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EN EL DÍA DEL PADRE

Homero Simpson un padre singular
Este domingo 20 celebraremos como en cada tercer domingo de junio el Día del Padre y quisimos destacar a un hombre muy particular. Homero Simpson, el personaje que desde el 19 de abril de 1987 saca a relucir los detalles más divertidos y profundos de los padres de hoy. Entre risas y jocosas reacciones proyecta muchas veces el estereotipo extremo de la paternidad americana. Una sátira del rol de padre que merece ser festejada.
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EN EL DÍA DEL PADRE

Si a alguien le parece exagerado que dediquemos estas líneas a Homero Simpson pues les diré que fue elegido este año por la revista Entertainment Weekly como el personaje de ficción más importante de los últimos 20 años. Título que no muchos ‘personajes’ de carne y hueso pueden ostentar.

Homero ha sabido ganarse a la audiencia de todo el mundo. Creado por el dibujante Matt Groening, es el líder de la manada Simpson. Un modelo no tan ideal a seguir pero cuyo valor radica en la franqueza de sus acciones y la presencia constante en la vida de sus hijos.

Este masculino protagonista, que seguro celebrará el Día del Padre entre cervezas y comida chatarra, frente al televisor y con el pantalón desabrochado para que su prominente abdomen repose, también fue considerado por el diario británico The Sunday Times la creación cómica más grande de los tiempos modernos.

Pero en qué radica el éxito de este hombre amarillo cuya cabeza excede el tamaño normal, y para quien las prioridades pasan por un gran sofá, la taberna de Moe y en hacer en el trabajo, la planta de energía nuclear de Springfield, su menor esfuerzo. Un secreto que le ha valido años de ser la serie preferida de la audiencia norteamericana y latina también.

Homero es un inspector de seguridad que cumple un religioso horario que va desde las nueve de la mañana a las cinco de la tarde, tiene un lápiz de colorear instalado en el cerebro, que él mismo de pequeño se metió por la nariz, y a eso se le atribuye su somera estupidez; es ocioso, perezoso, irresponsable con las obligaciones domésticas... pero tiene una virtud por sobre todos los hombres: genera risas en su familia y acompaña, a su manera, siempre el corazón de los suyos.

Un querido antihéroe americano que refleja muy bien el desencanto de una sociedad cargada de insatisfacciones y rutinas interminables, que encuentra en este padre ‘modelo’ un desfogue, un espejo exagerado quizá de lo que es.

Homero Simpson es la encarnación favorita de padre que hace 23 años la sociedad tomó para la televisión. Un padre torpe, ingenuo bebedor, hilarante, consumidor de donuts, comprometido hasta que el cansancio o el aburrimiento llaman a su puerta... y llaman muy seguido, en cada capítulo con su público cautivo.

La evolución racional parece que nunca le llegó a Homero. Cuando uno degusta a esta estrella mediática descubre que su ingenuidad para relacionarse con Bart, Lisa y Maggie, sus hijos, es emotiva. La inteligencia y chispa de los niños amarillos de Springfield confronta a cada instante a este padre que generalmente no está a la altura de la situación. Una reflexión aparte si eso también reflejara la realidad.

Si Homero es el personaje de ficción más influyente, estamos hablando de algo muy serio y profundo de nuestra sociedad. El humor y la ironía matizados con rasgos solidarios y humanitarios es el balance que pretendieron darle a Homero casi siempre. Nunca tan estúpido que duela mirarse en él, y nunca tan egoísta que sea imposible considerarlo un referente permitido. Y a pesar de eso es un líder de opinión innato.

Un hombre dominado básicamente por sus instintos e impulsos: cuando quiere comer, come; cuando necesita ver TV, lo hace sin importar lo que tenga alrededor; cuando el bar o el béisbol lo llaman, no hay más urgencia en el mundo para él. Una radiografía de muchos hogares que también siguen al unísono la voluntad del patriarca.

En este Día del Padre ¿deberemos desear tener más Homeros Simpson en nuestra comunidad? No lo sé. Un estilo de vida poco saludable, una estructura familiar en ocasiones puesta al revés, la televisión como fuente de toda inspiración y armonía en el hogar... No lo sé, ¿cuántos hogares ya son así?

Muchos, posiblemente es la respuesta... en todo caso, daremos a Homero el beneficio de la duda y esperemos que el amor y díscolo compromiso con sus hijos y esposa sea lo suficientemente poderoso como para que los chispazos de maravillosa humanidad se multipliquen, y eso anhelamos para todas las familias.

Fuera de la risa y carcajada que este dibujito animado nos despierta, la realidad es una: un padre en casa, cumpliendo una función protectora, saliendo temprano en las mañanas a trabajar, exigiéndole a la vida lo mejor de ella para los suyos... es invalorable. Un reconocimiento y saludo a estos padres que saben que no hay emergencia más apremiante que estar al lado de sus hijos cuando más los necesitan.

Y de Homero aprenderemos la risa, la liviandad que a veces cae bien para relajar el drama natural de la existencia humana, y nos quedaremos con todo lo bueno que acaricia el alma y regala al espíritu un momento de plena estupidez; esa estupidez que a ratos nos dispersa las tensiones y evita que lo trágico se nos suba a la cabeza. A todos los padres que alguna vez han querido estar en Springfield, y a los que aún no, un saludo muy afectuoso en su día.

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