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PISCO EN RUINAS

Reconstrucción tardaría 15 años
A dos años del terremoto que devastó las ciudades de Pisco, Chincha y parte de Ica, lamentablemente los pobladores tienen muchas razones para quejarse. Como hace un año, Generacción se trasladó a Pisco, epicentro del terremoto del 15 de agosto del 2007.
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PISCO EN RUINAS

Cuando sintió los primeros movimientos aquel día en que cambiaría su vida, Irene se encontraba en casa con sus tres hijos menores, lavando ropa. Su esposo, Juan Carlos, todavía no regresaba de su trabajo en una fábrica cercana. Irene pensó que el temblor se detendría en cualquier momento. "No le tomé importancia", dice, con los ojos vacíos. "Seguí lavando. Ni siquiera les dije a mis hijos que salieran a la calle para protegerse". Pero el temblor no se detuvo. Arreció con mayor intensidad.

 

Entonces Irene dejó el lavado y corrió para salvar a sus hijos. Los llamó por sus nombres. Halló a Juan (7) y a Carlos (9) en el pequeño patio trasero, abrazados. Cargó con ellos y recorrió como pudo la casa de un piso en busca de Marlene (4), mientras le pedía a Dios que la ayudara. Pero ni siquiera podía caminar.

 

"El piso se movía de lado a lado y de arriba a abajo, al punto que parecía una gelatina, parecía el mar y no tierra firme", asegura. Una pared cayó a dos metros de ella. Los niños lloraban cada vez más fuerte. La desesperación de Irene al no encontrar a su hija iba en aumento, igual que la intensidad del terremoto.

 

Tomó una decisión en cuestión de segundos. Salió con sus hijos en brazos y ganó la calle. Se cayó un par de veces, pero lo consiguió. "¿Qué podía hacer?", se pregunta. "Si no salía se me iban a morir con mis dos hijos. Por ellos salí. Si por mí fuera me quedaba buscando a mi hijita". Alrededor, las paredes, el piso y el techo de lo que hasta ese momento era su casa se agrietaban y se rompían como galletas.

 

Afuera, la bulla y el griterío eran espeluznantes. Los tres minutos más largos de su vida. Mujeres llamando a sus hijos. Niños gritando por sus madres. A partir de este momento, Irene lo recuerda todo como entre brumas. Los gritos. El llanto de los niños y de las mujeres. Las súplicas a Dios. La oscuridad total. Sus propias lágrimas nublando su visión. La tierra retumbando a sus pies como tambores anunciando el fin del mundo. Sus ganas de entrar nuevamente en la casa para rescatar a su hija. El polvo que se le metía por la nariz. Las fuerzas que se le iban. El silencio absoluto. Se había desmayado.

 

Cuando recuperó la conciencia, la tierra había dejado de sacudirse, pero su pesadilla recién comenzaba. Besó a sus dos hijos, se cercioró de que estaban bien y corrió a lo que quedaba de su casa. Divisó entre los escombros a su esposo y a otros tres hombres a los que no conocía. Buscaban a Marlene ayudados con linternas mientras la llamaban a gritos. Irene se les unió luego de abrazar a Juan Carlos con toda la fuerza del mundo. La buscaron toda la noche, hasta que amaneció. Encontraron el cadáver al día siguiente, debajo de una pared. Marlene abrazaba a su muñeca preferida. Tenía el cráneo destrozado.

 

La casa de Irene del centro de Pisco quedó inhabitable, como el 85% de las viviendas de la ciudad. Solo en Pisco murieron más de 300 personas, y en todo el país la cifra de víctimas mortales superó las 500. En esta ciudad, además, la gran mayoría de colegios, hospitales, postas y centros de salud se derrumbaron por completo o quedaron en ruinas, imposibles de funcionar.

 

Las réplicas de los días y semanas siguientes ponían los nervios de punta a los sobrevivientes, quienes habían perdido familiares, amigos, casas y centros de trabajo. Muchos no tenían nada y pedían a Dios que se los llevara a ellos también. Durante muchas semanas se vivió en Pisco un clima de abatimiento y postración como ninguno de sus habitantes más viejos recuerda jamás.

