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Jueves 22 de octubre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

FERNANDO DE SZYSZLO

Maestra vida
Entré a la Galería Forum hace algunas horas buscando encontrar al maestro que durante muchos años había solo conocido de oídas... Las paredes blancas, virginales, acogían las pinturas de Fernando De Szyszlo, el artista plástico más importante del país... mostrándolas en su máximo grado de placer y entrega.
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FERNANDO DE SZYSZLO

Fernando De  Szyszlo a sus 84 años, nos ha regalado la oportunidad de ver y sentir su talentoso paso por esta vida... La sensación fue inesperada, sabía que aquello sería un encuentro formidable con el arte, el abstracto, el color, pero fue más, tanto más que la emoción devoró mi delirio y la contemplación se tornó ascética, mística, como bien dijo el poeta mexicano Octavio Paz...

“Una pintura que no se entrega, replegada sobre su propia intimidad, que desdeña la complicidad sensual y exige al espectador una contemplación más ascética. […] Sus formas, tensas y veloces, a veces son agresivas, crueles; otra, sus colores reconcentrados tienen destellos de salvaje entusiasmo...”

Nada hacía presagiar que mi incursión en esta muestra terminaría con minutos eternos de preguntas y cavilaciones, argumentos y nuevos enfoques sobre las piezas que el maestro habría compartido por el 35 aniversario de la Galería Forum. Una generosidad que evidencia aquello que sus obras destilan, poder y pasión por la intensidad del ser humano.

UN ACTIVISTA DEL LIENZO

Es posible que no exista en el país peruano que no sepa quién es Fernando De Szyszlo, que no pueda siquiera mencionar una referencia lejana de su trascendencia para la cultura nacional, pero me pregunto ¿cuántos peruanos hemos tenido la oportunidad de pararnos frente a un lienzo a gran formato del maestro De Szyszlo?

Es allí cuando la respuesta se mezcla con distantes evocaciones de sus imágenes o reminiscencias de sus obras, ráfagas de recuerdos, discretas sensaciones sobre sus cuadros, pero nada concreto, nada seguro. Reconozco que fue la primera vez que estuve expuesta a su trazo, a su poderío cromático, a su razón.

La experiencia fue extraña, difusa al inicio, confusa, atolondrada, porque en mi mundo las palabras son el vehículo de la emoción, son el idioma que uso habitualmente para definir qué va pasando por esta vida, sin embargo al estar desarmada de palabras hallé un espacio nuevo para la recreación y la reflexión.

Creo que la obra de Fernando De Szyszlo tiene la particularidad de atrapar las retinas y fundirlas de color, contagiar y alterar los sentidos, removerlos, despertarlos si hiciera falta. Nada queda inmune, nada puede detenerse al enfrentarse a tanto movimiento, líneas, rojos, violetas, negros... hechura de su autor. 

Impresiones que con el pasar de los segundos y minutos se traducían en lágrimas quietas, en fonemas mudos, carentes de entonación, no había un alma en la galería, solo De Szyszlo y yo. En un momento único que agradezco haber registrado, en un instante que me trasladó a ese universo precolombino de sensaciones, de pausas y arrebatos.

Me envió en un viaje directo al corazón de nuestro pasado, y descubrí que así lo siento, entreverado de color y ritos, de ceremonias de entrega y ofrenda, de una abstracta mirada peruana que encuentra su asidero en mi propio sentir, y allí se complementa.

La obra que Fernando De Szyszlo expone en Forum hasta el 28 de noviembre tiene el arraigo de un peruano que se atrevió a mirar al Perú con una visión complementaria, redescubriendo la emoción, invadiéndolo todo, sin blancos o espacios en el lienzo. Totalizador, en esta obra el color no deja espacio al vacío. Y así deberíamos ver al Perú, sin lugar para la apatía o la desazón.

LA MUESTRA

Son 17 cuadros cuyo hilo conductor es la necesidad de dejar abierta la puerta al pasado, a los ritos, a las ceremonias, Fernando De Szyszlo ha impreso en su exitosa carrera el sello de temas peruanos, siempre en un estilo no figurativo, jugando magistralmente con la luz y las sombras, uniendo las antiguas culturas con una gramática visual modernista.

La mitología y el misterio inca se reflejan en sus lienzos, aunque enmarcados en espacios geométricos definidos, completos otra vez de magnetismo y matiz. Atrayendo con lilas y magentas la mirada del espectador. Podría decirse que propone aceptar su intercambio histórico, iconografía indígena, aves, cintas, muros, y el trazo actual y fresco de una pintura con la que puedes convivir.

