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Lunes 19 de octubre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

EL GIRO A LA IZQUIERDA Y LA LEGITIMIDAD DEL CENTRO

En América Latina
Quiero pedir permiso a los lectores de esta columna para agradecer la generosidad de los conceptos y el alto nivel académico con que acogieron la propuesta de este trabajo personal. Al presidente Alan García, por su generoso prólogo que pone énfasis en la necesidad reflexiva y el temperamento aglutinador del progresismo en el continente.
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EL GIRO A LA IZQUIERDA Y LA LEGITIMIDAD DEL CENTRO

El concepto agrupa doctrinas filosóficas, éticas y económicas relacionadas tradicionalmente con la izquierda y contrapuestas al conservadurismo en el objetivo de mejorar la condición de los menos favorecidos. El progresismo tiene como proyecto la cohesión social y la justicia social, y es suficientemente amplio para aglutinar posiciones en defensa de las libertades individuales.

 

Izquierda y progresismo se asocian, más allá de la ideología, por el afán de la igualdad de derechos aunque sectores radicales lo vean como simple cobertura del pensamiento capitalista que busca presentar pequeños avances como si fueran grandes conquistas sociales.

 

Muchos izquierdistas prefieren llamarse progresistas pues la noción de progreso es más antigua que la de izquierda y no deja dudas del objetivo, sin entrar a debatir sobre la vía o el camino. Lo destacable es que el progresismo contribuye a construir el centro, el punto medio entre derecha e izquierda tomando lo mejor de ambas para afirmarlas en una síntesis.

 

Muy interesante el rescate del centrismo que hizo el prestigiado analista Juan de la Puente, un centrismo activo y dialogante, que no signifique inercia o impasividad ante los graves problemas sociales. Que en la práctica se asimila al reformismo en la medida que ambos valoran las posiciones consensuadas y mantienen objetivos que significan un cambio moderado y gradual.

 

CENTRISMO PRÁCTICO

 

De la Puente habló del centrismo práctico que propone y defiende Barack Obama con gestos inéditos en la economía y la profundización de la democracia, que une reformas sociales con manejo económico liberal, que defiende el mercado y la democracia representativa con distintos matices de regulación.

 

Vale el comentario respecto de la crisis del 2008 que está determinando la urgencia de una revolución moral, de un nuevo código para el capitalismo, que elimine o disminuya el riesgo de la ambición y la codicia en el manejo financiero. Obama en su juramentación aludió a la necesidad de desterrar prácticas lesivas. Son los progresistas los que deben asumir la bandera de un capitalismo menos individualista y más ético que permitirá unir justicia social con eficiencia económica.

 

Beatriz Merino, exhibió brillante su faceta académica, analizó acuciosamente el libro cuyo punto de partida es el contexto internacional de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI que se caracteriza por el rechazo a los extremismos ideológicos y políticos. Los gobiernos considerados de izquierda en Europa colocaron la política sobre la economía, buscaron regular el capital e impulsar el crecimiento y el empleo.

 

En América Latina, señaló Merino Lucero, las izquierdas dejaron el camino de la revolución armada para ir hacia el equilibrio Estado-Mercado con regímenes social demócratas cuya gobernabilidad se construye a partir de la concertación. El caso chileno es el paradigma. Este reformismo significará el encuentro de dos utopías, la del Liberalismo social y la de la social democracia.

 

"Se afirma que el continente gira a la izquierda pero no es para nada la izquierda del siglo pasado. Es una izquierda obligada al equilibrio económico, que reclama un Estado fuerte, regulador, promotor y redistribuidor. Un Estado que más que un rol subsidiario cumple un rol complementario a la actividad privada".

 

Al revisar los llamados populismos liderados por Hugo Chávez y los gobiernos inspirados en la social democracia, Merino pasó revista a la forma cómo concilian democracia y desarrollo, cómo enfrentan el desgaste de los políticos, la debilidad de las instituciones y logran la subordinación de los militares al poder civil.

 

Cómo dan una respuesta progresista a la globalización. Cómo hasta los gobiernos presuntamente radicales deben manejar responsablemente la economía por la presión de la globalización ubicándose en posiciones de centro que combinan manejo responsable y atención a lo social dentro de la disciplina fiscal.

 

En este sentido el modelo peruano se caracteriza por la continuidad económica con una ubicación del centro a la izquierda con el apoyo del empresariado y la influencia ideológica del Aprismo.

 

SOLUCIONES

 

Combatir las desigualdades sociales es consigna autodefensiva. El desempleo creciente, la exclusión de amplios sectores sociales son antinómicos de la estabilidad y de la gobernabilidad. Un mínimo de bienestar social es prerrequisito para competir en el mundo globalizado.

 

Merino desde su práctica diaria como Defensora del Pueblo ilustró su personal preocupación por la conflictividad social. Consideró que forman parte del problema quienes desatienden los conflictos como aquellos que los alientan. Y es que la pobreza es una amenaza a la democracia que exige una estrategia preventiva e inteligente de resolución de conflictos para garantizar la estabilidad.

 

Las mesas de concertación, los diálogos y acuerdos nacionales son los mecanismos recomendables para atender las turbulencias que derivan en inestabilidad e ingobernabilidad y echan por la borda los esfuerzos nacionales por el crecimiento y el desarrollo. El marco común es el desencuentro de la sociedad con el Estado a partir de la crisis de representación política y de la debilidad de nuestras instituciones.

 

Merino concluyó que los Estados nacionales son responsables del bienestar colectivo y de la regulación de los mercados a condición de compatibilizar intervencionismo con iniciativa privada y de combinar valores del capitalismo y del socialismo con el propósito de superar ambos y ubicarnos en el centro político.

 

Vicente Ugarte del Pino iluminó la mañana con su visión experimentada y su equilibrio. Mi maestro y guía docente de innumerables generaciones formuló un sentido y conmovedor homenaje a Napoleón Tello, mi difunto padre y su gran amigo. Mil gracias por ello.

 

¿Qué hacer en América Latina? Nuestra respuesta va en el sentido del mayor esfuerzo de democratización política y social que lleve a la inclusión. Y de la necesidad de reformulación del modelo económico buscando el más adecuado para cada país, que respete la modernidad y la inserción autónoma en la globalización. Para todos los amigos que me acompañaron el martes un agradecido abrazo.
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