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REVISTA

Keiko Fujimori y Ollanta Humala

La hora de la verdad
Llegó el momento de elegir. El domingo 5 de junio los peruanos decidiremos cuál de los dos candidatos será el futuro presidente del país por cinco años. En medio de la peligrosa polarización que se ha vivido en las últimas semanas, lo más probable es que al día siguiente el Perú amanezca todavía más dividido.
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Keiko Fujimori y Ollanta Humala

Una buena cantidad de personas inteligentes y respetables encabezadas por Mario Vargas Llosa ha decidido creerle a Ollanta Humala cuando hace unos días juró ante la Biblia que no se quedaría más de cinco años en el poder si resultaba elegido ni intentaría cambios constitucionales que permitiesen su reelección.

A estas personas, el hecho de que Keiko Fujimori resulte elegida les parece indigno, vergonzoso e inmoral, porque se trata de la hija de Alberto Fujimori, uno de los presidentes más corruptos y ladrones de la historia del Perú, que además ha sido condenado a 25 años de prisión por violación a los derechos humanos.

Pero existe otra gente igual de respetable e inteligente que simplemente no puede creerle a Humala una sola palabra, una sola sonrisa, un solo gesto, ni cuando reza, ni cuando coge un rosario, ni cuando jura ante la Biblia, ni siquiera cuando duerme.

A estas personas las mentiras de Ollanta les parecen demasiado chirriantes. Nada de lo que ha dicho o hecho Humala las ha convencido. Por el contrario, para estas personas el hecho de que Ollanta Humala se quitase el polo rojo, se pusiese una corbata, jurase ante la Biblia y demás gestos grotescos, delatan sus mentiras.

A estas personas les habría satisfecho que Ollanta hubiese tenido la inteligencia y la visión histórica para transformarse en verdad en un demócrata y en todo lo que jura y perjura que se ha transformado... y que lo hubiese hecho desde un inicio, por convicción; no a pocas semanas de las elecciones, por conveniencias electorales.

A estas personas les habría encantado que en verdad Humala cambiase, porque, si hubiese sido así, muchísimas de estas personas, que ahora piensan votar por la hija de Fujimori y que jamás imaginaron la posibilidad de votar por ella, el 5 de junio votarían por Ollanta. Pero estas personas no pueden creer que el candidato de Gana Perú, semanas antes de las elecciones, haya cambiado radicalmente sus planteamientos.

Para estas personas, Humala intenta engañar groseramente a los electores en cada entrevista, en cada declaración. Consideran que nada de lo que dice le sale espontáneamente de la boca ni guarda concordancia con lo que realmente piensa ni con sus objetivos reales.

Para estas personas, Ollanta Humala es el mismo individuo que, en octubre del 2000, con la dictadura de Fujimori en escombros, se levantó en Locumba el mismo día en que Vladimiro Montesinos huía, facilitando su escape. Y es la misma persona que en el 2004 ensalzó el Andahuaylazo y la muerte de cuatro policías indefensos a manos de una turba encabezada por su hermano Antauro para tumbarse el gobierno democrático de Alejandro Toledo.

Para estas personas, el hecho de que Hugo Chávez no se haya inmiscuido en la campaña electoral, a diferencia de hace cinco años, cuando intervino de manera grotesca, no significa que Humala haya roto los nexos con el dictador venezolano, sino exactamente lo contrario: ambos mantienen una comunicación tan estrecha que han decidido que lo mejor es que el presidente de Venezuela se mantenga callado porque saben que su intervención en la campaña pasada influyó en contra de Ollanta. Ya después vienen los abrazos. Por lo pronto que venga la plata.

Las personas que no pueden creerle a Humala ni cuando reza consideran que cada movimiento que realiza le ha sido indicado por sus asesores con un solo objetivo, que es acceder a la Presidencia del Perú para, una vez en el gobierno, abandonar la sonrisa, mostrar los colmillos, alejar de un zarpazo a Mario Vargas Llosa y compañía y comenzar a dirigir el país de la manera como realmente quiere hacerlo, o sea a lo Velasco y a lo Chávez con una buena pizca, ¡Oh! paradoja, de Alberto Fujimori: cierre del Congreso, cambio de Constitución, reelección indefinida, captura de poderes e instituciones, compra o mordaza de medios de comunicación, populismo que gane el apoyo de los sectores más pobres.

