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EROS Y TÁNATOS

La pintura de Alfredo Alcalde
El 20 de agosto se inauguró en el Centro Cultural de San Marcos en el Parque Universitario la muestra Eros y Tánatos, del reconocido pintor chimbotano Alfredo Alcalde. Imprescindible.
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EROS Y TÁNATOS

Nacido en Chimbote en 1961, Alfredo Alcalde es considerado uno de los pintores peruanos contemporáneos más importantes, cuya obra ha alcanzado notoriedad por sí sola. En su juventud estudió en la Escuela Nacional Autónoma de Bellas Artes, de la que egresó con Mención Honrosa.

 

Entre sus logros más sobresalientes destacan el premio Galería Borkas (1991) y el premio que otorgan el Museo de la Nación y el Instituto Nacional de Cultura por la Mejor Exposición de Arte del año 2000.

 

En esta ocasión, Alcalde presenta su vigésimo tercera exhibición individual, llamada "Eros y Tánatos", en la que ha plasmado su particular visión de la vida y de la muerte como dos etapas de la existencia que no se contraponen, sino que se complementan.

 

Dicho en sus propias palabras: "En esta muestra trato de reflejar nuestra existencia como seres humanos. El instinto por la vida, asociado con la gente sencilla, y el instinto por la muerte, en lo que respecta a accidentes, suicidios, atentados, carencia de valores, etc. Busco mostrar el concepto de que nuestra existencia transcurre en una constante lucha entre la vida y la muerte. He pintado cuadros de paisajes humanos, de ternura, miradas atentas, cerros poblados y parejas de seres vivos con la muerte".

 

La exposición está conformada por 40 lienzos, trabajados en formato grande y la mayoría pintados especialmente para esta muestra. Cuenta con la curaduría de Javier Luna, quien opina que el artista chimbotano es pieza clave en el arte peruano de las últimas décadas. Alcalde elaboró los cuadros a lo largo de cuatro años, de la misma manera que traza todos sus lienzos: tenaz y lentamente.

 

Ordenados por números del 1 al 40, la exhibición representa el círculo vicioso e inexorable que todos debemos pasar casi sin darnos cuenta desde que nacemos hasta que morimos. Efectivamente, en determinado momento de nuestra niñez, de la misma manera que descubrimos el amor, la amistad, el sexo y el odio, tomamos conciencia también de que vamos a morir. Algunos dicen que perdemos la inocencia en el momento en que advertimos que no todas las personas nos quieren. Pero quizás también ese momento ocurra cuando descubrimos que día a día marchamos inexorablemente hacia la muerte.

 

"Hoy en día se presenta a la muerte como un acontecimiento tan espectacular que se llega a pensar que esta tiene más importancia que la vida misma", afirma por su parte el artista. "No estoy de acuerdo con eso", agrega. Tal vez por este motivo el espectador, tras apreciar una sucesión de cuadros más o menos oscuros o macabros para el gusto de algunos, se lleva la sensación de que la vida triunfa sobre la muerte. Por lo menos en la exposición.

 

En la vida real, es cierto, la muerte termina imponiéndose de modo irrefutable. Todos dejaremos de existir. Es la única certeza que tenemos. Y con ella debemos vivir diariamente. Hacer planes y proyectos y tomar decisiones que, lo sabemos, pueden verse interrumpidos bruscamente por la llegada de la muerte. A pesar de ello, seguimos adelante y nos comprometemos tercamente con la vida, acaso con la esperanza de que por alguna razón triunfemos sobre la muerte.

 

Alcalde se enfrenta con estas dos trascendentales experiencias humanas: vivir y morir. Sin embargo, lejos de ser una exposición lúgubre, es una muestra estimulante y vital en la que los personajes de los cuadros recrean fidedignamente las dimensiones de la existencia humana y presenta ambos lados de la moneda.

El artista lo ha dicho cabalmente: "He hecho esta muestra entre otros motivos porque hay personas que, estando vivas, parecen muertas y no hacen duelo. Tienen DNI en lugar de partida de defunción".

 

"Sabemos que la muerte no tiene edad, siempre estamos andando entre la vida y la muerte", añade. "Quizás represento constantemente a la muerte como retándola, demostrando no tenerle miedo, pero tampoco magnificarla. Además, frente al simple hecho de estar vivos, el optimismo debe ser incuestionable. Contemplar el sol no impide que podamos ver, analizar y juzgar lo que hay en la sombra. Ambas son parte de un todo, pero cada una tiene su ciclo y tenemos que respetar eso".
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