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REVISTA

REFLEXIONES SOBRE EL MUSEO DE LA MEMORIA

¿Por qué debe construirse?
El último 16 de diciembre fue entregado el terreno donde se levantará el Museo de la Memoria que recordará a las víctimas de la violencia desencadenada por Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Aquí algunas reflexiones.
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REFLEXIONES SOBRE EL MUSEO DE LA MEMORIA

Cuando la canciller alemana Ángela Merkel comunicó al gobierno de Alan García, durante la Cumbre ALC-UE de abril del 2008, la voluntad de su país de donar al Perú dos millones de dólares para la construcción del Museo de la Memoria, no se imaginó la controversia que se desataría en torno a esta decisión.

A partir de ese día, las voces a favor y en contra se han venido alzando como gritos de una guerra que creíamos terminada. Los viejos fantasmas del pasado han vuelto a habitar entre nosotros para decirnos que el humo de las balas y de las bombas no está definitivamente olvidado.

La polémica ha incluido un artículo de Mario Vargas Llosa (El Comercio, 8 de marzo del 2009) en que el escritor, aludiendo al entonces titular de Defensa, Ántero Flores Aráoz, se preguntaba: “¿Qué puede inducir a un hombre que no es tonto a decir tonterías?”. El ministro había declarado hacía poco que el Perú no necesitaba museos porque primero se debía construir escuelas y hospitales. 

La réplica de Flores Aráoz fue decir que él no tenía por qué aguantar insolencias de nadie, ni siquiera de Vargas Llosa. Y que los escritores, por su naturaleza, sabían más de la ficción que de la realidad. Los bandos comenzaban a alinearse. Las hostilidades se iniciaban.

Menos de un mes después, sin embargo, el gobierno disponía la creación de una comisión de alto nivel que ejecutara la creación del Museo de la Memoria. ¿Quién fue nombrado presidente de dicha comisión y aceptó sin demora? El escritor Mario Vargas Llosa, quien de esta manera ganaba la pulseada al aún ministro de Defensa.

Unos meses después, el ex presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), Salomón Lerner, denunciaba que había recibido amenazas de muerte por teléfono y que sus dos perros habían sido envenenados. Acusó a sectores recalcitrantes de extrema derecha. Pero ahí no quedó el asunto.

El mismo día de la entrega del terreno para el Museo, el nuevo ministro de Defensa, Rafael Rey, convocó a reunión a los comandantes generales de las Fuerzas Armadas y al jefe del Comando Conjunto. Unos días después anunciaba que se construiría un monumento en homenaje a las víctimas militares y policiales que dejaron los terroristas de Sendero y del MRTA.

Es cierto que Rey es ministro de Defensa, pero es lamentable que generales y almirantes se dejen arrastrar de manera tan torpe e infantil al ridículo. Es una burla, además, para la memoria de los militares y policías abatidos manipular así su recuerdo. Según algunos analistas, el secreto militar mejor guardado en el Perú es el motivo por el que Rey fue nombrado en Defensa. No les falta razón.

Pero, más allá de discusiones y polémicas, ¿qué argumentos esgrimieron y continúan esgrimiendo aquellos personajes que quizás preferirían que los peruanos hiciéramos borrón y cuenta nueva?

Que un Museo de la Memoria solo mantendrá abierta la herida de esos años. Que del mismo modo que el informe final de la Comisión de la Verdad y la exhibición Yuyanapaq, solamente servirá para atacar a las Fuerzas Armadas y policiales por las tropelías cometidas por algunos de sus miembros.

Que no es tiempo para museos porque Sendero permanece activo en el VRAE y en el Huallaga. Que esos dos millones de dólares podrían emplearse para aliviar las necesidades de las viudas y los huérfanos del terror. Que el Museo se convertirá en refugio de extremistas y será utilizado para legitimar el accionar de Sendero y contribuirá a incorporarlo a la vida política nacional. 

Algunos de los promotores de estos argumentos son sinceros. Los militares, por ejemplo, piensan que así evitarán problemas judiciales a colegas que pelean en la zona de emergencia, donde algunos efectivos son sacados de sus bases para rendir largas manifestaciones ante fiscales burocráticos tras un combate con muertos. Es comprensible.

Pero otros los defienden movidos por afanes políticos que no tienen nada que ver con los intereses de los uniformados. Es perjudicial que unos se mezclen con otros, porque la causa de los primeros se deslegitima al contaminarse con el cinismo de los segundos.

