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Jueves 29 de octubre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

Alicia Delgado y Marco Antonio.

¿Víctimas del mismo asesino?
La señora Alicia Delgado y el estilista Marco Antonio fueron asesinados con dos semanas de diferencia, siendo los ejecutores de sus muertes diferentes personas. Sin embargo, para mí, el culpable es el mismo personaje, el actual sistema social en el que sobrevivimos.
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Alicia Delgado y Marco Antonio.

Si se estudia el aparente móvil de los asesinos, se cae en cuenta que ambos eran motivados por el mismo afán, apoderarse de dinero, así fuera pagada por terceros la acción que los lleva a la condena.

 

Por otro lado, vienen a mi recuerdo las palabras de una modelo en el velorio del estilista: "¿en qué país estamos?". Bueno, todos estamos en el mismo país que con nuestra acción o inacción contribuimos a construir. Y es que, contrario a lo que algunos piensan, nuestra sociedad no puede construir vallas infranqueables para quienes viven en pobreza material y -la peor- pobreza moral. Por eso, por más que vivamos "tranquilos" en nuestros círculos aparentemente cerrados, siempre nos rebota lo que ocurre en el resto de la sociedad.

 

Quizá días antes, los mismos personajes que lloraban al estilista nunca pensaron que su amigo pudiera ser asesinado casi con el mismo estilo que la cantante folklórica. Algunos hasta dirían por Alicia Delgado "cómo contrató a un tipo como Mamanchura". Sin imaginarse que días más tarde  uno de su "círculo", con todas las precauciones conocidas, sería víctima de la misma "enfermedad".

 

¿A dónde quiero llegar? Se preguntará amigo lector.

 

En primer lugar, quiero demostrar que nadie puede estar ajeno a los problemas de la sociedad. Delgado y Gallegos pensarían que por su dinero ya estaban libres de las consecuencias de una sociedad donde la miseria no es sólo material sino también moral.  Pues no fue así, lo que pasa arriba influye abajo y viceversa, tanto como lo que ocurre en el Medio Oriente repercute entre nosotros también.

 

A continuación, quiero plantear que a la luz de los hechos, combatir la pobreza no puede ser solamente atacar las necesidades materiales de las personas, sino también -y fundamentalmente- las espirituales. ¿Tanto desprecio se puede tener por la persona humana como para matar a mansalva por un puñado de dinero? Estamos, como es evidente, ante un problema social que sobrepasa el tema de la pobreza material, para plantear en el debate el de la pobreza espiritual.

 

Sin embargo, el Estado y la propia sociedad, olvidando el concepto de que la sociedad es un sistema interdependiente, se han planteado sólo la estrategia de priorizar la lucha focalizada contra la pobreza. La pobreza material ha bajado espectacularmente en estos tres años, pero aún continúa -es obvio- la pobreza espiritual. Y es que repercute relativamente poco mejorar las condiciones materiales de vida de las personas si ello no va unido a una política integral de promoción de la cultura, la moral y los valores humanistas.

 

El Desarrollo Social de un país no es sólo construir escuelas, dotar de infraestructura básica a las viviendas, etcétera. Ello debe venir emparejado con el cambio de la mentalidad hedonista y consumista del sistema imperante, la promoción de los valores, la recuperación de la solidaridad y la reciprocidad, el respeto mutuo, la tolerancia.

 

El verdadero despegue de un país no se mide sólo a través de los indicadores de pobreza material, y mucho menos de indicadores económicos. El desarrollo real de una nación se ve en la medida en que se incrementa la confianza entre la gente, se reduce la criminalidad, se aumenta la autoestima individual y colectiva, entre muchos aspectos más.

 

Debe ser prioritario desplegar esa concepción abierta y correcta del desarrollo social que compromete el trabajo en toda la sociedad y no sólo en los lugares de pobreza y pobreza extrema. Esa, ahora, desgastada concepción de la focalización para el combate contra la pobreza es insuficiente para resolverla. La pobreza forma parte de la enfermedad del sistema social. Por ello, hay que atacar al sistema enfermo, así contribuiremos no sólo a resolver la pobreza sino también el resto de sus síntomas que nos agobian y matan.

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