 

Transcurridos dos años de la tragedia, Irene vive ahora en el asentamiento humano Alto El Molino, un pueblo joven cuyos terrenos tomaron cientos de familias damnificadas tras el sismo, en la periferia de la ciudad. Eligieron este lugar porque buscaban alejarse lo más que podían del mar y de sus antiguos recuerdos.

 

Irene quiere olvidar, entre otras cosas, que tuvo que enterrar temporalmente a Marlene junto a su muñeca en el patio de lo que alguna vez fue su casa debido a que el cementerio también había quedado destruido y no recibía muertos. Los días posteriores al terremoto, recuerda Irene, los cadáveres se amontonaban en la plaza de armas como pescados varados por el mar.

 

Como miles de mujeres y niños en la ciudad, Irene ha desarrollado un fuerte estrés postraumático. Todavía no puede conciliar el sueño con facilidad. Se le va el apetito por días enteros. Sueña constantemente con Marlene. Sus peores pesadillas son las que la despiertan con el tronar de la tierra a sus pies y el llanto de los niños de la ciudad. A sus hijos les sucede algo semejante. Se despiertan llorando en medio de la noche. No quieren comer. Cuando oyen el motor de un auto o una moto cerca de su casa, tiemblan porque les recuerda el ruido de la muerte que se llevó a su hermanita.

 

El sitio donde actualmente vive Irene con su familia no tiene paredes ni techo de cemento, como su anterior casa. Es una pequeña construcción de adobe y esteras con piso de tierra. La luz y el agua han llegado hace poco a Alto El Molino, pero la calidad de vida continúa siendo precaria. No tienen desagüe. Algunos días hacen ollas comunes para comer.

 

El lugar donde trabajaba su esposo quedó en escombros, por lo que Juan Carlos tiene que ganarse unos soles en la ciudad como puede: transportando escombros, recogiendo fierros y plásticos que luego vende. Sus hijos no quieren alejarse de su casa ni para ir al colegio. Irene tampoco quiere que se vayan de su lado. El tiempo parece haberse detenido para Irene y para miles de habitantes de la ciudad.

 

Esa es la impresión que uno se lleva luego de un rápido recorrido por Pisco: la de una ciudad detenida en el tiempo. Parece que uno estuviera recorriendo la ciudad a los pocos días del terremoto, no luego de 24 meses. Los trabajos avanzan, pero con demasiada lentitud.

 

Algunos colegios y hospitales han sido reconstruidos en un 50%, pero falta equiparlos para ponerlos en funcionamiento. Los pobladores llaman "muros de la vergüenza" a las paredes de ladrillo y cemento levantadas por el municipio para ocultar terrenos baldíos, carpas y módulos de madera en las que continúan viviendo gran cantidad de familias.

 

Generacción conversó con el alcalde de Pisco, Juan Mendoza Uribe, quien a continuación ofrece sus explicaciones por la lentitud del avance en la reconstrucción de la ciudad.

 

-A dos años del terremoto, ¿cómo va la reconstrucción de Pisco?

Calculamos que se ha avanzado un 25%. En lo que respecta a infraestructura educativa, que es responsabilidad del Ministerio de Educación, se ha reconstruido los siete colegios que reciben a la mayor cantidad de estudiantes en la ciudad: Bandera del Perú, Miguel Grau Seminario, el Colegio Inicial 182, el 22471, Nuestra Señora de Guadalupe, Pedro Pablo Castro Peláez y el Raúl Porras Barrenechea.

 

Sin embargo, también tenemos que darle un jalón de orejas al ministro (José Antonio) Chang porque hay instituciones educativas en las que no se ha hecho nada o en las que se han interrumpido las labores a la mitad: República de Argentina, Hilda Quintanilla, María Parado de Bellido, José Carlos Mariátegui, San Martín, entre otros.

 

-¿Cuánto se ha avanzado en el sector Salud?

El hospital San Juan de Dios recién está en proceso administrativo. El expediente técnico se encuentra terminado y esperamos que el ministro tenga la amabilidad de sacar la licitación lo antes posible. Sin embargo, se ha rehabilitado postas médicas en los diversos distritos. Los trabajos en el hospital Antonio Escarabonja, a cargo de EsSalud, están avanzados en un 60%. Esperamos que en setiembre se haya finalizado la construcción de la infraestructura y a partir de ese mes dar inicio a las labores de equipamiento.

