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Sábado 02 de julio 2022   |   Contáctenos
REVISTA

EL VOTO FACULTATIVO

Aplicación y cálculos políticos
Cuando se trata de elegir autoridades regionales y presidenciales los electores siempre discuten sobre por qué tenemos que votar obligados por la multa que impone el Estado. Muchos concluyen que el voto facultativo sería la mejor muestra de que vivimos en una auténtica democracia, sin embargo, su aplicación puede traer algunas consecuencias que solo la democracia está en capacidad de resolver.
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EL VOTO FACULTATIVO

La democracia supone el respeto absoluto de la libertad del hombre. En este contexto, en los procesos electorales la posibilidad de abstenerse de votar porque el elector está en contra del sistema o porque ninguna opción política lo convence, es una práctica democrática que una sociedad puede aplicar en su ejercicio político.

En nuestro país la tradición de votar y la capacidad del elector para hablar de democracia coinciden con las elecciones municipales, regionales y presidenciales en la teoría, pero no en la práctica. Una rápida mirada a nuestra nación nos induce a sentenciar que las personas aún no conocen que toda democracia requiere, como mínimo, aplicar el concepto elemental de ciudadanía en tu relación con la sociedad y sus instituciones.

El voto obligatorio, sin duda, no se ajusta al ejercicio pleno de la democracia puesto que se ha convertido en una coacción que el Estado aplica con la amenaza de la multa. Así al momento de elegir los electores se incomodan y muchos coinciden que el voto facultativo es lo más viable pero dentro de esa expresión se esconde la indiferencia y la abstención de gente que prefiere no acudir a las urnas porque hace tiempo dejó de creer en la política o porque simplemente su conciencia cívica le dice que hay asuntos más importantes que elegir al que va a regir los destinos de tu país.

GANADORES Y PERDEDORES

Que nuestra sociedad carece de conciencia democrática, es un hecho, pero también está en juego la capacidad para captar militantes, y de esta manera, reactivar  los partidos políticos que en la mayoría de los casos no alcanzan esta distinción y más bien, se han convertido en clubes o tiendas políticas como el caso de Unión por el Perú (UPP), o agrupaciones que están motivadas por la figura de un caudillo, como el ejemplo del Partido Nacionalista Peruano (PNP) que carece de una organización partidaria sólida como miras a obtener beneficios con el voto facultativo.

Incluso, en este mismo rubro se inscribe la figura de Keiko Fujimori de Fuerza 2011, que si bien es cierto no alcanza la figura de una caudilla está amparada por los rezagos que heredó de su padre, el ex presidente Alberto Fujimori; y también el emergente alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, que a fuerza de su silencio programático y la esperanza de cambiar el estresante transporte de Lima Metropolitana está acaparando las preferencias de los votantes según las encuestas pero dista mucho de convocar a masas electorales.

Otra es la realidad del Partido Aprista Peruano (PAP) cuyos principales líderes están convencidos de que el ansiado referéndum solucionaría el desgaste político de su partido, y sobre todo, sus cálculos electorales apuntan a que el voto facultativo les podría traer enormes beneficios puesto que en la actualidad sigue siendo el partido líder en cuanto a organización y disciplina electoral, es decir, un militante, un voto. El plato favorito del promocionado voto facultativo.

Por eso se explican los temores de la oposición puesto que con miras a sus aspiraciones políticas el ejercicio del voto facultativo no sería la modalidad más óptima para su carrera electoral.

Particularmente, estoy a favor del voto facultativo y creo que la gran mayoría de la gente apostaría por el sí en el referéndum. El problema radica en la visión del futuro de gobierno y en la disponibilidad de los opciones políticas para asumir su desventaja frente a la eficacia electoral del Partido Aprista, y, la respuesta del Estado ante un probable ausentismo electoral, que, a pesar de ser un reflejo legítimo de la democracia, pasa por elevar el presupuesto de los organismos públicos electorales para encarar procesos post elecciones si es que la ausencia rebasa el 50 por ciento. Un escenario para el análisis el cual debemos manejar con miras a la aprobación del voto en referencia.

La aplicación del voto facultativo tiene aún mucho pan por rebanar pero temo que los temores de nuestros políticos tienen más poder que la confluencia de intereses con miras a unificar los criterios que refuercen nuestra incipiente democracia.

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