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REVISTA

APASIONADA RUTA POR LA HISTORIA DEL PERÚ

María Rostworowsky
A pesar de sus 93 años es fácil cerrar los ojos e imaginarla sentada, como hace mucho tiempo, en su Peugeot 404 recorriendo la costa peruana. Dueña de una ternura entrañable posee una historia de vida plagada de pasión, búsqueda e inmensas verdades. María Rostworowsky es la historiadora más destacada del país. Es la mujer que rompió tabúes para gestar caminos.
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APASIONADA RUTA POR LA HISTORIA DEL PERÚ
Para no tener miedo a la muerte habrá que nacer valiente, ahora me es imposible predecir qué emociones condensan ese punto final. Procuro no pensar para no perturbar mi sensación de eternidad. Ese tiempo que espero me alcance para ver crecer a mi hija y a mis nietos y bisnietos, ese tiempo chicloso que quiero con más vehemencia desde que acuesto a mi hija cada noche y sueño con su alegría.
 
“Bueno, es que lo primero, no tengo miedo a la muerte. La vida al otro lado no me preocupa, no es preocupación mía.”
 
¡Qué más puede decir una persona que ha dedicado su vida entera a hacer lo que más amó¡ María Rostworowsky es la evidencia de que la vida es un juego de una sola oportunidad. Hay que entregarse a ella con todos los talentos y pasiones que uno traiga en la maleta.
 
María abrió puertas y maquinó sueños con el único afán de emprender una búsqueda intensa. Su padre polaco le dio este apellido casi impronunciable, su madre puneña le dio su eterna inquietud por una historia atrayente, mítica, pero escondida en el olvido. La sangre andina y europea confluyó en un llamado genético y dejó su mundo idílico en Europa para mezclarse con un país nuevo, para engendrar su vocación por la investigación y la historia aquí, en el lugar de la observación, de la curiosidad. El lugar que la vio nacer en el invierno de 1915.
 
Primer Acto
 
Crecer en una hacienda en Francia debió determinar su espíritu libre; pues a pesar de las escuelas y los idiomas, esa libertad la marcó, la condenó a buscar con naturalidad el conocimiento. Vuelve con 20 años y tiempo después, tras un divorcio que le dejó la maravilla de la maternidad a través de su única hija, Cristina, emprende su primera batalla y se arroga su primera victoria.
 
Contrae matrimonio por segunda vez. Terca, férrea, chola polaca, como se define, no le da importancia a la hipocresía y a los comentarios susurrantes de época; y se entrega a un amor que traería bajo la manga viajes inolvidables por las rutas del Perú. Allí empieza el encantamiento y despiertan sus raíces, despiertan a gritos y con las ansias de convertir su ímpetu en realidades.
 
De la mano de su querido maestro, Raúl Porras Barrenechea, emprende el reto de ser parte de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Y como alumna libre, estudia las técnicas formales de la investigación y absorbe toda la experiencia que puede, mientras compartía su educación con la crianza de su hija y su cotidiana vida familiar, asumiendo el desafío de ser una mujer autodidacta.
 
Segundo Acto
 
Pionera en su espacio, no se conformó con estudiar el mundo andino, buscó dimensionar su real profundidad. La Biblioteca Nacional era terreno masculino por aquel entonces. Las salas de lectura se iluminaban con esta presencia menuda que leía y organizaba datos para lo que sería con los años, su primera investigación sobre “Pachacutec Inca Yupanqui”.
 
Libro que hasta el año pasado revisaba con esmero para una nueva publicación en francés, “quitándole unas cosas, poniéndole otras, haciendo una introducción sobre el paisaje peruano, para una persona que no conoce América”. MR sólo dependía de su capacidad para documentar el vasto material que hallaba, en fichas perfectamente llenadas, etiquetadas en un sistema prolijo que garantizaría la seguridad y el valor de la información. Sin tecnología, su instinto era el mejor aliado.
 
Posiblemente su aporte más concreto sea haber desmitificado la esencia del Antiguo Perú. A través de documentos y crónicas que obtuvo como fuentes primarias reveló las fibras reales de una historia llena de triunfalismos e imágenes perfectas que no guardaba coherencia con la caída estrepitosa y vergonzosa que los incas sufrieran por los españoles.
 
Quien diría que con herramientas formales lograría una mirada diferente, distante de la tradicional, sin más magia que poseer una mente clara y un corazón latiendo a mil, siempre. Según narra MR “hubo dos tipos de factores. Los conocidos que son la guerra entre los dos hermanos (Huáscar y Atahualpa), la pólvora, los caballos. Pero el factor desconocido es que los grandes señores andinos querían sacudirse del Inca porque les habían quitado sus mejores tierras y se sentían despojados y la llegada de Pizarro los ayudó”.
 
