Miércoles 18 de septiembre 2019   |   Contáctenos
REVISTA

DÍA DEL TRABAJO

El arte de trabajar en el Perú
¿Sabía que en 1905 celebramos por primera vez los peruanos el "Día del Trabajo"?, ¿sabía que años más tarde, tras arduas luchas y batallas sociales ganamos el derecho de las ocho horas laborales?. ¿Sabía que a pesar de no vivir en un paraíso, el Perú es un país creativo y pujante, original; dispuesto a salir una y otra vez adelante?. Bueno, entonces sepa usted que es parte del mismo sueño: Tener estabilidad y pasión por el trabajo que cada uno desea.
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DÍA DEL TRABAJO

Una mirada a la historia

 

El 1° de mayo es un símbolo de la lucha social y sindicalista que emergió hace dos siglos. Por el año 1886, en los Estados Unidos, se inició la cruzada más importante en la historia sindicalista. Trabajadores ferroviarios y obreros mal remunerados hastiados por su situación laboral, se enfrentaron al "status quo" con la organización de huelgas y manifestaciones, que dieron como resultado la muerte y detención de sus principales líderes. Reclamando la jornada de ocho horas con el lema: "Ocho horas para el trabajo, ocho horas para la casa, ocho horas para el sueño", equilibrio perfecto que aun ahora parece difícil de obtener.

 

Sin embargo, en aquella época la lucha social estructurada dio sus buenos frutos, relevando la participación popular y dándole una voz autorizada a cientos de miles de trabajadores menospreciados. Es así como el "Día del Trabajo" se instauró en París, en el Congreso Socialista celebrado en 1889, en recuerdo al valor de los "Mártires de Chicago", como se denominó a los líderes condenados a la horca por la masiva protesta.

 

 

Historias aparte hasta el día de hoy la desigualdad y el debilitamiento en materia de derecho laboral es algo que preocupa y preocupará. Curiosamente en los Estados Unidos y Canadá no se celebra el 1° de mayo como Día del Trabajo, sino el primer lunes de septiembre, se estableció de esta manera para sofocar en la memoria colectiva los hechos que marcaron la pauta de la lucha sindical. Pasará el tiempo y el temor a tener ciudadanos despiertos a la problemática mundial seguirá asustando a los líderes y gobernantes.

 

El trabajo, ¿una cuestión de pantalones?

 

Interesante resulta conversar con un grupo de mujeres trabajadoras sobre su sentir en el Perú de hoy, un Perú que tiene mujeres sumamente preparadas a la cabeza de los diferentes ministerios como el  Ministerio de la Mujer, Comercio Exterior, Ministerio del Interior, Vivienda y Producción. Un hito en la cuota generalmente asignada a la mujer en la política peruana. Un Perú revelador que muestra diariamente la participación de mujeres trabajadoras como agentes de cambio político, social y económico.

 

En qué medida esa realidad es la realidad de la mujer de a pie, de la que no tuvo tantas oportunidades. De la mujer que no estudió porque a su hermano lo mandaron a la escuela antes que a ella, a esa niña que quitaban horas de estudio por ayudar en las labores del hogar. Esta realidad existe y todavía parece lejana ¿no? Nos parece ajena, a nosotros que sabemos que los salones de nuestros hijos en los colegios tienen más niñas que niños, a nosotros que podemos invertir en una educación medianamente aceptable, a nosotros que las cosas no nos afectan tan profundamente.

 

Pero les propongo una reflexión colectiva en este día, pensemos juntos en esa realidad que tiene que cambiar.

 

Sin ser pesimista reconozco que los avances en derechos adquiridos e igualdad de género son importantes, desde los años ochenta vemos con absoluta claridad que el rol de la mujer a trascendido lo preestablecido; hoy podemos elegir, hoy las universidades no son más un terreno masculino, hoy las mujeres ganaron espacios que no están dispuestas a soltar, pero ¿qué ha quedado en el camino?

 

 

Todo cambio implica inestabilidad, quebrantes,  para dar paso a un nuevo equilibrio, la ley natural de la vida lo impone así, cuánto más traerá una modificación en los roles y actores sociales. La maternidad, posiblemente, es el aspecto más determinante en un gran porcentaje de mujeres, madres cuya entrega ha significado muchas veces la ponderación y armonía en los hogares, sin embargo la realidad actual supone otra perspectiva respecto a ella.

 

Analizar por ejemplo que gracias al descenso de la tasa de fecundidad y uso de métodos anticonceptivos con total libertad muchas mujeres han conseguido el tiempo para conquistar su espacio laboral. En todo caso el postergar la maternidad ha resultado provechoso en este aspecto. Ya no es una prioridad ser mamá en los veintes, pero si es un imperativo personal y social encontrar una posición profesional competitiva.

