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Ernesto Sabato: el adiós a un gigante de la literatura

Referente literario latinoamericano y mundial
En la madrugada del sábado 30 de abril, a pocas semanas de cumplir cien años, el gran escritor argentino Ernesto Sabato murió como consecuencia de una bronquitis. En tiempos en que la banalización de la cultura y de la información parece no detenerse, se extrañará su lucidez y su inteligencia. Descanse en paz, maestro.
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Ernesto Sabato: el adiós a un gigante de la literatura

Nacido en Buenos Aires el 24 de junio de 1911, Premio Cervantes en 1984, Ernesto Sabato no fue solo un excelente novelista y un referente literario latinoamericano y mundial, sino que además se trató de un ícono moral, defensor de los derechos humanos, eterno rebelde y, como le gustaba que lo llamasen, “cascarrabias pero buena gente”.

Antes de entregarse de lleno a la literatura, su primer amor fue la física. En 1938 obtuvo un Doctorado en Física en la Universidad Nacional de La Plata y poco después le fue concedida una beca de un año para realizar trabajos de investigación sobre radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie de París.

En París entró en contacto con el movimiento surrealista y sus representantes, hecho que influiría luego en su obra literaria. Como él mismo cuenta: “En esos años en París, por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas, alcoholizado con aquellos heraldos del caos y la desmesura”.

Un año después fue transferido con una beca similar al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Regresó a Argentina en 1940, desengañado de la física y de la ciencia, con la decisión de abandonar ambas actividades para entregarse de lleno a la literatura y la pintura.

En 1941 aparecieron sus primeros trabajos literarios en revistas argentinas como la famosa Sur, de Victoria Ocampo, donde se encargó de las reseñas de libros, y en diarios como La Nación, donde publicó sus primeros trabajos periodísticos.

En 1945 publicó su primera obra maestra, Uno y el Universo, conjunto de artículos filosóficos en los que crítica y alerta sobre los procesos de deshumanización en las sociedades tecnológicas. “Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”, escribió.

En 1948, después de que los manuscritos de su novela fueran rechazadas por varias editoriales en Buenos Aires, publicó en la revista Sur la excelente novela El Túnel, sobre el asesinato de una mujer a manos de un pintor enamorado y enloquecido, de cuya historia se haría una película unos años más tarde.

La novela recibió críticas entusiastas de Albert Camus, que la hizo traducir al francés por la editorial Gallimard. En años posteriores, sería traducida a más de diez idiomas.

En 1961 publicó Sobre héroes y tumbas, considerada una de las mejores novelas argentinas del siglo XX, que narra la historia de una familia aristocrática argentina en decadencia, intercalada con el relato intimista sobre la muerte del general Juan Lavalle, héroe de la independencia.

"Cuando escribí esa novela, mi objetivo era lograr mediante el lenguaje poético algo que jamás se logra mediante documentos de partidarios y enemigos, intentar penetrar en ese corazón que alberga el amor y el odio, las grandes pasiones y las infinitas contradicciones del ser humano en todos los tiempos y circunstancias", declaró Sabato luego de la aparición de la novela.

Su siguiente novela, Abbadón el Exterminador, se publicó en 1974, y Sabato se incluyó en ella como un personaje más, retomando también a algunos personajes aparecidos en Sobre héroes y tumbas.

Ese año recibió el Gran Premio de la Sociedad Argentina de Escritores. Al año siguiente, obtuvo el premio de Consagración Nacional de la Argentina, y en 1976 se le concedió el premio a la Mejor Novela Extranjera en Francia. En 1978 le fue otorgada la Gran Cruz al Mérito Civil en España. En 1979 fue distinguido en Francia como Comandante de la Legión de Honor.

En 1983, el entonces presidente argentino Raúl Alfonsín, resaltando sus cualidades intelectuales y morales, le encargó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), que investigó las violaciones a los derechos humanos cometidas en los años de la dictadura militar encabezada por Rafael Videla, entre 1976 y 1983.

El 20 de setiembre de 1984, Sabato entregó a Alfonsín el informe, llamado Nunca más, pero también conocido en el mundo como Informe Sábato. En él, el escritor argentino recogió una gran cantidad de testimonios de familiares de los desaparecidos durante la dictadura militar.

El número de desaparecidos quedó fijado en 8,960, pero el informe deja constancia de que "esta cifra no puede considerarse definitiva, toda vez que la Conadep ha comprobado que son muchos los casos de desapariciones que no fueron denunciados".

La Conadep constató también que "existieron 340 centros clandestinos de detención" a lo largo de todo el territorio argentino, donde se torturó y se mató. El informe incluyó además la descripción detallada de los métodos de tortura.

Además de tener la virtud de dar a conocer al mundo los horrores cometidos en los años de la dictadura del general Videla, el Informe Sábato permitió dar inicio a los juicios a los militares que encabezaron esa sangrienta dictadura, empezando por el propio Videla, que purga condena hasta el día de hoy.

En 1984, Sabato recibió el Premio Miguel de Cervantes, el más prestigioso en lengua española. Fue el segundo escritor argentino en recibir este galardón, luego de Jorge Luis Borges en 1979.

En 1995, su hijo Jorge Federico murió en un accidente automovilístico y en 1998 falleció su esposa Matilde Kusminsky Richter. Ese mismo año publicó sus memorias tituladas Antes del fin. Y en el año 2000 publicó La Resistencia en la página web del diario Clarín de Buenos Aires, convirtiéndose de esta manera en el primer escritor de lengua española en publicar un libro gratuitamente en Internet antes que en papel.

A partir del 2005, con más de noventa años encima, dejó de salir de su casa de toda la vida, en la localidad de Santos Lugares, provincia de Buenos Aires. Se dedicó entonces solo a la pintura, ya que no podía leer ni escribir por prescripción médica debido a su casi total ceguera. La muerte lo sorprendió en su casa la madrugada del 30 de abril, pocas semanas antes de cumplir cien años.

Con solo tres novelas publicadas, Sabato se convirtió en un escritor esencial, que evoca el nombre de otros grandes como Kafka, Dostoievski, Malamud. Como ellos, Sabato escribió narraciones que exploran la condición del ser humano hasta los límites de la racionalidad y la locura.

Sábato murió alejado de los flashes de las fotos y las luces de las cámaras, apartado de periodistas curiosos, pero los lectores que alguna vez se emocionaron con las correrías de sus entrañables personajes y que vivieron como propias sus aventuras y desventuras, sus alegrías y tristezas, sus angustias y desesperaciones, recordarán siempre a ese viejo cascarrabias y rebelde que supo hechizar al mundo entero con la magia de las palabras.

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