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Jueves 22 de octubre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

Exposición "reHacer el amor"

Urbana incursión en la habitación limeña
Un cuarto de hotel sugiere siempre una aventura, un escape a la rutina, al hastío. Supone subterfugios emotivos o discretas situaciones, encierra algo. Sugiere, supone, propone, genera un espacio lúdico, perverso, feliz, propio o ajeno. El Centro Cultural de España con la muestra fotográfica "reHacer el amor", invita a la curiosidad abriendo las puertas de aquellas habitaciones prohibidas y clandestinas.
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Exposición 'reHacer el amor'

LA MUESTRA

 

Iniciativa estructurada bajo tres percepciones, Renzo Giraldo, Roberto Huarcaya y Gihan Tubbeh son los fotógrafos encargados de la incursión en más de 60 hostales y hoteles de Lima. ¿Qué buscan?, ¿qué quieren demostrar?, es cierto, Lima se ha convertido en una ciudad para el amor y el contacto corporal.

 

Un diseño atrevido, una locación recurrente en el imaginario social. Paredes rojo fuego convierten a la galería del Centro Cultural de España en un hotel, un lugar cautivo de apasionadas imágenes vacías, en ellas no se observan parejas, no existen los protagonistas. También es una evocación a la imaginación... o al recuerdo.

 

El piso trazado con líneas blancas te sugieren el escenario, de pronto todo se transforma en el plano de un hotel, un hostal, dibujos de planta con puertas marcadas y una cama irreal te dan la bienvenida. Nada es y todo es. La gente transita en este ilusorio hotel esperando ver, esperando encontrar una imagen que lo seduzca, lo provoque más.

 

La sutileza en muchos casos es el aliciente para la imaginación, registros fotográficos que demuestran la versatilidad del limeño, la creatividad de las parejas y la necesidad desesperada de encontrar un interminable espacio para la pasión. Al final es sólo afecto. Luces de Neón, sábanas de seda, rojas, blancas, verdes, camas de metal, madera, redondas; no interesa la forma, siempre quedará el fondo.

 

El actor principal es el lugar, el sitio. Barranco, San Juan de Lurigancho, Miraflores, Surco, San Miguel, Breña, la investigación del curador , el arquitecto Víctor Mejía, fue extenuante, más de 400 hospedajes recorridos para encontrar la esencia de la exposición. Nada es por azar, como en el juego del amor.

 

Un peregrinaje intenso que cautivó a los fotógrafos que internaron en el alma del amante para encontrar aquellos encuadres capaces de concentrar las diferentes miradas sobre un tema polémico y silencioso.

 

La versatilidad del pensamiento, y la movilidad de los prejuicios van dejando atrás los acaloramientos frente a temas de índole sexual. Sin mal gusto y prepotencia explicita, ésta muestra pretende rescatar la complicidad lúdica. La posibilidad de penetrar en un juego diferente, de reinvento constante. Un periplo que despierte la experiencia del goce, de la pareja. La unión envuelta en risas y libertad.

 

Simples habitaciones destinadas a refrescar un compromiso, una emoción. Lugares exclusivos para perseguir el eterno objetivo de la felicidad, del éxtasis. Una ciudad como Lima, tradicional y de hermosa arquitectura, mantiene en sus entrañas estas habitaciones, una realidad urbana que destapa la tendencia inagotable del hombre por encontrar alguna forma de apego, de adhesión.

 

EL NOMBRE

 

Interesante admitir que la pareja debe hallarse, y para lograrlo debe aprender a buscarse. Renovar día a día el entusiasmo por el cuerpo, por la esencia, por el cuerpo, por los ojos de quien tienes al lado. El nombre de la muestra supone una duplicidad de conceptos. Deshacemos lo que tenemos para rehacer algo más completo, más total; o volvemos a intentar el acto repetitivo del amor, con el fin de ejercitar al máximo nuestras destrezas, físicas y espirituales.

 

La locación será sólo relevante dependiendo de la compañía, sino seguirá siendo vacía, como las fotografías, los espectadores están llanos a imaginarse, a colocarse como ejes motores del nudo y desenlace.

 

Luces, cámara, acción... segundos después las imágenes ya tienen alma, tienen esperanza. "reHacer el amor" es una bravata, un desafío a los límites de tu arrebato. Un dulce e inocente paseo que desatará la tempestad que permitas salir, que dejes liberar. Lo auténtico es lo personal. Cada fotógrafo mostrando su inquietud, su preocupación.

 

Premeditar la ternura, descartar lo estético en pos del sentimiento. Enajenar el sexo por el sexo mismo, contagiar afecto, exorcizar el prejuicio, olvidar los parámetros; el tablero está en la mesa, todo depende del jugador. Cómo mueves las piezas, cómo planteas tu estrategia. El escenógrafo ha propuesto un lugar, es cuestión de cada quien decidir jugar.

