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Jueves 29 de octubre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

EL DIÁLOGO ES EL CAMINO

Lamentables hechos en Bagua
El Perú definitivamente requiere con urgencia consolidar los canales de comunicación entre los diversos estamentos del gobierno y de la población en general. El actual escenario, con mucho lamento, nos hace recordar la historia bíblica de la Torre de Babel. ¡Es que carecemos de una estructura dialogante!
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EL DIÁLOGO ES EL CAMINO

Las autoridades y los ciudadanos estamos en veredas y frecuencias diferentes. Hablamos idiomas diferentes, no sintonizamos, no compartimos la misma visión de futuro, como tampoco los mismos objetivos. Para nadie es un secreto que muchos peruanos no se sienten parte del todo, no se sienten parte del Estado, se sienten excluidos. Y, por lo tanto, tampoco representados. Sienten que pocos son los llamados a disfrutar de la llamada bonanza económica.

 

Así, los peruanos necesitan ser escuchados a fin de dar a conocer sus malestares, sus propuestas y sus proyectos… Hay hambre de hablar, hay sed de ser escuchados, hay clamor por justicia. Existe la necesidad de ser tomados en cuenta. La población quiere participar, pero lamentablemente, he ahí el problema, los canales de comunicación están cerrados.

 

A pesar de que los indicadores macroeconómicos que exhibe el gobierno, a través de los que dan a conocer la disminución de la pobreza y del analfabetismo, entre otros flagelos, en las provincias cercanas y lejanas de Lima se respira un aire de disconformidad. La situación es tensa, hay mucha desesperanza. Al Estado, a través del gobierno, le falta capacidad de liderazgo y moderno protagonismo. La carencia de capacidades en la gestión pública se pone ampliamente en evidencia.

 

Ante esa situación, encontramos que podemos echar mano, felizmente, de un mecanismo valioso e importante: El diálogo. He ahí el primer gran desafío que tenemos ante nosotros, mostrar disposición de sentarnos a conversar en forma alturada, serena, con respeto y tolerancia. Esto a pesar de que haya quienes, gobernados por sus emociones y llevados a patear el tablero, descartan esa mínima posibilidad de tratar los diversos problemas que nos aquejan de manera civilizada.

 

Y también a pesar de que hay factores que obstaculizan el establecimiento de un  canal de comunicación. Llamémoslos por su nombre: La "voluntad de poder", la soberbia, la intolerancia, la falta de voluntad, la negativa de llegar a la verdad, la intimidación, la sed de venganza, la falta de credibilidad, la retención de información, el chantaje, la falta de confianza, la insensibilidad y la retórica que busca malsanamente manipular a la opinión pública.

 

Para vencer estas resistencias debemos tomar conciencia que el camino a seguir a fin de consolidar la gobernabilidad es el diálogo. Los sucesos ocurridos en nuestra amazonía muestran lo que se consigue cuando un gobierno pretende imponer decretos legislativos: Enfrentamiento fratricida entre peruanos. Esto se hubiese podido evitar si las partes hubieran sido capaces de establecer un dialogo, con una clara apertura, sin reservas y con la voluntad de encontrar la verdad y objetivos comunes. ¡Saquemos de nuestra mente que el diálogo es sinónimo de debilidad!

 

Muy por el contrario. Se equivocó el gobierno, con el objetivo de imponer los decretos cuestionados, al implementar una estrategia de cansancio. Se equivocó, no tuvo en cuenta que para los nativos la selva es su casa, su madre... jamás ellos iban a cansarse. En el Acuerdo Nacional, se advirtió al Primer Ministro y a algunos miembros de su gabinete lo que venía sucediendo en la amazonía. Se le hizo conocer el clamor de los ciudadanos de los pueblos de Yurimaguas y Taropoto, que, casi implorando, nos decían que sufrían a causa del desabastecimiento de alimentos y vivían momentos de extrema tensión e incertidumbre.

 

Peor aún, ahora vemos, después de lo ocurrido, que desde sectores ligados al gobierno y a partir del mismo, se manifiesta que es necesario imponer orden y justifican, por ende, el uso de la fuerza, el enfrentamiento entre peruanos. Lo cierto es que tenemos que identificar quién rompió el orden, quién dividió el país, a fin de restablecer sobre bases sanas el necesario dialogo. Esa es la vía.

 

Es el camino que hay que tomar para poder dejar atrás sin rencores las imágenes de los féretros que llevan los restos de los policías muertos absurdamente. Así como también las escenas de adiós, que solo podemos imaginar los medios de comunicación no las muestran, en lo que concierne a los nativos también caídos en el enfrentamiento. Recordando para esto que bajo ninguna pauta "para alcanzar la vida no podemos seguir el camino de la muerte".

 

Que esta coyuntura nos lleve también a reflexionar sobre la vigencia del modelo de desarrollo de nuestra selva que el gobierno ha diseñado y que desea implementar. Trasladar el modelo minero, que a todas luces encierra el "síndrome de Atahualpa", otorga de manera irracional nuestro suelo sin respetar la vida, la biodiversidad, la historia y la propiedad milenaria de sus ocupantes. Querer imponer ese modelo  en nuestra amazonía es un gran y grave error.

 

Valga la oportunidad para alertar al pueblo peruano de lo que podría pasar con el proyecto minero Majaz, pues su impacto involucra a pueblos muy guerreros como Ayabaca, Huancabamba, Jaén y San Ignacio. Este proyecto pone en riesgo a sus actividades primarias como la ganadería y  la agricultura. Exhortamos a los poderes ejecutivo y legislativo a que promuevan el diálogo, que dejen de lado la fuerza, porque esta zona se puede convulsionar...

 

Es hora, con fervor patriótico y responsabilidad cívica, que diseñemos un plan de acción que nos permita despejar los obstáculos que dificultan establecer una estructura  dialogante, el mismo que debe  permitirnos alcanzar la libertad, con justicia y paz social.
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