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ESCANDALO EN LA IGLESIA

Padre Alberto Cutié
El miércoles 05 de mayo aparecieron en la revista TV Notas, de Estados Unidos, unas fotografías donde se veía al famoso sacerdote portorriqueño Alberto Cutié acompañado de una mujer en situaciones comprometedoras. Las imágenes han puesto en entredicho, una vez más, al celibato dentro de la Iglesia Católica.
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ESCANDALO EN LA IGLESIA

El sacerdote, quien el 29 de abril cumplió 40 años y es además locutor de radio y presentador de televisión, fue destituido inmediatamente del cargo de párroco de la Iglesia San Francisco de Sales, en Miami Beach, y separado de la dirección general de la emisora católica Radio Paz, como consecuencia de la aparición de dichas fotografías.

 

Ese mismo día, la arquidiócesis de Miami, a la que pertenece Cutié, emitió un comunicado firmado por el arzobispo John C. Favarola, en el que decía estar apenado por la noticia y ofrecía disculpas a los feligreses de la parroquia y a los oyentes del sacerdote.

 

Horas después de divulgarse las fotos, Cutié difundió a su vez un comunicado de prensa en el que tomaba plena responsabilidad por sus acciones y aceptaba haber actuado mal, a la vez que pedía perdón a Dios y a aquellas personas que se hubieran sentido ofendidas. "Me consuela la misericordia de Dios", añadía, "porque sé que Dios tiene brazos muy amplios y sé que nos ama a todos con su amor incondicional".

 

En otro párrafo de la carta aseguraba que durante mucho tiempo estuvo convencido de que, con una buena dosis de oración, ejercicio y una vida equilibrada, toda tentación se podía vencer. "Pero en mi caso particular no fue así", afirmaba. "Mi confesor me ayudó mucho y la gracia de los sacramentos me ayudó a ser fiel y entregado al sacerdocio durante gran parte de mi ministerio".

 

 

En su confesión aludía de soslayo a otros sacerdotes. "He conocido a todo tipo de personas, incluso hermanos sacerdotes, que también luchan con diversos temas de la sexualidad humana y el celibato que nos exige la Iglesia. Este ha sido el año más difícil de mi vida, viendo tantas situaciones desagradables que han vivido sacerdotes hermanos míos dentro y fuera de Miami."

 

Es bastante probable que Cutié, al hablar de los "diversos temas de la sexualidad humana", no solo se refiriera a casos de sacerdotes que se relacionan con mujeres, sino también (y esto sin duda es todavía más embarazoso para una institución tan llena de dogmas y poco propensa a la apertura de ideas como la Iglesia Católica) a episodios de homosexualidad y aun cuestiones peores, como la pedofilia.

 

No olvidemos que los casos de pederastia al interior de la Iglesia Católica se cuentan por miles alrededor del mundo, al punto que, en abril del 2008, el propio Papa Benedicto XVI, en una visita que realizó a Estados Unidos, pidió perdón a las víctimas que sufrieron abuso sexual por sacerdotes norteamericanos cuando aún eran niños.

 

Sin embargo, ése no fue el párrafo más polémico de la carta. Líneas abajo, Cutié decía: "Quizás el conocer tantas cosas de la institución y en tantos lugares, me ha hecho más sensible a todo este dolor y la necesidad que tiene la Iglesia de reformarse. Dice la Sagrada Escritura: No es bueno que el hombre esté solo. Y eso yo lo he vivido en carne propia. Lo he visto en muchos hermanos y en mí mismo."

Finaliza la misiva con una invocación: "Los animo a que amen a la Iglesia, amen la misión de la evangelización y no dejen que nada ni nadie los desanime. Pidan por mí siempre."

 

¿Cuál fue la reacción de los feligreses de su parroquia y de los oyentes de su programa de radio? ¿De rechazo? ¿De repudio y condena, como quizás le habría gustado al arzobispo Favarola? No. Por el contrario. Un centenar de los seguidores de Cutié, al día siguiente de conocerse la decisión de la arquidiócesis de separar al cura de sus funciones, se apostó frente a la parroquia San Francisco de Sales portando pancartas y coreando lemas de apoyo al sacerdote, mientras exigía a la Iglesia eliminar el celibato.

