
Lima, julio de 2026.- El Ministerio de Salud (Minsa) advirtió sobre la importancia crítica de iniciar terapias de rehabilitación tempranas y oportunas en personas adultas mayores que han sufrido una fractura de cadera. Esta fase posterior al tratamiento médico inicial o quirúrgico resulta determinante no solo para recuperar de forma progresiva la movilidad física y disminuir los dolores agudos, sino también para contrarrestar complicaciones colaterales de alta gravedad en la tercera edad, tales como la atrofia por pérdida acelerada de masa muscular o la aparición de dolorosas úlceras por presión debido a la inmovilidad prolongada.
El valor de un plan de rehabilitación personalizado y multidisciplinario
La doctora Doris Apaza Muñoz, médica rehabilitadora del Instituto Nacional de Rehabilitación “Dra. Adriana Rebaza Flores” AMISTAD PERÚ-JAPÓN (INR) del Minsa, explicó que el proceso de recuperación física no puede aplicarse bajo esquemas genéricos. Al contrario, requiere de una evaluación médica integral que permita prescribir un programa de rehabilitación personalizado que trace objetivos funcionales específicos y medibles para el paciente, tales como volver a ponerse de pie, caminar de forma independiente o volver a subir escaleras de manera segura.
La especialista del Minsa detalló que estas rutinas especializadas se complementan de forma progresiva con ejercicios diseñados para fortalecer el tono muscular de las extremidades inferiores, reentrenar el equilibrio corporal ante la marcha y mejorar la flexibilidad articular. Todo este conjunto de intervenciones clínicas es rigurosamente guiado por profesionales en medicina física y rehabilitación que trabajan en estrecha coordinación con equipos multidisciplinarios de salud, adaptando cada etapa de la terapia a las capacidades físicas reales del adulto mayor.
La constancia médica y el soporte del entorno familiar
Un factor decisivo en el éxito del tratamiento es el cumplimiento riguroso de cada una de las sesiones programadas. La doctora Apaza Muñoz remarcó que la constancia facilita el retorno paulatino a las actividades del día a día, eleva los niveles de autonomía del paciente y actúa como una barrera de prevención sumamente eficaz contra futuras caídas de consecuencias graves. Asimismo, enfatizó que el entorno de cuidado es vital, señalando que el soporte activo y afectivo de la familia y de los cuidadores no solo garantiza que se sigan al pie de la letra las pautas terapéuticas en el hogar, sino que también estimula la seguridad mental y la confianza del adulto mayor dentro de un ambiente doméstico acondicionado y libre de peligros.
Finalmente, la médica del INR recomendó asociar la terapia física a un régimen nutricional de alta calidad que priorice la ingesta de proteínas de alto valor biológico, calcio y vitamina D, elementos indispensables para la reparación y el mantenimiento de la salud ósea y muscular. Por medio de su red nacional de centros hospitalarios y establecimientos de salud, el Minsa continúa implementando mejoras y reforzando los servicios especializados de medicina física, asegurando un acompañamiento integral y humano que proteja la calidad de vida de las personas de la tercera edad en el país.