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Martes 20 de octubre 2020   |   Contáctenos
REVISTA

ODIOSA NAVIDAD

De gustos y colores
Diciembre es sinónimo de Navidad. Las luces invaden las tiendas y las jugueterías rebozan de regalos. Pero no todos disfrutan del último mes del año…
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ODIOSA NAVIDAD

La que parece ser una celebración llena de felicidad y regocijo para todos, se convierte en una aborrecible fiesta para quienes dicen no encontrarle sentido a lo que califican como una "simple fecha", por lo que se han ganado más de un apelativo negativo ante su incomprendida postura.

Ya una película nos había alertado sobre la existencia del Grinch, un monstruo verde que detestaba la Navidad y todo lo que a ella recordaba y rodeaba. Nos alertaron sobre la existencia de varios de ellos y decidimos ir en su búsqueda. Tarea difícil para quien desde los primeros días del mes se preocupa por reflejar en casa aquel espíritu navideño que –como pudimos comprobar– es detestado por otros.

Preguntando entre amigos y familiares si sabían de algún ‘Grinch’ entre sus conocidos, no tardaron en aparecer algunos nombres. Así, nos topamos con Paco, para quien la Navidad es parte de un sistema lleno de consumismo donde por todos lados nos bombardean con frases muy usadas y estribillos desesperantes que solo logran engañar e ilusionar a los niños, en especial –según dice– a aquellos que no tienen ni para comer y que están todos los días en una esquina pidiendo caridad, vendiendo algunos caramelos o haciendo unas misias piruetas.

“Odio la Navidad porque las calles se llenan de gente que siempre compra sus regalos a última hora. Odio la Navidad porque ya dejé de ser niño y no hay regalos para mí, pero como todavía me siento niño me regalo lo que se me da regalada gana”, afirma este amante del diseño gráfico, quien lejos de lo que muchos pueden pensar, califica estas fiestas como una fecha “llena de engaños donde te dicen que ese día tienes que ser bueno y darle un pedazo de panetón al pobre guachimán”.

Lo mismo sucede con Eduardo, quien recuerda que de pequeño la espera ansiosa de regalos convertía ese tiempo en un pleno estado de gracia, pero “nada con el nacimiento de Jesús ni con los buenos sentimientos que deben imperar. Todo se reducía a calcular la cantidad de regalos”.

Su problema según nos cuenta, empezó en la adolescencia, puesto que “una vez que se acabó la expectativa de los regalos poco quedaba de esa primera sensación placentera. Quizá el hecho de relacionarla con el inicio del verano y el fin del año escolar hacían ultra festivo y relajado el mes de diciembre, pero las tensiones familiares hacían difícil los días previos al 25 de diciembre”.

Es quizá esa la respuesta que, a sus 34 años, explica los sinsabores de la Navidad para él. De ahí que le disguste el incesante bombardeo de villancicos en cada tienda que visita, “¡Los Toribianitos deberían purgar cadena perpetua!”, exclama. Y como señalaba su antecesor, casi todos los comerciales de televisión buscan arrancarte una lágrima, usando –incluso– el mismo anuncio de hace muchos años atrás.

Un punto aparte para este otro profesional vinculado a la publicidad, es el árbol navideño. “Cuando era soltero trataba de no meter mi mano en armarlo, salvo expresa orden de mi madre que en la quincena de diciembre estaba al borde de la locura porque la casa parecía un cementerio, sin luces ni nada de esas cosas”, recuerda.

Ahora que el destino lo colocó en la fila de los casados, cuenta que a su afanosa y adorable esposa se le ocurrió la brillante de idea de comprar un árbol inmenso con incontables adornos, con lo que ponía a prueba su paciencia. “Llevamos cuatro navidades en nuestro departamento, me encanta su dedicación, pero me vuelve loco el que intente ‘transformarme’ en un ser navideño haciéndome partícipe de los arreglos, aunque dudo que este año lo intente”, confiesa entre risas.

Muy a pesar de las cosas que le disgusta de la Navidad, Eduardo confía que en algún momento todas las negativas razones que hoy le impiden disfrutar de esta tradicional fecha, quedarán relegadas para terminar entregándose de lleno a esta fiesta. “Seguro cuando ya no me quede pelo y sea una arruga andante”, dice.

Pero este sentimiento antinavideño no es exclusivo de los varones. En esa misma ruta encontramos a Margarita, una experimentada secretaria que a sus 35 años, reniega de estas fiestas por su componente consumista y –sobre todo– por esa falsa creencia de que todos debemos ser felices.

“No me apetece hacer nada, prefiero continuar con mi vida normal, y lo peor recae en los regalos. Tengo que hacer magia con el presupuesto porque debo regalarles algo a mis familiares. No me molesta hacer un regalo a los que quiero, lo que me enfada es la ‘obligación’ de los regalos, tener que comprar algo por comprar y encima con las tiendas llenas de gente que espera los últimos días para hacerlo al igual que yo”, afirma.

A lo que se suma la antipatía que Maggie siente sobre las luces navideñas. “Detesto ver como todos los años compran nuevas luces en casa porque siempre se malogran las de la Navidad anterior. Parece ser un gasto de nunca acabar y, lo peor, es que soy la única que en casa se percata de ese derroche inútil de dinero”, sostiene.

Del mismo modo, Andrea con apenas 20 años, es otra de las que se anima a alzar su voz para identificarse con aquel grupo que dice ‘detestar’ la Navidad y todo lo que a ella la rodea. Para ella, se convierte en una temporada triste porque la lleva a épocas pasadas junto a personas que ya no están a su lado, por lo que al llegar la ‘bendita’ fecha opta por apartarse de las celebraciones, ya sea en casa o en el trabajo.

A diferencia de lo que sucede con Paco, Eduardo y Margarita, en Andrea se presenta lo que se conoce como depresión navideña o ‘blues de navidad’ que, según la explicación que encuentran los psicólogos, se relaciona con un bajón en el estado de ánimo de las personas –incluso en las emocionalmente equilibradas– lo que las conlleva a asumir una visión negativa, con cierta nostalgia, de todo lo que rodea a estas fiestas.

Comprendidas o no, las posturas asumidas por ellos respecto a una de las épocas más esperadas del año por la gran mayoría, no cabe duda que las melódicas letras de los villancicos y el espíritu que se manifiesta en las calles con las infaltables luces de colores, la Navidad seguirá siendo una de las fiestas que seguirá uniendo a las familias, a pesar de que algunos no se cansen en repetir que se trata solo de una odiosa Navidad.

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