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AÑO NUEVO, DÍA NUEVO

Cada minuto cuenta
El Año Nuevo es la fecha más esperanzadora de los 365 días del año. Es, tal vez, el único momento en el que masivamente creemos, a pesar de la borrachera o juerguita playera en la que posiblemente estamos, que las cosas mejorarán y que los días venideros serán más felices y llenos de perdices.
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AÑO NUEVO, DÍA NUEVO
Para que no me olvides
 
Si hay un Año Nuevo que recuerdo con mucha claridad es el de hace seis años, en el 2002, aquel terrible día que se incendió parte del emporio comercial de Mesa Redonda. Lo recuerdo con precisión porque gracias a esto pude comprender que el Año Nuevo significa, para muchos, ese instante de tiempo en el que emerges de tu rutina habitual y escapas para intentar recibir de manera diferente lo que vendrá.
 
Estaba fuera de Lima, voluntariamente desconectada, sin teléfono, disfrutando de la naturaleza y la bendición de poder compartir con amigos muy queridos, (porque la Navidad es familiar pero el Año Nuevo es propiedad de la amistad) abstraída totalmente de la realidad. Tomando cervezas y conversando de tonterías, piscina y bacilón, nada de reflexión o lista de metas por cumplir, nada trascendental, sólo diversión.
 
El golpe vino cuando volví a Lima, el dos de enero, y empecé a reconocer las piezas de la tragedia que empañó toda la emoción de aquellos días. Recopilé de a pocos la información en diversos diarios, pregunté por los detalles de la historia, no salía de mi asombro. Fotografías e imágenes que retrataban una desgracia de proporciones conmovedoras. Casi 300 personas fallecidas, destrucción total de la zona comercial y un dolor que perforaba la ciudad.
 
El contraste de la energía parrandera y las pilas para emprender el nuevo año con la terrible desazón que seguía rondando las calles para cuando llegué, me hicieron equilibrar la emoción de la celebración. Indiscutiblemente esa huella quedó grabada en muchas personas de mi generación, esa sensación de colectivizar el dolor ajeno y procesarlo como propio.
 
Recuerdo una historia que leí alguna vez sobre un rey al que ofrecen un hermoso anillo con una inscripción grabada que decía… no olvides que esto pasará…Intrigado el monarca pregunta el porqué de esa misteriosa frase y la respuesta lo sorprendió sobremanera. Aquellas palabras buscaban recordar al rey en cada momento de su vida que todo pasa. La honda tristeza pasa, no dura para siempre; pero la alegría extrema también, nadie puede navegar eternamente en las mareas de la felicidad.
 
Esta fecha es una especie de compromiso personal con la posibilidad de cambiar y despertar la memoria. Ese Año Nuevo decidí alimentar mi memoria de eventos como este, y aun en los momentos de euforia y plenitud, recordar que en algún lugar del mundo, está ocurriendo algo muy diferente. El impacto impregnó los años nuevos venideros; así como la ciudad ardió y sufrió, vi como se levantó superando la crisis y el miedo.
 
Volver a empezar
 
Los rituales de las doce uvas, comer lentejas, pasear con una maleta, y sobretodo el de llevar puesta ropa interior amarilla, son muestras de la necesidad de transformación que tenemos, esa necesidad de convertirnos, en alguna medida, en otro yo, pero mejorado y repotenciado. El Año Nuevo nos da ese espacio divertido y reflexivo al mismo tiempo, para creer que todo será posible en los 365 días que tenemos por delante.
 
Hacer que cada minuto cuente es mi deseo para el año que empieza, hacer que cada acción satisfaga nuestras expectativas, sean grandes o pequeñas, hacer nacer la esperanza y tener el valor para luchar por aquello que no luchamos en el 2008. Siempre queda algo en el tintero, siempre queda algo por decir, esas palabras son las dueñas del año que empieza, eso que faltó, eso que no salió de nuestro corazón debería ser lo primero que salga y lo primero que se diga la noche de Año Nuevo.
 
Entre brindis y bailes, entre las olas del mar y las carpas de nylon, entre la montaña y el hermoso paisaje que tienes al frente, o entre el televisor y tu edredón de plumas, sea el lugar que sea, allí descansa la verdadera esencia del Año Nuevo, la simple y perfecta oportunidad de comenzar de nuevo. Sin inventar una versión de ti mismo, siendo solo tu.
 
Es un privilegio despertar cada día y tener salud, dinero y amor, de eso trata cada cábala de Año Nuevo, porque no hay motivación más humana y más verdadera. Las estaciones solares cumplen un ciclo natural y maravilloso cada año, llegamos a este punto final, pero la tierra tiene la mágica posibilidad de convertir ese final en el retorno más intenso de nuestras vidas.
 
Somos el punto inicial de este Año Nuevo, cargados de energía y buena vibra recibamos ese instante en el que todo acaba y se abre paso una nueva opción. El génesis de la alegría y la fuerza. El 2009 será un año difícil para el mundo entero, la crisis financiera internacional y los cambios medioambientales son una preocupación real, sin embargo los invito a guarecer los sueños y arropar el alma.

Cinco, cuatro, tres, dos, uno… ¡Feliz Año 2009! Y que la fiesta continúe…hasta que el cuerpo aguante y la sonrisa quepa.

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