 

Y allí entra a tallar lo relevante de este devenir en la actividad laboral femenina, el elemento retador. Una constante y creciente necesidad por agrandar las capacidades y confirmar con lo cotidiano que valió la pena la lucha social y de género.

 

Cualquier ejecutiva concordará conmigo en afirmar que una mujer no puede darse el lujo de dormirse en sus laureles en el ambiente laboral; de una mujer se espera más o mucho, para no ser tan feminista. Y es que el trabajo femenino demanda organización y potencialidad más allá del escenario que hoy le toque pisar. Una oficina, tienda, el hogar, un negocio pequeño o un gran emporio, siempre la demanda está orientada a la multiplicidad de sus recursos, humanos e intelectuales.

 

Hablo de esa emprendedora que concreta un buen precio para su mercadería, cierra una transacción financiera o planifica el menú de la semana; y al mismo ritmo cocina, paga los servicios y practica la tabla del ocho con sus hijos.

 

El trabajo femenino en el Perú ha sido el pilar de la economía en innumerables hogares, mujeres creativas con agónicas faenas para alcanzar la meta del día. El universo del trabajo femenino es vasto y no se circunscribe a la cuidad, también existe la realidad de la humilde mujer que cumple más de ocho horas en una fábrica, que no puede ir a almorzar o a hacer sus necesidades básicas porque sino pierde el nivel de productividad, esa mujer rural que trabaja en su tierra por su familia sin reconocimiento colectivo, la trabajadora que sin mérito o aplauso es la más olvidada del país.

 

La más relegada de los análisis y las cifras macroeconómicas  porque navega en ese estadio de inequidad y dificultad. De esas mujeres hoy nos acordamos porque son la parte más débil, pero seguimos soñando con que eso cambiará muy pronto.

 

Perspectivas y oportunidad

 

Qué podría salvaguardar la fuerza laboral en el país, femenina y masculina, qué podría cambiar el rostro de tristeza de miles de jóvenes que año a año egresan de los centros de estudios con la ilusión de encontrar un lugar lleno de oportunidades para crecer y desarrollarse con alegría, retos y ambición.

 

Esta reflexión supone el trance del autoanálisis, tenemos ese trabajo ideal, ese estímulo que nos levanta día a día para conquistar y conquistarnos. Ese motor que nos impulsa a crear y recrear nuestras habilidades, es complicado responder en este momento crucial para el mundo. Una crisis financiera que amenaza, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con dejar a 51 millones de personas sin empleo, y que dolorosamente revela que aproximadamente 2000 millones de personas en el mundo viven con remuneraciones de dos dólares por día, es alarmante y la reflexión nunca fue más oportuna.

 

Tal vez la actitud correcta sea la más cautelosa, la más provechosa, cuidemos nuestro presente laboral sin queja,  pero no a costa de nuestro futuro. Siempre surge la discusión y la retórica a la hora de analizar qué es peor: No tener trabajo, tener un mal trabajo o tener miedo de perder el trabajo existente, los estudiosos laboralistas afirman que la mayor causa de estrés proviene de no tener trabajo, finalmente la estabilidad laboral es algo que nadie puede garantizar porque los factores exógenos son muy influyentes. Sin embargo, ¿qué de nosotros podemos modificar para encontrar mayor complacencia en nuestro trabajo?, ¿qué de nosotros podemos sacrificar para obtener mayor satisfacción?

 

Las luchas sociales recordadas al inicio nos muestran una naturaleza feroz para defender espacios propios, respetuosos y legítimos. Una batalla constante supone la misma existencia,  el hombre desde que es hombre lucha y confronta su necesidad con su realidad. Poner en perspectiva la oportunidad es la inmensa lección del trabajador peruano, un trabajador, que en muchos casos, busca la iniciativa independiente y le saca la vuelta a un sistema que generalmente se cierra. Con esto no hago apología a la informalidad, pero si a la independencia de la búsqueda, una búsqueda que en época de crisis, ayuda a contrarrestar lo desolador.

 

Las Pymes y las Mypes son una muestra del espíritu reformador del trabajador peruano, una reforma que se sostiene en el tiempo y que no espera plácidamente que la ola lo lleve a tierra firme. El boom de la gastronomía, el impulso de la moda, las artes, los servicios con valor agregado, la conciencia nacional de que si podemos... el mil oficios, ese es el peruano, pero hay que buscar la dignidad, ese trabajo que dignifica nuestra entrega, y promueve nuestro espíritu. Feliz día a todos los peruanos corajudos y tercos... porque de ellos será el reino de la tierra.
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