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REVISTA

HASTA SIEMPRE LUCHO BARRIOS

Murió el rey del bolero
Los grandes nunca mueren, pasan a otra etapa para ser recordados mejor. En la mañana del miércoles 5 de mayo, Lucho Barrios cerró los ojos y dejó una huella musical imborrable. Murió como un bolero y sonoro como un vals y desgarró el corazón de Latinoamérica entera.
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HASTA SIEMPRE LUCHO BARRIOS

Chalaco de corazón, Luis Barrios Rojas nació en el Callao un 22 de abril de 1935. Triunfó en Ecuador y luego siguió la senda de su talento. Encantó a miles de hombres y mujeres y marcó el bolero como su ritmo predilecto.

No era un galán, ni tenía ojos verdes y tamaño de Hollywood, pero cantaba como los dioses. De su voz salían dulces y penetrantes los versos que podían adormecer a cualquier delincuente común o al más romántico caballero.

Era bonachón, carismático y su cabeza resaltaba en el escenario. Un pequeño gigante. El rey del bolero. El último romántico. El gran criollo.

Las señoras lo idolatraban y le gritaban: ¡“Mi Lucho”! Mi madre era una de ellas y mi viejo, que en paz descansa, se dejaba “sacar la vuelta” a ritmo de Me engañas mujer.

Tiene varios himnos pero todos corean su nombre cuando suena Mi niña bonita y Marabú. Se sabe que conquistó Chile a tal extremo que su otrora presidente Ricardo Lagos lo condecoró el 2002 por su impacto en el país del cobre.

OCHENTAS CRIOLLOS

Corrían los años ochenta, yo estaba enamorado. Entonces había una velada en el cine Tacna. Allí escuché a un gordito que cantaba muy bien temas de Los Ángeles Negros. Al popular Guiller. Tocaba el grupo Karakol y hasta desfilaron Los Doltons sin César Ichikawa. La trompeta de Vicente Gómez. Y después el anunciador gritó Lucho Barrios y yo aplaudía mientras mi pareja miraba atónita sin dejarse cautivar, queriendo una hamburguesa.

Cantó solo tres temas, lo suficiente para ponerle la cereza a la noche y dejar babeando de amor a todos los asistentes. La gente aplaudía de pie. Yo también.

Mi madre se enamoró al compás de Luchito. Mi viejo Lizardo murió sabiendo que Lucho era el mejor. El bolerista tenía una sonrisa de ángel y una carcajada de niño. Si a algún joven de hoy no le gusta será quizá porque nació sin oído.

EL FINAL

Contaba Lucho Ramírez, conductor radial y difusor de Su Majestad El Bolero, que Lucho Barrios arrastraba una enfermedad. Trombosis decía. Dejaba entender que su familia lo descuidó por dejarlo trabajar.

El rey del bolero seguía cantando pese a que la muerte se había metido en sus entrañas. Porque la voz del pueblo es la voz de Dios, seguía luciendo su tono de jilguero y su carita criolla. Murió en su ley.

¿Qué sería él, la voz del bolero, sin la guitarra del Perú? Pero algunos hasta lo han nacionalizado chileno. De nada sirve que el Estado peruano se cuelgue de su fama y gloria; mejor sería valorar la educación por el arte en los colegios, que por fin entendamos que no hay nación desarrollada sin arte en sus neuronas.

Recuerdo a mis alumnos y evoco sus miradas mientras suena profundamente el rasgue de Marabú. No cabe duda que nuestro Lucho será mejor si los niños del Perú comienzan a imitarlo, a celebrarlo, a cantar como él. Hasta siempre tocayo, hasta siempre Luchito.

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COMENTARIOS
1 comentarios      
Releer es un placer.
27 de noviembre 2014
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