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Domingo 29 de noviembre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

EL DELITO DE SER MIGRANTE (PARTE II)

Peruanos en Argentina
Aún mucha gente ansía salir del país justo cuando todo indica que la situación económica está mucho mejor que antes. No chorrea, es cierto, pero hay estabilidad y el futuro es alentador según las cifras oficiales, e incluso, sigo leyendo que la pobreza y la extrema pobreza han recibido fuertes golpes y están en caída.
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EL DELITO DE SER MIGRANTE (PARTE II)

Con todo esto, mucha gente piensa que algo no funciona en nuestra tierra. Que hace falta ese orden elemental que todo ciudadano necesita para ser más feliz. Esa sensación de bienestar no se respira en las calles. En estas condiciones, miran a la República Argentina y se van a forjarse un destino y se percatan que la informalidad se convierte en un ingrato recuerdo que no pueden manejar a sus anchas como aquí. “Esa comodidad de no ver a la gente haciendo lo que quiere”.

Mas bien comprueban que todos los “ches” reclaman si les quitan un pan en su canasta familiar. Donde no soportarían una bendita combi ni por el amor de una madre gaucha. Entonces hablan de democracia y sucede que, por lo menos, la gente conoce y respeta sus derechos y sabe muy bien sus límites. No cunde la competencia voraz y la prepotencia citadina a pesar de que existe un alto índice de violencia como en todas las capitales del mundo.

Y aquí cabe la pregunta: ¿Hace falta esto para quedarse para siempre en el Perú? Sumémosle que la economía te permite vivir regularmente y que tengas la satisfacción de comprar lo que desees y pedir crédito y encima hasta posibilidades de invertir; entonces, ¿nuestra nación sería viable?.

Pareciera que de nuevo la política tiene que diseñar un rumbo alentador, sobre todo, cuando comprobamos que nuestras riquezas están siendo revaloradas, y hemos avanzado en la noción de que hay muchos recursos que el Perú tiene para ofrecer y explotar.

El problema radica cuando el recurso humano se va y escoge la patria de Lionel “La pulga” Messi para desarrollar su tímido potencial y transformarse en un simple servidor, limpiador o mesero sin ninguna calificación o valor agregado como le llaman ahora. Agréguenle la imagen que nos han regalado muchos migrantes y el resultado es un peruano que siempre está a la defensiva, buscando cómo mejorar su estatus social en una sociedad que los rechaza desde hace tiempo.

Entonces descubren que la plata fácil está en la droga y toman las Villas Miseria y figuran como capos y mafiosos y no les importa si matan otro peruano; no, que va, lo valioso allá es sobrevivir sin estorbos y con muchos mangos en los bolsillos. Es muy triste ser profeta negativo en otra tierra.

Lo que sí me sorprende en demasía es la capacidad que tenemos los peruanos para aplaudir y hasta endiosar a los que vienen de afuera. Los argentinos se han instalado en la televisión y despliegan una amplia cobertura, están en el fútbol como periodistas incluso, y alguna vez el recordado portero Ramón “Loco” Quiroga soltó que el hecho de haber jugado por nuestra selección no lo alejaba de seguir amando su sagrado país, y que el Perú sería algo así como una oportunidad de progreso personal. Y lo mismo pensará Horacio “La Pepa” Baldessari, Oswaldo Cattone, Laura Borlini y tantos otros que viven tranquilos en esta parte maravillosa del mundo.

Nos hace falta más identidad y protección de nuestros intereses sin caer en el pecado de la xenofobia. Lo mismo sucede en el ambiente artístico, y vale decirlo, muchas veces hasta reconocemos que los argentinos han dejado y siguen regalando grandes enseñanzas y escuelas productivas.

Me da la sensación  de que nuestro capital humano necesita ser redirigido. Si no apostamos por invertir en las carreras del futuro formando nuevos compatriotas con visión de modernidad, de nada vale que crezcamos dos dígitos o que seamos vistos como una nación rentable y seductora de los inversionistas.

La educación científica otorga visión y forma ciudadanos conscientes de su realidad. No crea individuos huecos que pierden su personalidad en dos meses de viaje, muy por el contrario, te brinda las armas para ser calificado como agente de desarrollo así se vaya a Argentina, Brasil o Chile.

Pero lo más importante es que un ciudadano cultivado para vivir en una república como la nuestra tendría poco interés en buscar salir para hacer patria y solo volaría al exterior para sentir que puede seguir aprendiendo con los descubrimientos y nuevas modalidades en su rama profesional y volver para seguir aportando su talento profesional en nuestro Perú.

Conozco el llanto de muchos inmigrantes que por el teléfono no cuentan más de su infortunio para no agobiar a sus familiares. Que los extrañan a mares y vuelven a llorar cuando toman una cerveza Quilmes. Sé también que debe ser horrible reconocer que no te va bien por allá a pesar que tienes donde trabajar.

Y reitero, debe llegar el momento donde todos nos sentemos a observar nuestra riqueza antes de abandonar para siempre la tierra que vio nacer a tus padres y los grandes hombres que nunca dejaron de creer en ese valse que suena  fuerte Contigo Perú.

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