El Museo de la Memoria debe erigirse precisamente porque quienes cometieron torturas y asesinaron a campesinos indefensos fueron algunos militares y algunos policías, no las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Perú como instituciones, y esta es una oportunidad para dejarlo en claro.

El Museo de la Memoria debe levantarse justamente porque en el VRAE nuestros soldados y policías continúan enfrentando a los remanentes terroristas aliados con los narcotraficantes, en algunos casos a costa de sus vidas, y la sociedad no debe dejarlos pelear solos como lo hizo años atrás.

El Museo debe erigirse porque, lamentablemente, a pesar de sus esfuerzos y de la valía de la mayoría de sus integrantes, la CVR no consiguió sus dos objetivos principales: hallar la verdad y alcanzar la reconciliación entre los peruanos.

La verdad es escurridiza y en el Perú es casi inalcanzable, como todos lo sabemos; pero no por eso debemos abandonar su búsqueda. Y la reconciliación solo se logrará, como en las relaciones humanas, en el momento en que las partes reconozcan sus errores, ofrezcan disculpas y procuren enmendarse.

El Museo debe construirse porque las terribles diferencias de todo tipo entre los habitantes de la costa y los moradores de la sierra y de la selva que facilitaron que el mensaje extremista de Sendero calara, continúan existiendo.

Continúan existiendo peruanos que, en Lima, disfrutamos de los adelantos tecnológicos y de una serie de comodidades, mientras que en algunas zonas del interior del país la gente sigue viviendo en las mismas condiciones de hace cientos de años, sin luz, sin agua y sin acceso a la salud y a la educación. Este problema no es solo político, económico o social, sino también moral. Y si por lo menos no tomamos conciencia de ello seremos cómplices de que esta situación se mantenga.

El Museo de la Memoria debe construirse porque, además de recordar, los peruanos también necesitamos exorcizar nuestros demonios para que no habiten más en nosotros y podamos ser libres de verdad. Debe construirse porque necesitamos mantener viva la memoria de aquellos que fueron asesinados. Pero también, los que quedamos vivos, debemos mantener viva nuestra memoria.

El Museo de la Memoria debe levantarse, en suma, para que, cuando aquellas personas que ahora discutimos sobre el tema no estemos más, los peruanos de las generaciones venideras se enteren del conflicto que el Perú vivió durante dos décadas y que ocasionó miles de muertos. Y para que sepan que -si no recuerdan sus terribles consecuencias, pero sobre todo las causas que lo originaron- un día puede repetirse. Y la historia puede volver a empezar.

HABLAN LOS PROTAGONISTAS

“El Museo de la Memoria debe dejar como mensaje el rechazo a la violencia en todas sus expresiones. Ello contribuirá a fortalecer la cultura democrática del país. Debe hacerse un examen objetivo de la agresión que sufrió el país por el terrorismo, que se fue gestando desde antes de los ochenta, y de cómo la sociedad reaccionó con sus instituciones, cometiendo naturalmente excesos y errores”. Alan García, presidente de la República.

“La última encuesta del Latinobarómetro pone los pelos de punta: el 50% de los peruanos no cree en la democracia y los que creen lo hacen a regañadientes, con más objeciones que entusiasmos. Reforzar la democracia es una prioridad en un país como el nuestro. El Museo de la Memoria puede contribuir muchísimo a fortalecer esas bases democráticas”. Mario Vargas Llosa, presidente de la Comisión del Museo.

“Espero, por razones de estricta justicia, que se cumpla con lo que sus impulsores han ofrecido: imparcialidad. Es lo menos que se puede pedir, porque imparcialidad no tuvo, aunque debió tenerla, la llamada Comisión de la Verdad, como tampoco la tuvieron, ni la tienen, la muestra fotográfica (Yuyanapaq) ni el monumento El ojo que llora”. Rafael Rey, ministro de Defensa. 

“Si el presidente de la República, que es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, ha dado su apoyo al Museo, estaremos allí para respaldarlo”. General EP Otto Guibovich, comandante general del Ejército.

“El objetivo es convocar a todas las instituciones representativas del país, incluso a los militares, a efectos de recibir sus aportes y descartar posibles sesgos. Todos somos peruanos sin distinción y debemos entendernos. Aquí nadie tiene prefijada una idea contra un sector. Lo que queremos es tener un museo, un recinto donde repose toda la verdad y nos ayude a reflexionar”. Salomón Lerner, ex presidente de la CVR y vicepresidente de la Comisión.

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