 

LOS FOTóGRAFOS

 

Renzo Giraldo

 

Joven fotógrafo periodístico, es un apasionado del fotorealismo y la fotografía documental, al recibir la convocatoria de Víctor Mejía para la muestra aceptó el reto, a pesar de nunca haber hecho algo parecido. Una especie de fantasía que lo llevó a más de veinte hospedajes limeños. Diferentes barrios, calles, distritos, la economía no importa denuncia él, sino las ganas de reinventarse.

 

Lugares como La Victoria y Surco, San Martín de Porres y Barranco, un sin número de evocaciones sociales y humanas utilizadas para diseñar sus imágenes. Una habitación cerrada dispuesta a ser descubierta, Renzo Giraldo ha trabajado el color como herramienta para generar la atmósfera perfecta. Sentir el cuarto y plasmar inconcientemente aquella emotividad contenida.

 

Siendo Comunicador se especializó en Diseño Gráfico y Cine, la atracción con la expresión visual fue preponderante en su quehacer como fotógrafo. Un retratista de la realidad citadina, trabaja para el Grupo El Comercio y explora su naturaleza en proyectos personales. La ciudad fue el regalo que el periodismo le dio, esa temperatura ideal para la locura y creatividad no inventada, no fabricada.

 

Sus imágenes han sido publicadas en innumerables revistas nacionales e internacionales como Gatopardo, Etiqueta Negra y el semanario El Mundo de España. Ha sido el ganador de el "Concurso Nacional de Fotoperiodismo Eugene Courret" en el 2006 y del concurso nacional "Viajando y Retratando la Naturaleza", convocado por la revista Rumbos.

 

Roberto Huarcaya

 

Experimentado fotógrafo, participa en la muestra con diez fotografías extraídas de su imaginario onírico, una visión alucinada que busca enganchar al espectador con una fuerza diferente. En su afán de explorar los espacios con un lenguaje propio, tras una investigación personal, reconoció al "espejo" como el punto de partida para su propuesta visual.

 

La dinámica que estas habitaciones proponen con los espejos, en el techo, las paredes, lo sedujo, lo inquietó y buscó representar esa dinámica de la estimulación en sus fotografías. Utilizando dos pequeños espejos convirtió a la habitación en el cuerpo. Ella es la fémina musa de su obra.

 

Colocando los espejos en diferentes posiciones logró recrear formas y contrastes únicos, confusos, imprecisos, pero intensos, como la sexualidad y el amor. Un movimiento que en momentos resulta sofocante, internándote así en esas posibles relaciones llenas de tormento y poca luz. Rojo, morado, luces de teatro son el acompañamiento de la escena. Una herramienta tan sencilla que corta con el equilibrio incitando un juego dispar, dislocado.

 

Profesor de fotografía tanto en Lima como en Barcelona, su interés visual lo ha guiado hacia los retratos de personas y objetos, las ganas de encontrar el fundamento estético, la persecución de lo alucinado para así despegarse del suelo y poder estar en otro plano. Ha participado en exposiciones en ciudades como La Habana, Lima y Venecia. Obtuvo el tercer puesto en el concurso "Amor  Muerte", otorgado por el Centro Latinoamericano de Munich en 1997.

 

Gihan Tubbeh

 

Fotógrafa peruana, es la parte femenina de la muestra. Una intención más emocional que estética, busca dar rienda suelta a la aventura, a la posibilidad de ser otras mujeres u hombres a la hora del placer o del amor, o de ambos. Su mecánica de trabajo fue diferente, con más entretenimiento quizá, su vehículo movilizador una cama destendida, el eje central que todas las fotografías tienen en común, pero que ella evocó con una curiosidad nueva.

 

Saltando, sentándose, recostándose en esa cama protagónica logró, seguramente, concentración para inventar tantas veces el amor, reproducir la sensación de mujer que participa del ritual. Imaginándose a la mujer tímida, avezada, descorazonada, temerosa, atrevida, tantas mujeres, tantas opciones.

 

Una imagen que muestra una escena parisina, roja, efusiva, otra discotequera, juvenil. Pasando también por el romanticismo clásico que rompe su encanto al ver engarzado en la composición el típico papel sanitario. Elemento que confluye en la liturgia del quehacer amatorio del hostal. Lugares sombríos, encendidos, dilucidando las caricias, las promesas, los juramentos.

 

La joven artista reconoce que su pasión es la humanidad, mas no la fotografía, sin embargo es el vehículo que utiliza para conocer toda esa sicología escondida. Ese terreno en el que las palabras sobran, aturden, distraen y que una cámara si puede conocer, examinar con más tranquilidad.

 

LA RUTA A SEGUIR

 

El último espacio a transitar encarna una locación más real, puertas blancas con números, simulando el pasadizo de un hotel, cuarto uno, dos y tres, la demente sensación de estar jugando ahora a ser el parroquiano visitante de un hotel de algún lugar. La fantástica posibilidad, una vez más, para la travesura. Un mapa nos señala la ruta del sexo, amor, caricias, masajes, etc. etc. Tarjetas, direcciones, datos, calendarios, anuncios concentrados en una colorida guía de calles ficticia que corona la experiencia con humor y picardía.

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