turístico de la capital.
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DISTRITO BENDECIDO POR HUACAS

Sorprendidos por la belleza arquitectónica de un lugar como Mangomarca (Gener@cción, Edición 76), decidimos ir en la búsqueda de los enigmáticos secretos de las otras tres huacas que hacen de San Juan de Lurigancho, un distrito privilegiado al cobijar entre sus límites muchos años de nuestra historia que hoy, miles de años después, se preparan para ser rescatadas del olvido.

 

De la mano siempre del director del Instituto Ruricancho, el arqueólogo Julio Abanto, quien se ha convertido en una pieza fundamental en el rescate de nuestra historia en esta parte de Lima, convertimos a la Fortaleza de Campoy o simplemente 'Campoy' en el punto de partida de nuestro recorrido.

 

Tal y como su propio nombre lo indica, este complejo arquitectónico se sitúa en la zona urbana de Campoy, en las faldas del cerro El Chivo, a espaldas del Complejo Habitacional del mismo nombre, muy cerca al paradero 'Panorama'; aunque para llegar a ella, el único acceso es la antañamente llamada avenida Circunvalación, la que años atrás seguía el curso del antiguo canal de riego.

 

Ubicada a 246 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.), en un área de 21,700 metros cuadrados, todo indica que esta Fortaleza fue una unidad residencial con características similares a Puruchuco (Gener@cción, Edición 72), donde destacan ciertas construcciones elaboradas sobre la base de los clásicos tapiales. Aquella clásica mezcla de barro y piedras que sirvió para alzar amplias paredes de hasta seis metros de alto y una serie de terrazas a distintos niveles.

 

"Se trata de una unidad residencial con características similares a Puruchuco. Todo el conjunto se encuentra sobre una terraza artificial, producto del crecimiento del edificio desde sus primeras fases constructivas, que le dan una perspectiva de gran altura e imponencia, motivo por el que al monumento también se le conoce como Fortaleza de Campoy", nos cuenta Julio Abanto.

 

Según comenta el arqueólogo, el lugar presenta un solo acceso que comunica con espacios abiertos que se sitúan al interior de una forma aterrazada. Y también nos dice que hay otro sector que exhibe una serie de recintos a modo de habitaciones y que algunas de estas contienen depósitos subterráneos.

 

"A unos 200 metros en dirección suroeste al edificio se conserva un grupo de pequeños recintos, que se conectaba con el primero gracias a un camino protegido por altos muros. El camino formaba parte de la red vial que unía el valle de Lurigancho con Huachipa y Amancaes, en el Rímac", añade.

 

Así, de acuerdo a los primeros hallazgos, Campoy fue un centro administrativo que estuvo estrechamente relacionado con Mangomarca. Y que dentro de sus altos muros vivía la elite que controlaba esta zona, cumpliendo, durante el periodo Intermedio Tardío (1,000 a 1,470 d. C), con la función de ejercer  el control en esta parte del valle.

 

Al igual de lo sucedido con recintos como Mateo Salado (Gener@cción, Edición 70) o Huantille (Gener@cción, Edición 75), y a pesar de encontrarse delimitada naturalmente por cerros y las propiedades levantadas frente a ella, la Fortaleza de Campoy fue invadida en su lado suroeste, hace 10 años, por unas 120 familias, que actualmente forman parte del asentamiento humano Samuel Matzuda. El lugar se encuentra en litigio pues cuenta con reconocimiento oficial por parte del Estado. El perjuicio perpetrado ahí es enorme.

 

LOS ENCANTOS DE CANTO CHICO

 

Dejamos atrás a Campoy y emprendimos camino hacia Canto Chico, recinto que también se convirtió en una importante zona de viviendas durante el Periodo Intermedio Tardío. Así pues, su construcción se remonta aproximadamente a 1,300 años después de Cristo.

 

Sus estructuras son rectangulares y también se edificaron gracias a una mezcla de barro con piedras pequeñas. Vale decir, nuevamente los tapiales se hicieron presentes para perennizar el estilo de vida de esas épocas, pero en un área mucho menor a sus coetáneas. En tan solo unos 1,000 metros cuadrados, que es lo que actualmente se resiste a la inclemencia del tiempo.

 

Este lugar fue considerado como una población importante que mandó construir el poderoso señorío Ichma (Pachacamac) y a pesar del tiempo, las invasiones, los montones de basura y algunos mal intencionados que utilizan sus viejos recintos para sumirse en un profundo éxtasis ultraterrenal, guarda testimonios de la presencia Inca y de las actividades económicas, artesanales, productivas y de culto que llevaron a cabo quienes ahí habitaron.

 

EL SAUCE Y SUS SECRETOS

 

Canto Chico junto a El Sauce fueron los centros poblados más tardíos en construirse. Excavaciones recientes han demostrado que la cerámica asociada a sus palacios deben corresponder a la Época Inca, dando evidencia del control que el Tahuantinsuyo ejerció en el territorio entonces conquistado.

 

Este lugar también se caracteriza por ser un conjunto de estructuras de pirca seca, de planta semicircular. Ubicado en la margen derecha, colindante al borde de la Quebrada El Sauce, su estructura es de tapia y adobe. Entre la cerámica ahí encontrada destacan las vasijas domésticas del estilo 'huancho', de las que se desconoce su época de construcción, aunque algunas investigaciones le designan el Horizonte Temprano.

 

Otro dato histórico del lugar es la existencia de un cementerio, con tumbas tipo fosas –colectivas, al parecer– de aproximadamente 70 centímetros de diámetro, revestidas interiormente con piedras. Sobre la base de esas características se desprende que el poderoso señorío Ichma dispuso construir este importante asentamiento conocido como El Sauce.

 

Así las cosas, Campoy, Canto Chico y El Sauce, al igual que Mangomarca, esperan pasar del olvido a la luz para sumarse a los atractivos que un distrito pujante como San Juan de Lurigancho pretende rescatar con la intención de adicionar nuevas propuestas al menú de opciones que se pueden visitar en nuestra capital, Lima.

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