Martes 25 de junio 2019   |   Contáctenos
REVISTA

UN VESTIDO Y UN AMOR

Grimaldina Romero, una vida amando el folclor.
Son varios los personajes que gracias a este espacio he descubierto, como quién abre la caja de Pandora y conoce un universo ajeno. Personas que dedican sus días a amar lo que otros no aman, a cuidar lo que otros no cuidan... simplemente a pensar en nosotros, antes que nosotros mismos lo hagamos. Esa es la historia de la señora Grimaldina Romero, una mujer que guarda un patrimonio maravilloso y único en el Perú.
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UN VESTIDO Y UN AMOR
Nos abre las puertas de su casa, en el tranquilo San Isidro, y nos recibe con una cálida sonrisa que automáticamente nos hace sentir en casa. Me pregunto porqué en casa, si es una señora de la cual sé muy poco, y seguro ustedes también. Confío en que la respuesta llegará muy pronto.
 
Me dispongo a comenzar, con mi consabida estrategia de reportera, pero algo cambia el rumbo de la conversación, algo pasa, y la calidez que percibía en un inicio se torna más fuerte, más intensa; se convierte con los minutos que el reloj va marcando en una profunda admiración por la mujer que se descubre ante mi.
 
 
SIN BRILLOS Y ALEGORÍAS
 
Llegó a mis manos su primer libro, fruto de una investigación de más de cincuenta años, “Apuntes Históricos de la Marinera, Reina de las Danzas del Perú”, y con él llegó la historia de una promotora incansable del folclor peruano.
 
Con tan sólo dos años de edad ya disfrutaba de la música y el ritmo, que más adelante le traerían la felicidad a su vida. Hija de un hogar amante del Perú y su folclor, en él fue cultivando ese cariño por su terruño, esa pasión por lo nuestro. Bailó la marinera siendo parte de la Escuela de su maestra e inspiración, Rosa Elvira Figueroa, gestora del movimiento más grande y organizado que ha tenido el país en materia de folclor. Responsable de las primeras promociones de maestros profesionales del folclor nacional.
 
Destacó desde el inicio gracias a su gracia y soltura, producto del estímulo en casa y de las ganas de aferrarse a un baile que representaba nuestra cultura. Auténtica y original. Años más tarde decide incursionar en la moda, pero una moda inspirada y recreada en los vestidos de las primeras criollas limeñas. Encargada para ese entonces del taller de vestido de la Escuela de Folclor, asumió el reto de diseñar y confeccionar el traje para un concurso de belleza, y previa investigación de rigor, comienza una aventura que la llevaría muy lejos.
 
NO SE AMA LO QUE NO SE CONOCE
 
Una agitada existencia promoviendo el folclor la acercarían a la educación, con un punto de vista más que relevante por su experiencia como maestra, nos demuestra que la identidad es un nutriente, que al igual que la leche materna, es necesario tomarlo desde el primer día de nuestra vida. El folclor puede ser un perfecto eje educador, un vehículo mediante el cual niños y jóvenes se acerquen a sus raíces. La danza, el vestido tradicional, la gastronomía que ahora está tan en boga, son las muestras de pedazos de patria que vamos asimilando de manera natural, sin complicaciones.
 
Desde su perspectiva, la ignorancia y el desconocimiento que tenemos de lo auténtico es culpa de la educación, una educación que desdeña nuestro patrimonio vivo, y no aprecia el potencial que tenemos entre manos. “El arte es algo que no tiene idioma, ni patria, ni nada, el arte forma al ser humano, lo sensibiliza, lo hace más receptivo. Hay que darle arte a la juventud...”
 
Batallando muchas veces contra la frustración de la burocracia y la mediocridad que silenciosa colocó al folclor como arte de segunda categoría, Grimaldina ha sido incansable en su esfuerzo por ver un país que acepta su riqueza cultural y la muestra con orgullo. “No hay presupuesto para cultura, (es la respuesta que recibió de varias instituciones mientras buscaba financiamiento para su libro) cómo quieren tener juventudes cultas si no les dan cultura, he querido incentivarlos a hacer cosas, demostrándoles que sin bajezas se pueden hacer muchas cosas en el Perú”.
 
PATRIMONIO VIVO
 
La observo y presumo, sin miedo a equivocarme, que a pesar de tantos años de lucha y seguir en la brega, como ella me dice, tiene el corazón inquieto por hacer más. Indago y me quedo casi sin más palabras al escuchar cómo el compromiso con su pasión puede no tener límites ni fechas de expiración.
 
“Estoy en una edad en la que no puedo desperdiciar ni un día de mi vida, tengo que ir para adelante, y adelante... Armar el taller para que la producción no pare, crear profesionales del vestido peruano. No hay nadie con el debido conocimiento para enseñar la esencia del vestido peruano. Tengo que hacerlo yo porque quién más lo va a hacer, además  hay que tener mucho cariño”.
 
En casa tiene dos habitaciones repletas con vestidos y accesorios que forman parte de su colección “Galas Peruanas”, muestra itinerante que ha sido presentada en el Museo de la Nación, con mucho éxito, y en otros lugares de la ciudad. Colección que la llevó tan lejos como su maestra Rosa Elvira Figueroa le auguró un día al decirle: “Hazlo y continúa la obra porque esto te va a hacer conocer el mundo”, y llegó hasta la Abadía de Daoulas, un prestigioso museo en Francia donde tuvo el placer de ser parte de la exposición de las réplicas del Señor de Sipán.
 
Al contarnos este episodio de su vida, que califica sin dudarlo, como el más gratificante de su carrera artística, se le llenan de emoción y brillo los ojos, y puedo ver cuánta falta hace el merecido reconocimiento a nuestros gestores culturales, después de tanto trabajo silencioso y honesto.
 
Vinieron a buscar sus trajes, después de haber descalificado a las más prestigiosas universidades de nuestro país para la exposición, ya que sus vestidos eran muy recreados y tenían ese falso brillo que no significa autenticidad ni historia. La colección de Grimaldina fue calificada por científicos mundiales de folclor, cuyo trabajo es valorar la autenticidad del valor histórico de las piezas. Ella y sus vestidos pasaron la prueba y viajaron a Francia en 1999 para compartir esta experiencia que le regaló el título de “Embajadora de la Cultura”. Durante seis meses los franceses pudieron disfrutar de sus hermosas prendas y del atractivo cultural que ellas representan.
 
SÍNTESIS DE UNA MAÑANA INESPERADA
 
Al finalizar el libro y mi visita en casa de Grimaldina logro llegar a la misma conclusión, en la última página ella resume en unas líneas la esencia de su búsqueda y nos explica que la marinera es folclor porque nació del pueblo y fue hacia él. “El alumno conociendo su folclor... sentirá más profundamente el cariño a su patria y la hará suya, porque lo que no se conoce no se puede amar”.

Al despedirnos agradezco su tiempo y amabilidad, agradezco esa calidez que rompió la barrera del personaje e hizo que la vea como una persona, feliz a pesar del camino, soñadora por los proyectos venideros, y agradecida a la vida que le permitió conocer un Perú diferente y enriquecido por personas que disfrutaron cultivarlo sin amargura en el corazón.

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