 

EL FRUTO DE PECADO

 

A todo esto, ¿quién es la mujer que aparece en las fotos? Es guatemalteca, reside en Miami, responde al nombre de Rihama Bunni Canellis, tiene 35 años y un hijo de catorce. Y está bastante guapa. En un breve comunicado hecho público a los dos días de la aparición de las fotos, Rihama solicitó a los medios de comunicación que respetaran su privacidad y la de su hijo, a la vez que solicitaba orar por ellos.

 

 

Cabe precisar que no era la primera vez que Cutié se declaraba sino en contra del celibato, por lo menos a favor de tornarlo opcional. "A la Iglesia le preocupa mucho el sexo", declaró en una entrevista semanas atrás, "pero yo no creo que a Dios le importe tanto. La solución es que la Iglesia se adapte. Podemos tener sacerdotes casados y otros que elijan el celibato. Más allá de comprender la debilidad humana, debemos abrir el camino para que los que quieran ser sacerdotes y padres a la vez lo puedan ser." Más claro, ni el agua.

 

Dos días después de que se difundieran las fotos, Cutié dio una entrevista a la cadena de televisión hispana Univisión, donde habló todavía más frontalmente. "Nunca voy a pedir perdón por amar a una mujer", dijo. "Estoy enamorado de ella y ella de mí. Nunca dejé de ser hombre cuando me hice cura, y Dios me hizo cura. No me arrepiento de haberme enamorado".

 

En la entrevista, el religioso afirmó conocer a Rihama desde hacía diez años y que fueron amigos durante mucho tiempo antes de enamorarse. Agregó además que lo que le atrajo de ella fue precisamente su fe, pues "es una mujer de une fe tremenda, de una vida de oración y espiritualidad. Creo que tiene la misma pasión que yo por el Evangelio, por Jesús, por el mensaje de Cristo."

 

Es decir, a Alberto Cutié se le puede acusar de cualquier cosa, menos de no hablar abiertamente y de no tener las ideas claras, aunque para algunos éstas sean discutibles. El razonamiento de Cutié es sólido y lo expresa con desenvoltura y sin ambages ni titubeos, mirando a los ojos.

 

¿Es sincero? Parece que sí. ¿Es Cutié un cura depravado, que anduvo todos estos años relacionándose con una gran cantidad de mujeres, pagándoles para que no salieran a la luz y procreando hijos que no reconocía? No. ¿Es Cutié un cura hipócrita que predicaba unas ideas y creencias en público y las contradecía con su accionar privado? No. Como se ha dicho párrafos arriba, no es la primera vez que Cutié defendía el celibato como un ingrediente opcional del sacerdocio.

 

Cutié es un hombre íntegro y honorable, más allá de debilidades humanas de las que nadie está libre. ¿Quién podría arrojar la primera piedra respecto de un tema tan espinoso y lleno de matices como el sexual?

 

MAS VALE UNA IMAGEN

 

Pero, ¿en qué consisten las fotos del escándalo? La revista TV Notas publicó ocho páginas con 25 tomas captadas en tres días distintos donde se ve a Cutié y a su acompañante en diferentes lugares. En la terraza de un bar, frente a otros clientes, comiendo y bebiendo. En la calle, de madrugada, cargándola a "caballito" delante de otras personas. En una playa pública de Miami, compartiendo la toalla, besándose, acariciándose, tocándose un poco.

 

Es decir, Cutié y su acompañante no fueron sorprendidos haciendo nada que una pareja común dejaría de hacer. ¿Las fotos tenían una clara connotación sexual? No. ¿Ofendían a la vista? No. ¿Se podía decir que eran imágenes pornográficas? No. Las fotografías exponían más bien una cierta complicidad romántica y juguetona entre el sacerdote y su amiga. Mostraban lo que luego se encargaría de confirmar Cutié: Que existe amor entre la pareja.

 

Quizás lo que llevó a Favarola a rasgarse la sotana fue el par de fotografías en donde se aprecia a Cutié introduciendo traviesamente una mano en la parte baja del bikini de su pareja. Nada del otro mundo, la verdad. Se trató solo de un gesto cariñoso y remolón entre dos personas que se quieren y se gustan.

 

Juan Luis Cipriani, por su parte, tampoco ha perdido la oportunidad de condenar al clérigo portorriqueño, aduciendo que Cutié había elegido libremente el camino del sacerdocio luego de siete años de estudios y reflexión en el seminario, y que por lo tanto había tenido tiempo suficiente para pensárselo mejor.

