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Jueves 03 de diciembre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

Torta de cumpleaños

Una historia de harina y miel
A propósito de la historia que escribí hace solo unos días, me enviaron un artículo con un delicioso argumento, ideal para compartir con ustedes...
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Torta de cumpleaños

Del autor de la siguiente narración, solo debo decir que es un conocedor de temas gastronómicos a carta cabal. Su formación de chef, su experiencia entre aulas y su investigación acuciosa, son –entre otros- algunos de los argumentos que tiene para hablarnos con autoridad.

Luego de que mi artículo sobre el tema de la torta de cumpleaños llegara a sus manos, no dudó en enviarme este trabajo, que nos remonta a la época de Cleopatra y sus turbulentas historias.

De la pluma de Rodolfo “Locrito” Tafur, a quien agradezco, van las siguientes líneas:

TORTA DE CUMPLEAÑOS, EL REGALO DE LA AMANTE

Todo empezó buscando la definición de la palabra ‘plutocracia’.  En mi país, Perú, se está escuchando constantemente esta palabra. En verdad, no la sabía y decidí investigar. Sin embargo, como a veces el error nos lleva por caminos diferentes, comencé a buscar datos de un viejo amigo, el biógrafo, historiador y ensayista griego Plutarco, pues supuse que este señor era el inventor de la ‘plutocracia’ y miren lo que encontré: una torta de cumpleaños; mejor dicho, la historia de la infaltable compañera de los “Cumpleaños feliz, te deseamos a ti…”.

La hermosa Cleopatra IV, pese a tener como esposo a Ptolomeo IX, decidió festejar el cumpleaños de su amante Marco Antonio y organizó una fastuosa fiesta. Los salones faraónicos se colmaron de innumerables invitados; muchos llegaron inclusive de otras naciones: Persia, Grecia y Roma, preferentemente. Plutarco -biógrafo, historiador y ensayista griego- cuenta que los invitados llegados de Persia prepararon a manera de presente una especie de torta hecha de harina y miel.  Gustó tanto a los griegos que ellos adoptaron la costumbre de celebrar los cumpleaños de esta manera, con torta.

En la antigüedad no existía tal costumbre, pese a que en Babilonia los aniversarios del nacimiento eran registrados y celebrados, aunque únicamente en el caso de los varones pertenecientes a la realeza. Igualmente sucedía en Egipto: solo los faraones o los varones nobles de muy alto rango tenían reconocida la fecha en la que nacieron y solo a ellos les era permitido conmemorarla.

Son los romanos quienes con diversas leyes añaden un nuevo matiz a la celebración: los cumpleaños de los estadistas más importantes pasaban a ser fiesta nacional. Constantino I el Grande (c. 274-337), emperador romano (306-337), el primero de ellos que se convierte al cristianismo decide que tales celebraciones no se llevarán a cabo ya que los niños llegaban al mundo con la mancha del pecado original, por lo tanto no era permitido festejo alguno  y a raíz de ello desaparece momentáneamente la torta del cumpleaños.

Ya luego, en el año 245 d. C., un grupo de historiadores decide investigar la fecha exacta del nacimiento de Jesús y es así que tras sesudas discusiones se decide festejar la llegada de Cristo a la tierra y con ello se renueva la costumbre de celebrar los cumpleaños con una torta o pastel.

Tal vez uno de los países más ‘paganos de Europa medieval fue Alemania. Los alemanes en plena Edad Media, sobre todo los campesinos y en honor a sus hijos, instauran una fiesta llamada Kinderfeste. Esta comenzaba al amanecer, el niño agasajado era despertado con la llegada de un pastel coronado con velas encendidas que se iban renovando por otras para lograr mantenerlas ardidas durante todo el día hasta que, después de la comida familiar, se empezaba a degustar el pastel.

Al igual que hacemos hoy en día, el número de velas era idéntico al de los años que cumplía el pequeño, pero se añadía una vela extra en representación de "luz de la vida". El niño recibía regalos y a menudo también opinaba sobre el menú familiar pidiendo sus platos favoritos. La tradición alemana del Kinderfeste contemplaba pedir un deseo y después apagar las velas de un soplido; eso sí, solo uno, pues con ello quedaba asegurado que el deseo -mantenido en secreto- se convertiría en realidad.

¿A quién se debe la pegadiza cancioncilla del "Cumpleaños feliz"? A dos hermanas norteamericanas de Kentucky, de nombres Mildred y Patty Hill, maestras de escuela infantil que además de otras canciones, compusieron el hoy conocido "Happy Birthday" muy a finales del siglo XIX, concretamente en 1893.

Mildred, con conocimientos de solfeo, ideó la música y parece ser que Patty fue quien añadió la letra. Si bien en un principio no se llamó "Happy Birthday" sino "Good morning to all”, una especie de canción de bienvenida al colegio que gustaba tanto a los alumnos, que a menudo la cantaban incluso en los cumpleaños. Fue por eso que acabó modificándose la letra, aunque la melodía permaneció intacta. Sea como fuere, la primera vez que aparece escrita como "Happy Birthday" fue en 1924 en un librito escolar, la letra y melodía se mantiene tal y como la conocemos hoy en día.

Buscando “plutocracia”, llegué a Plutarco, Cleopatra, Marco Antonio y descubrí la torta de cumpleaños.

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