 

-¿Cuánto dinero se entregó al municipio de Pisco para la reconstrucción?

Las transferencias entregadas por Forsur y el Ministerio de Vivienda al municipio de Pisco suman S/. 60 millones, de los cuales los últimos S/. 22 millones han llegado en los últimos 45 días. Con esa cantidad se adquirió 2,225 módulos de vivienda temporal, se rehabilitó las redes secundarias y las conexiones domiciliarias de alcantarillado, entre otras obras.

 

-¿Cómo va la entrega de títulos de propiedad, que fue uno de los mayores problemas debido a que la mayoría de familias no tenía los papeles en regla?

Se han otorgado hasta la fecha más de 10 mil títulos de propiedad de los 15 mil que necesitamos para ordenar ese aspecto. Se ha otorgado, además, 7,000 bonos 6000 para igual cantidad de familias. Sin embargo, hay otras 5,000 familias esperando sus bonos.

 

-¿Por qué hay tantas protestas en torno al Bono 6000?

La gente protesta porque es cierto que S/. 6,000 no alcanzan para construir una casa. Pero la gente también debería hacer un mea culpa. Muchos han recibido el bono y lo han utilizado mal. Claro que también hay que reclamarle al gobierno central, en este caso al Ministerio de Economía, que no suelta la partida. Como le decía, hay unas 5,000 familias que hasta la fecha no les ha sido otorgado el Bono 6000.

 

-¿Qué falta por avanzar en Pisco?

Los servicios básicos. Culminar las obras de alcantarillado, el agua potable y la reconstrucción de viviendas, que quizás sea el punto más crítico en la ciudad y por el que la población protesta con mayor fuerza. Terminar la infraestructura educativa y la hospitalaria. Después, reconstrucción de veredas y pistas.

 

-¿Con qué finalidad se han levantado esas paredes que la población llama los "muros de la vergüenza"?, ¿acaso para ocultar los escombros que todavía quedan en algunos terrenos?

Esos muros se hicieron con la finalidad de no tener terrenos abandonados en donde la misma población dejaba grandes cantidades de basura y que incluso servían de guarida para la gente de mal vivir. Si quedan escombros es porque una parte de la población ha empezado recién a construir. Cuando se llevaron a cabo las demoliciones no se retiraron los cimientos. Ahora la gente saca los cimientos y los pone en medio de la pista.

 

-¿Cómo calificar la labor del Forsur?

Conmigo el Fprsur ha trabajado siempre de manera más que aceptable. No he tenido problemas al respecto. El entrampamiento está en el Ministerio de Economía. El señor (Luis) Carranza tiene que humanizarse un poco más. Es demasiado indolente. No sé si es él o el viceministro, el señor Arista, o la cantidad de funcionarios de saco y corbata que están acostumbrados a almorzar en el Marriott.

 

No solo es Economía. Se puede hablar de una desidia por parte de algunos ministros que vienen a Pisco a posar para la foto y que le están fallando al presidente (Alan) García en el tema de la reconstrucción de Pisco. A todos ellos deberíamos traerlos a desayunar en un módulo de madera para ver si les gusta. Por ejemplo, una transferencia de dinero en Economía dura de cinco a siete meses.

 

¿Ha recibido ayuda por parte del gobierno regional de Ica?

La municipalidad de Pisco no ha recibido un sol por parte del gobierno regional de Ica.

 

-¿Y por parte del gobierno central?

Yo le tengo respeto y aprecio al presidente García. En los peores momentos él ha estado conmigo, con la población. Incluso ha agilizado transferencias de dinero que estaban entrampadas en Economía. Pero tiene algunos ministros que le sirven solo para la foto, como le decía.

 

-Luego de dos años del terremoto, ¿por qué cree que continúa el malestar entre la gente?

El malestar no va a pasar fácilmente. La reconstrucción de Pisco está calculada para terminarse dentro de 15 años. Se trata de levantar una ciudad de la nada. Mientras tanto, quien tiene que poner la cara soy yo. Quien está en Pisco y recibe los insultos soy yo. Cuando asumí la alcaldía, llegué con el compromiso de modernizar Pisco. Pero no me imaginé que tendría que reconstruir una ciudad desde sus cimientos. Nadie previó el terremoto.
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