 

El arzobispo no deja de tener cierta razón en esta oportunidad. Sin embargo, habría que preguntarle si está al tanto de absolutamente todo lo que sucede al interior de los seminarios católicos alrededor del mundo (también en el Perú), donde cientos de jóvenes en la plenitud de sus facultades físicas conviven diariamente.

 

En este punto, se podría llegar a una conclusión. Si Cutié caía en un pecado capital (la lujuria), Favarola y Cipriani caía en otro, aún más insidioso y rastrero: La envidia.

 

UN POCO DE HISTORIA

 

El caso de Cutié no es el primero de esta especie que protagoniza un sacerdote católico. El más reciente y sonado es el de Fernando Lugo, presidente de Paraguay y ex obispo de ese país, quien ha aceptado ser padre de al menos un niño, aunque no dejan de aparecer mujeres que aseguran haber alumbrado hijos del mandatario. Lamentablemente, otros episodios parecidos han incluido en muchas oportunidades a varones menores de edad.

 

En Estados Unidos, en la década del sesenta era sobradamente conocido que sacerdotes católicos abusaban sexualmente de niños que estaban a su cargo en colegios y parroquias. No obstante, nadie podía probarlo. Hasta que, a fines de los noventa, tras una investigación minuciosa, el Boston Globe logró demostrar 87 casos de esa naturaleza cometidos por curas de la arquidiócesis de Boston. Luego de largos juicios, decenas de ellos fueron expulsados de la Iglesia y ésta se vio obligada a pagar millonarias indemnizaciones a las víctimas, que en muchos casos tenían a esa fecha más de treinta años y habían vivido décadas rumiando la vergüenza y la humillación.

 

En Dallas, en 1997, la Iglesia debió pagar nada menos que 119 millones de dólares a diez hombres que acusaron a un sacerdote de hostigamiento sexual cuando eran monaguillos. En el 2000, Rhode Island, Texas, California y New Hampshire dieron a conocer casos de por lo menos veinte sacerdotes católicos hallados culpables por delitos sexuales.

 

Sin embargo, a pesar de que más de 5000 mil casos se probaron y la Iglesia debió pagar 2000 millones de dólares en indemnizaciones, solo un sacerdote fue encarcelado en Estados Unidos. Se llamó John Geoghan y abusó sexualmente de unos 130 niños a lo largo de 30 años en varias ciudades de Massachusetts, desde que fuera ordenado en 1962. Fue condenado a 10 años de cárcel en el 2002, por tocar en las nalgas a un niño en una piscina. Murió estrangulado por otro recluso en el 2004, a los 68 años, dos años después de su encarcelamiento.

 

Lo más grave del asunto es que se demostró que la Iglesia Católica, a través de las arquidiócesis a que pertenecían estos curas, ocultó los hechos por décadas con el fin de no implicarse en escándalos graves, sin importarle el dolor y el sufrimiento de las víctimas además del sentimiento de culpa de los abusadores. El evangelio de Mateo dice: "Quien se atreva a molestar a los más pequeños, que se ponga una piedra al cuello y se arroje al fondo del mar." A la Iglesia solo le importó mantenerse alejada del escándalo el mayor tiempo posible.

 

No solo eso. También protegió a los religiosos. En lugar de ponerlos a disposición de la justicia para que fueran juzgados como pederastas o de proveerles ayuda psiquiátrica, la Iglesia los cambió de parroquia o de diócesis, en muchos casos manteniéndolos en contacto con niños en escuelas e iglesias.

 

Los casos de abusos de sacerdotes católicos a menores de edad se extienden por todo el mundo, en países como Irlanda, España, Inglaterra, Canadá y también en Latinoamérica. Frente a eso, cabe preguntarse si la noticia de que uno de ellos ame a una mujer adulta y mantenga una relación sentimental con ella es realmente un hecho grave, o si quizás la Iglesia debería revisar los rígidos códigos que la gobiernan.

 

¿ES POSIBLE EL CELIBATO?

 

El Código de Derecho Canónico, base del derecho eclesiástico, dice lo siguiente acerca del celibato, en el Libro II, Parte I, Título III, Capítulo III, De las Obligaciones y Derechos de los Clérigos: "Los clérigos están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los Cielos y, por tanto, quedan sujetos a guardar el celibato, que es un don peculiar de Dios, mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres."

