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Lunes 19 de octubre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

Ética y política

La fórmula de Simon
Después de los dramáticos sucesos de Bagua parecía que todo estaba en contra de Yehude Simon quien anunció su retiro del cargo. Se le imputaba, bajo el impacto de las noticias distorsionadas que llegaban de la zona, lentitud e ineficiencia en las negociaciones anteriores al 5 de junio y después de esa dramática fecha responsabilidad total por la masacre.
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Ética y política

Ninguno de esos extremos está cerca de la verdad que gradualmente va saliendo a luz. La fórmula que Simon aplicó desde el inicio fue la del diálogo de buena fe, con interlocutores que pensó comprometidos con la paz y el desarrollo. El diálogo abortó por intransigencia. Luego vendría la tragedia cuya crudeza impactó al país e instaló una peligrosa fisura entre peruanos. Un drama con el que nadie gana salvo aquellos que calculan beneficios políticos sobre la desgracia nacional. Y el país está conociéndolos.

 

Simon piensa en el Perú y esa actitud la refleja en su actitud convirtiéndola en un activo para convencer. Ese es su primer valor, el segundo es que es un hombre decente. Ha demostrado que a pesar de los errores, de entendimiento y de explicación oficial de los distintos aspectos en pugna o de imprevisión de los alcances de la violencia instalada, hay un valor nacional que defender que es la democracia unida a la paz y en ese lenguaje nos entendemos todos.

 

Cuando ya todos pedían su cabeza, y el gobierno daba muestras de estar bloqueado ante una crisis que tenía mucho de campaña difamatoria internacional y de presiones internas en un mar caótico, el líder chiclayano demostró ser un político de raza y con autenticidad personal y mucho compromiso nacional hizo resurgir la buena voluntad a la manera del ave fénix de las cenizas. Reinstaló el diálogo y lo hizo fluido buscando convencer al costo de la derogatoria de los decretos cuestionados pues como bien dijo la paz y la democracia están primero.

 

Pueden calificarlo de ineficiente pero su voluntad y su afán ético de poner fin al incendio se hizo palpable aunque en muchos momentos se le vio solo, sin segunda fila, tratando de convencer sin pensar en el sacrificio de su proyecto político personal. Yehude Simon ha sido capaz de humanizar el rostro de la crisis y detenerla. De poner serenidad donde todos ponían violencia, a contracorriente de los pesares y pesimismos. Un logro que el mismo Presidente reconoció en su discurso al respaldarlo en su esfuerzo personal.

 

Cuando viajó a negociar con los Apus puso a prueba su capacidad de convencer, solitariamente, sin el apoyo manifiesto de su gabinete cuyos ministros miraban desde el balcón. Sin arrogancia y sin creerse dueño de la verdad se encontró con que no hubo capitulación y si un cambio de actitud de los interlocutores selváticos.

 

Como bien ha precisado Jorge del Castillo, el Perú busca el desarrollo económico y social con base en un modelo de Inversión, trabajo y redistribución. Por ello es tan importante no arriesgar la estabilidad social y política con crisis que destruyen la gobernabilidad colocando al país al borde de un putsch de masas como lamentablemente ha sucedido en países hermanos como Ecuador y Bolivia.

 

Que la tragedia de Bagua  sirva para humanizar el país, para defender la democracia y la paz social, ambos valores perdidos durante dos décadas que no pueden ser olvidados en lo que significaron de sangre, dolor, violencia y atraso. Y en ello los medios de comunicación tienen inmensa responsabilidad. Podríamos suscribir línea por línea la muy importante carta del director de de El Comercio, Francisco Miró Quesada Rada, que desde su tribuna defiende la democracia, la paz y el desarrollo.

 

Y nos recuerda, a quienes estuvimos en la lucha por defender la democracia, la obligación de contrarrestar la difusión de versiones antojadizas que colocan al Perú ante el mundo como bárbaro y genocida que masacra sus nativos con centenares de muertos, fosas comunes, cuerpos arrojados al río. Las manifestaciones en ciudades europeas llevaban carteles de ?Alto a la Masacre? como si una guerra civil se estuviera dando en nuestro país.

 

En la restitución de la verdad han sido muy importantes la Defensoría del Pueblo cuya titular Beatriz Merino, valiente y oportuna, fue la primera autoridad que desembarcó en la Bagua convulsa después de la tragedia. También la Fiscalía tuvo a sus miembros en el lugar de los hechos. Ambas instituciones han notariado la versión, certificando las pérdidas humanas y descartando el sensacionalismo interesado de algunos sectores políticos.

 

En este proceso los peruanos hemos recordado el aprendizaje a partir del dolor. Por ello es importante el llamado del Presidente García a la reconciliación y la paz entre peruanos, a recomenzar con los objetivos nacionales, el más importante salvar al Perú de la crisis mundial y continuar con las obras sociales.

 

La confrontación mediática ha querido encontrar derrotas y victorias en el desenlace. No hay tal. Estamos ante un momento crítico para el régimen aprista y es valeroso el reconocimiento presidencial de los errores y exageraciones, como no haber consultado el Decreto Legislativo original con los jefes de las comunidades nativas. El Presidente ha dado una instrucción moral a la nación al respaldar al Jefe del Gabinete en la derogatoria de los decretos y en su afán de comenzar un nuevo diálogo para lograr nuevas normas confiables para proteger la Amazonía. Las dos cabezas del Ejecutivo unidas en el temperamento dialogante y conciliador bajo la influencia clara del Premier.

 

Cuando un responsable político hace una declaración, no está opinando como cualquier ciudadano. Se está comprometiendo con una acción. Es muy importante que demos a las palabras el peso que tienen para iniciar un periodo en el que la confrontación y el sensacionalismo deberán ser reemplazados por un dialogo eficiente y sereno que ponga por encima de todo el interés del país.

 

Importa que se reconozca el sufrimiento del pueblo amazónico y también sus derechos sin olvidar que somos una nación soberana y unida. Importa que se declare que los amazónicos no son ciudadanos de segunda, que son hermanos a ser tenidos en cuenta. Importa la consulta a los Apus que deben convencer porque así como el gobierno no puede imponer ellos tampoco tienen derecho de veto a los proyectos nacionales. Importa respetar a todos los peruanos y dialogar con ellos sin soberbia desde el poder. Nunca será respetable quien no respeta a los demás aunque tenga fuerza para imponerse. Esa es la base de la necesaria legitimidad que debe ostentar el poder político.

 

No menospreciar las palabras, porque de ellas nacen tanto la guerra como la paz. En el diálogo honesto debe demostrarse la voluntad política democrática, la comprensión intercultural, el respeto a los liderazgos propios y a los compromisos internacionales sobre derechos humanos y atención a las prioridades constitucionales. Ese es el camino que García y Simon han trazado para superar el trágico junio y avanzar en democracia, paz y desarrollo. Que así sea. Todo lo anterior dicho sin perjuicio de lo que pueda lograr la oposición en el objetivo de cambiar el gabinete a como de lugar.
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