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REVISTA

DÍA DE SAN VALENTÍN

Por el amor y la amistad
Este día es quizá el único celebrado por el puro placer de festejar algo tan esquivo y fugaz como el amor. Nadie puede asegurar si Valentín existió, si su quehacer por este mundo mereció la santificación o si es un simple argot publicitario más de nuestra sociedad mercantilista. El hecho es que cada 14 de febrero el amor dulzón nos invade... sin poder evitarlo.
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DÍA DE SAN VALENTÍN

Hurgando en la información sobre este día encontré que la identidad de este azucarado personaje no está definida, no podría asegurar quién fue o qué hizo para merecer el estelar de la celebración. Sin embargo, asumo que su presencia en el calendario responde a una imperiosa necesidad de hallar un refugio para aplaudir el amor sin culpa o temor a la burla.

Revestir la fiesta del “amor” con una santificación religiosa legitima de alguna forma el derecho de la gente a disfrutar de este sentimiento públicamente. Garantiza que cada 14 de febrero los enamorados se animen a decirse todas las mentiras piadosas o verdades inflamas de pasión que sus corazones desean, o sus hormonas reclaman.

A pesar de las versiones y especulaciones hay una teoría sobre San Valentín que contiene todos los elementos de una buena historia: Intriga, amor, rechazo, fe y un contingente alucinante de fantasía histórica difícil de comprobar.

¿QUIÉN FUE SAN VALENTÍN?

En la Roma del siglo III, en el año 270 d.C. aproximadamente, vivió un sacerdote llamado Valentín. Un hombre sencillo y lleno de vicisitudes por lo convulsionado de los días, ya que el rechazo y persecución al cristianismo se respiraba en la ciudad y la decadencia moral  del gobierno de Claudio II “El Gótico” estaba guiando a la perdición a su población.

Por esas cosas del destino a Claudio II se le ocurrió deducir, en su desesperación, que los soldados en el campo de batalla se desempeñaban mejor, con más éxito, cuando eran solteros. Cuando su mirada y corazón estaban puestos en la guerra y no en su familia, así que en un acto de total violencia prohibió a los soldados romanos contraer matrimonio.

Esta es la circunstancia ideal para que surja el mito, el héroe en sotana, el hombre que elevaría en nombre del amor su identidad de defensor de la emoción romántica y el derecho a vivirla en libertad. Valentín tomó la iniciativa de casar a los soldados que deseaban hacerlo a escondidas, bajo el ritual cristiano.

Un hecho de flagrante rebeldía que constituyó su mayor virtud por esos días, el abanderado de una religiosidad aprueba de odios y a favor del amor verdadero. No les dije que este relato tenía ingredientes de telenovela. Continuemos... la fama de Valentín se extendía bajo la sombra romana, la injusticia perpetrada contra los soldados lo colocó en un lugar de interés para el emperador Claudio II, así que este quiso conocerle.

Las bodas secretas debieron suponer para la época, como hasta ahora, el acto más impulsivo y fascinante para los enamorados, nada estimula más el amor que la oposición y resistencia. De allí que Romeo y Julieta se convirtieron en los íconos del amor juvenil y adolescente, plagado de prohibiciones que fueron el aliciente para el drama y el martirio de sus protagonistas.

Esta historia nos delata y evidencia que el amor concebido como un mito siempre encierra a la tragedia. Qué más trágico que un gobernante anule la posibilidad de consagrar el amor y que un sensible sacerdote salga al rescate del vínculo, que más evidencia...

Claudio II conoció a Valentín y sintió cierta atracción por el cristianismo que él pregonaba, las enseñanzas de Jesús y su modelo de vida, pero las fuerzas políticas influenciaron en él, turbaron su mente y ordenó encarcelar al joven sacerdote. El defensor de los enamorados terminó preso y fue finalmente decapitado un 14 de febrero.

¿FIESTA DEL AMOR O DE LA FECUNDIDAD?

Este es uno de los posibles orígenes de la fecha, claro está, sazonado con la imaginación de muchas personas que han construido casi como un bien social y común un relato que avale la celebración. Lo divertido de el “Día de San Valentín”, es lo absurdo de su contenido, lo fútil, lo evaporable de su razón de ser.

A pesar de ser considerada una teoría improbable, al parecer la Iglesia Católica decidió revivir la leyenda dos siglos más tarde para así combatir una tradición que se celebraba entre los jóvenes originaria de una fiesta pagana al dios Lupercus, dios de la fertilidad, cuyo día central era el 15 de febrero.

Se quiso a toda costa terminar con la celebración pagana y se canonizó a Valentín, como San Valentín patrón de los enamorados. Una astuta decisión que después en 1969 fue eliminada del calendario eclesiástico en el intento de erradicar la memoria y adoración a santos legendarios.

Es curioso que en cada celebración, y no me canso de descubrirlo, la iglesia está involucrada como un ente regulador. Una función que con el paso de la historia no ha cambiado, el amor cuya esencia no puede regularse ni etiquetarse también pasó por el veto sagrado de la Iglesia Católica.

Pero ¿cuánto temor puede desatar que la gente valore o celebre su fertilidad? ¿Qué pasaría si el miedo se erradicara por completo? El día de San Valentín combina la celebración del amor acorazonado, dulce, emotivo, y la fiesta pagana al dios Lupercus completaría el círculo del amor real, físico: aquel que necesita la fertilidad para estimular los sentidos y las hormonas.

OTROS POSIBLES VALENTINES

El mito nos dice que hubo dos posibles identidades más para San Valentín, un obispo de la ciudad de Interamana, hoy Terni, en Italia, donde se encuentra la basílica de San Valentín que guarda los restos del clérigo, siendo estos venerados cada 14 de febrero. Y la del mártir Valentín que vivió en África durante la conquista romana. Se presume que las historias que rodean la poca información sobre el origen de San Valentín hayan sido creadas en la edad media en Francia e Inglaterra.

Un gracioso relato da cuenta también de un origen más sencillo y menos novelesco, que San Valentín es el patrono de los enamorados porque su día festivo coincide con el momento en el año que los pájaros comienzan su apareamiento o empiezan a buscar parejas de su misma especie.

Es decir, nuevamente la intersección entre amor y cópula, ingredientes de toda buena fábula, sobre todo en San Valentín.

¿DÍA DEL AMOR Y LA AMISTAD?

Después de leer los posibles orígenes del 14 de febrero algo sí me queda claro, que en ningún resquicio de la leyenda encaja la figura de la amistad. Todo está cubierto por el amor romántico o pasional, pero amor entre dos, nada de fraternidad. Lo que comprueba algo que siempre he creído, que la extensión a la “amistad” fue el recurso que se halló para no dejar por fuera de la celebración a aquellos desparejados.

Una inteligente salida para captar a un público importante que se sentía relegado del día festivo, hoy se sabe que queda la posibilidad de celebrar la amistad, un bien aún mayor que el del amor emocional, en muchas ocasiones. Más duradero y menos complicado.

En todo caso la ecuación perfecta para que una relación funcione nadie la tiene, ese secreto ninguno de los San Valentín de nuestro relato podría develarlo, sin embargo queda la esperanza de creer que la tenemos. Esa certeza que cada pareja celebrará con regalos y flores este 14 de febrero, una certeza también fútil y evaporable, pero que llena el alma y alimenta el corazón de risas mientras dura.

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