 

Es preciso aclarar que el celibato es un derecho eclesiástico, a diferencia del bautismo y de la eucaristía, por ejemplo, que son derechos divinos. Cabe puntualizar, también, que el mandato del celibato no figura en la Biblia. Comenzó a aplicarse hacia el siglo IV DC. En tiempos de Jesús, todos los apóstoles, excepto Juan, mantenían relación con una mujer y tenían hijos. ¿Jesucristo mismo mantuvo relación con una o más mujeres y tuvo hijos? No queda descartado.

 

En varios pasajes del Nuevo Testamento (primera carta de San Pablo a los Corintios 7, 25-40; carta de San Pablo a Timoteo 1,6; y Mateo 19, 10-12), pueden localizarse frases que aluden a la renuncia a la relación con una mujer para servir mejor a la religión sin las distracciones de la vida marital.

 

Sin embargo, ¿puede un hombre realmente, aunque sea sacerdote y lo desee con todas sus fuerzas, cumplir con el celibato? La falta de relación con una mujer se compensa con un desarrollo mayúsculo de la espiritualidad, dicen los defensores del celibato. Las tribulaciones y tentaciones se superan con la gracia de Dios, por medio de oraciones y con gran fe y determinación.

 

Según Freud, el impulso sexual que se reprime puede ser sublimado o transformado sin que explote. ¿De qué manera? Al servicio de Dios, afirman algunos. Otros, poniendo como ejemplo al sacerdote Cutié, dicen que puede ser sublimado solo por un tiempo, pero no a perpetuidad, como manda el Derecho Canónico.

 

De la anterior pregunta se derivan otras. ¿Es en verdad necesario que los sacerdotes católicos se mantengan célibes una vez iniciada su vida clerical? ¿Quizás no servirían mejor a sus comunidades y a sus feligreses si tuvieran las urgencias sexuales y las necesidades amorosas resueltas de una manera sana y natural, sin sentimientos de culpa y restricciones absurdas? El padre Cutié ha dicho algo importante. Un cura no deja de ser un hombre. Y un hombre que goza plenamente de sus capacidades físicas y psicológicas, posee también deseos naturales.

 

Otra pregunta que cabría hacerse es, más allá de códigos y normas, ¿por qué un hombre que posee una intensa y sincera vocación religiosa, y que de seguro está llamado a ser un buen sacerdote que cumplirá las leyes humanas y divinas y que guiará a sus feligreses por el camino del bien, no puede tener a la vez esposa e hijos?

 

Quizás sea hora de que la Iglesia empiece a pensar seriamente en declarar el celibato como una opción que ofrece a sus clérigos y no como un mandato que les impone. Es por lo menos llamativo el hecho de que la Iglesia se muestre tan estricta en relación a los votos de castidad que hacen sus clérigos pero no a los de obediencia y pobreza. Ningún sacerdote vive pobremente. Quizás algunos de ellos lo hagan de manera modesta. Pero otros viven con una serie de comodidades y lujos. Y la Iglesia no se pronuncia al respecto. ¿No actúa de manera hipócrita en este respecto?

 

Sin duda, la Iglesia Católica, una de las instituciones más fuertes en el mundo pero que se ha ido debilitando con el trascurso de los años y que ha ido perdiendo terreno respecto de otras religiones, debería reformarse y adecuarse a los nuevos tiempos. Lo más probable es que lo haga, en unas décadas. Otros credos, por ejemplo, no exigen a sus sacerdotes permanecer célibes. Otro punto que quizás debería revisar también es el hecho de no permitir a las mujeres oficiar misa. No hay sacerdotisas, solo monjas. En tiempos en que las mujeres alrededor del mundo son presidentas de países, primeras ministras y ocupan cargos de igual importancia que los varones, es por lo menos curioso que la Iglesia las relegue a un papel puramente decorativo.

 

¿FINAL FELIZ?

 

¿Cómo terminará la historia de amor entre el padre Alberto y su amada Rihama? Él ha dicho que la ama y que quiere casarse y tener hijos. Ella no ha querido decir nada, pero en las caricias y los besos que le prodigaba a su amado se podía percibir que también había amor. Él no quiere dejar el sacerdocio, dice tener pasión por el Evangelio y el mensaje de Cristo. Ella es una mujer de fe cuyo único pecado sería haberse enamorado del hombre incorrecto. Dicen que nada puede detener al amor.

 

Dicen que cuando un hombre y una mujer se aman, se aman aunque se abra el cielo. Que así sea.
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