Porque no olvidemos que tanto la pintura y escultura son expresiones hechas para compartir los espacios más habituales, es decir, un cuadro debe coexistir contigo, es un elemento visual que busca decirte algo cada vez que tienes contacto con el. Al recorrer la exposición pensé cómo sería vivir con un cuadro del maestro De Szyszlo, cómo sería despertar cada mañana y ver esa explosión, esa intensidad.

Es un privilegio tener la posibilidad de ver esta muestra, y es que es solo eso, una ínfima muestra del prolífero trabajo de nuestro pintor, al cumplir, en 1972, 25 años de quehacer artístico ya había pintado 1,500 cuadros, una impresionante producción que ha sido expuesta en más de 100 muestras individuales en América Latina, Europa y los Estados Unidos.

Aquí recojo unas declaraciones extraídas de la Revista Caretas que resumen cabalmente la esencia de un artista comprometido y de una sencillez a prueba de flashes y aplausos:

“Para mí la pintura siempre ha sido una derrota. Todo lo que he pintado durante sesenta años lo es (...) Siempre ha habido un desfase entre lo que quería y logré hacer. Es como estar en una carrera de galgos que nunca alcanzan a la liebre. Y que en mi caso siguen trotando, a pesar de tener más de ochenta años ¿Por qué seguir en la carrera? Porque siempre está la sensación de un día lograr alcanzar algo en ella. Los cuadros que yo pinto ahora seguramente hace treinta años me hubieran satisfecho. Pero mientras he afinado las herramientas, la meta se ha ido alejando, es terrible...”

Qué duda cabe, Fernando De Szyszlo ha conseguido superar sus propias barreras y frustraciones en una pintura que sigue siendo fresca, joven, auténtica porque su búsqueda de respuestas no ha cesado. Y mientras la inquietud permanece intacta, la jovialidad oxigena la experiencia, renovándola en cada intento.

Apresurando su urgencia por seguir hablando, comunicando, compartiendo al fin y al cabo el talento. Imagino que a sus 84 años nada queda por dar, hasta las perplejidades de su vida han quedado reflejadas en su obra. Una vida entera pintando a la par que existiendo, con sus dolores y sus terrores.

Conviviendo él, al igual que su público lo hace con su creatividad, con los giros inesperados, las encrucijadas sin salida, como la muerte, tan rotunda y extrema. Frente a ella no hay mar, ni cielo, ni infierno, ni color, solo certeza, certeza al vacío, a la ausencia. En 1996, él y la poeta Blanca Varela, quien fuera su primera esposa, enfrentaron la muerte de su hijo menor, Lorenzo, víctima de un accidente aéreo.

Para ese entonces Fernando De Szyszlo tenía 70 años y nada, según sus palabras, volvió a ser igual. Ni el sueño, ni la forma de mirar la vida, nada. Enterrar a un hijo no es natural, la ley de la vida marca otro destino, sin embargo así es este juego, despiadado a veces, generoso otras. Él es agnóstico, nada espera de su muerte, nada hay más allá, debe ser por esa certeza que en su arte entrega todo.

Se sostiene con fiereza de sus lienzos para que su paso por la vida no quede olvidado, para que haya valido la pena tanto sudor y color. Tantas lágrimas también, tanta risa, tanta vida. Conocer su obra personalmente me ha sumido en un laberinto de interrogantes, de emociones. He comprobado que la experiencia cercana con la cultura puede ser determinante, total.

¿Cuánto podría impactar a un niño estar delante de un acrílico de 1.80 de alto por 4 metros de ancho?, imagínense, qué grandeza, cuántos canales de luz y creación dentro de él se abrirían instantáneamente. Apostar por la vitalidad del arte será siempre la mejor manera de sembrar en los niños. Como dijo el maestro De Szyszlo, "Los museos son muy importantes, los pueblos no solamente son hospitales y educación, todo eso es importantísimo, pero un pueblo no puede desarrollarse sino desarrolla al mismo tiempo su cultura".

Aprender a mirar una obra y dejarnos tocar, dejar que nos hable, que nos incluya en su significado total, no es tan complicado, no es una utopía. Cultivar el alma, la mente, los sentidos, enfrentándose continuamente al arte, a la cultura, es un camino, es una de las rutas a seguir para que seamos un país más justo. La Galería Forum tiene las puertas abiertas, hace 35 maravillosos años, esperándote.

El DATO

Fernando De Szyszlo
Pinturas
Del 4 al 28 de Noviembre.
Galería Forum
Av. Larco 1150, Miraflores.

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