A estas personas, Ollanta no les despierta miedo. Les provoca una auténtica preocupación, no porque vaya a revisar unos TLC o a cobrarles más impuestos a las mineras, ni siquiera porque vaya a modificar el modelo económico. Estas personas piensan que todo eso será consecuencia de algo mucho más grave: la interrupción de la democracia y el recorte de las libertades ciudadanas.

Para estas personas, que jamás pensaron votar por Keiko pero que lo harán porque consideran que Humala es un peligro mucho más serio para el país, el hecho de que Fujimori tenga opciones de resultar elegida significa un agravio para la memoria de la nación y para la historia del Perú, por los asesinatos y los robos que cometieron su papá y su ex asesor Vladimiro Montesinos y por la manera en que ambos corrompieron la vida entera del país.

Estas personas saben que, si resulta elegida, Keiko Fujimori hallará la manera de liberar a su papá. A estas personas les provocará asco ver salir de la Diroes al ladrón y asesino con su media sonrisa, saludando a los cientos de seguidores anaranjados que irán a esperarlo.

Pero estas personas están conscientes de que si tenemos que asistir al horrible espectáculo de ver salir en libertad a un ex dictador anciano que le hizo muchísimo daño al Perú en el pasado, con la condición de que no entre otro que le podría hacer todavía más daño en el futuro, habrá que aguantarse las arcadas.

Estas personas saben que el 5 de junio no se pondrá en juego la dignidad ni la integridad moral ni los principios y valores individuales que rigen sus vidas. El 5 de junio se pondrá en juego algo muchísimo más relevante y perecedero: el futuro de una colectividad, de un país, del Perú.

Estas personas, que jamás pensaron votar por Keiko pero que lo harán porque consideran que Humala es un peligro mucho más serio para el país, no la ven cerrando el Congreso y cambiando la Constitución para reelegirse, ni repitiendo exactamente los mismos errores que su papá. La ven gobernando en piloto automático, sin tomar grandes decisiones, sin asumir grandes riesgos, sin hacer nada bueno pero tampoco nada malo.

A estas personas no les parece que la situación sea la misma de hace veinte años y que, si Keiko Fujimori libera a su papá y a Montesinos, no les resultaría tan fácil tomar el control del país. Estas personas creen que su máxima aspiración sería salir libres o mejorar las condiciones de su carcelería. Saben que sería repugnante que todo eso ocurriese, pero así lo decidió la mayoría el 10 de abril.

Cuando miran su sonrisa fingida, en cambio, estas personas sí ven a Ollanta cerrando el Congreso y cambiando la Constitución con el pretexto de que son un impedimento para las "grandes reformas" que quiere ejecutar "por el bien de los más pobres". Lo ven sometiendo poderes e instituciones, amordazando medios de comunicación, gastándose la plata del Estado para repartir regalos entre los más pobres y ganarse su apoyo incondicional. Lo ven reeligiéndose por veinte años.

Estas personas consideran que el virus del nacionalismo o del etnocacerismo le fue trasmitido a Humala no por Chávez o Velasco o Fidel Castro ni por los militares, sino, hace cuarenta años, por sus padres, desde que se despertaba hasta que se dormía (y continuaba en sueños), y que entonces resulta difícil que cambie. Estas personas creen que las únicas razones por las que Ollanta quiere ser presidente son para hacer lo que le enseñaron sus papás, sea lo que haya sido.

A estas personas les parece que, a pesar de que Humala sepa que le conviene seguir a Lula o a Mujica, igual va a andar el camino equivocado por una terquedad mesiánica o una estupidez parecida a la que demuestra Chávez (o a la que demostraron Castro o Velasco) cuando continúa con sus políticas pese a que sabe que él país hace mucho rato se le fue de las manos.

Estas personas, que jamás pensaron votar por Keiko Fujimori pero que lo harán porque consideran que Humala es un peligro todavía mayor, consideran que, en caso de una posible victoria de Gana Perú, Chávez no va a dejar pasar esa oportunidad para expandir su proyecto bolivariano.

A pocos días del 5 de junio no queda mucho más que decir. Ya todo se ha dicho, de todas las maneras posibles, en todos los tonos. Ahora solamente queda elegir, pensando no en el pasado del país, sino en el futuro.

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COMENTARIOS
1 comentarios      
El 5 de junio debemos votar con responsabilidad , por el futuro economico de nuestros hijos, desgraciadamente son las 2 peores opciones, pero el mal menor es keiko, el mal mayor es la imposicion de la locura socialista que ha arruinado a cuba y venezuela.
02 de junio 2011
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