Tercer Acto
 
Recreamos un ensayo de teatro, luces tenues, telón arriba, escenario vacío y aparece Mama Huaco, con su mirada altiva y soberbia energía, dirigiendo el ejército a la batalla y defendiendo su prole, su casta de mujer valiente. Uno de los arquetipos femeninos que identificó en sus muchas horas de estudio. Mama Huaco ejemplifica la relación de poder femenino y fuerza casi visceral.
 
Por otro lado tenemos a Mama Ocllo, sumisa, hogareña, el estereotipo de muchas mujeres peruanas que no sacan a flote la fortaleza que por antología nos pertenece. En MR habitan ambas, juntas y en extraña complicidad, porque no hay fuerza sin debilidad y no hay equilibrio sin familia.
 
Cincuenta mil copias vendidas de un libro académico es un éxito editorial, y si éste se dio en el Perú y el extranjero, es un milagro, MR logró tal hazaña con Historia del Tahuantinsuyo (1968), clásico libro de consulta y de lectura obligada en la cátedra universitaria. Las razones del éxito son la escandalosa ausencia de un trabajo moderno acerca de los Incas y el valiente cuestionamiento al Imperio y su estructura, motivos suficientes para resucitar el interés en una historia que nos pertenece a todos.
 
Cuestionar y dudar, ese ha sido el secreto poder que encierran sus textos. Fichó y fichó pequeñas verdades durante medio siglo para armar el inmenso rompecabezas de una historia digna de ser bien contada. Como ella dice el problema está en las raíces, en la escuela que no enseña la verdad, en los textos escolares que confunden y derrotan con un relato impresionante primero, y un frustrante desenlace después. Si comprendemos la dimensión de cada evento, si consideramos el contexto social, histórico, emocional, nuestra propia historia tendría otro sabor.
 
Cuarto Acto
 
Inesperadamente emprende en 1961 una travesía de 24 horas a través del río Amazonas con destino final: el Leprosorio San Pablo. Tras su repentina viudez realiza este viaje esclarecedor y gratificante como misionera para compartir una experiencia intensa y profunda hacia el corazón de aquellos enfermos que simbolizaban la miseria más dolorosa del mundo. Dos meses echando fuera el temor y entregándose a la aventura del servicio a los demás. “Los leprosos me dieron más de lo que yo les di”.
 
Enfrentar los giros del destino fue la especialidad de MR, sin amilanarse tomó los retos que la vida intelectual le imponía, como Agregada Cultural, Directora de Museo, miembro del Instituto de Estudios Peruanos, refugio hasta el día de hoy de sus desvelos e inquietudes.
 
Ser autodidacta seguro le dio plena libertad de pensamiento; sin embargo, en su interior, el reconocimiento formal del mundo academicista sería una ilusión que discretamente añoraba. Con 76 años, recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa por su vital y gravitante importancia en los estudios etnohistóricos del Perú. Grado académico que llega como bálsamo en una etapa que ella ha considerado la más fructífera y productiva.
 
Quinto Acto
 
Madre, abuela y bisabuela, la riqueza de MR también descansa en las arcas de una vida familiar plena y feliz. Escritora metódica, indómita guerrera e incesante buscadora de tesoros, de piezas que encajen en el universo de nuestra identidad. Su constante apoyo a jóvenes investigadores y su devoción por el conocimiento la han colocado en el imaginario colectivo, en la emoción de cada persona que se acerca a sus libros, sean cuentos mágicos basados en mitos andinos o tratados de valor histórico.
 
En un acto de extrema lucidez el Estado le otorgó en 1990 las Palmas Magisteriales por su herencia maravillosa para el país. Nunca pisó un salón de clase como maestra, pero cuando a través de tu esfuerzo logras trascender el tiempo y conmueves e impactas a miles de corazones, te conviertes en más que maestra. De esta estirpe es María Rostworowsky, de aquella hermandad que silenciosa, imperturbable trabaja y recoge los escollos del pasado, con el único interés de construir una imagen futura fortalecida y honesta.
 
Salida

Medito en no temer a la muerte, pero sí a una vida cobarde sin nada que ofrecer. María descansa en la certeza de haberse dado por entero, sin nada que llevar. Todo se queda aquí, y su hija, sus nietos y bisnietos la ven, la cuidan, y ella los ve y los cuida… así como deseo ver y cuidar a mi familia un día de diciembre a los 93 años.

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