Lunes 20 de octubre 2014   |   Contáctenos
REVISTA

El lago de los cisnes

La revancha del cisne negro
El lado oscuro esta vez toma venganza y se apodera del escenario gracias a Natalie Portman y su interpretación de una bailarina tortuosa y perfeccionista en The Black Swan. Permitió así que el Ballet Municipal de Lima repusiera el clásico Lago de los cisnes, pero bajo la mirada del mítico cisne negro.
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El lago de los cisnes

Es la primera vez que el cisne negro le roba la atención al blanco, nunca se había expuesto en portada principal su fortaleza o su desparpajo. La obra plantea una lucha entre el bien y el mal, entre la verdad de un amor dulce y la osadía de una oscura pasión.


La fama y publicidad que este personaje ha adquirido ha sido impresionante, la atracción generada por la actuación de la talentosa Natalie Portman, que tuvo que perder nueve kilos para interpretarlo con justicia, propició que el mundo preste mucha atención a lo que hay detrás de este rol, todo lo profundo que puede ser el mundo del ballet y la intensa lucha que se vive día a día en el escenario.


El lago de los cisnes es un clásico de la danza que en 1877 fue interpretado en San Petersburgo sin mucho éxito. Dos años antes, el Teatro Bolshoi de Moscú encargó al extraordinario Tchaikovsky componer la partitura de un ballet inspirado en las leyendas nórdicas que contaban las historias de hermosas princesas convertidas en cisnes.


Como era de esperarse fue años después, en 1895, que la obra alcanzó fama y reconocimiento bajo la mano de Marius Petipa y Lev Ivanov quienes le dieron la belleza, contraste y valor incalculable a la pieza. Esta mujer que es a la vez un cisne encarna ese idilio eterno con el amor imposible, dotado de un cuerpo prohibido y una entrega a prueba de engaños.


Hace 25 años, el Ballet Municipal de Lima y su directora Lucy Telge de Linder estrenaron esta obra en el Perú por primera vez. Hace 25 años vemos al cisne blanco hacer soñar a las pequeñas que asisten a ver la obra; hoy vemos al cisne negro atraer más adeptos, más apasionados por el ballet y el misterio que la maldad, porque no decirlo, también seduce.


LOS CISNES NO SUFREN


La película The Black Swan dirigida por Darren Aronofsky de solo 41 años ha causado no solo fama y más éxito a su protagonista sino también ha puesto sobre el tapete la eterna interrogante que envuelve a las bailarinas: ¿será la perfección el límite?, ¿es acaso el sacrificio la única forma de belleza?...


Una mirada atormentada y provocadora es la que plantea en el personaje de Nina Sayers (Portman), una joven que sueña con alcanzar niveles de ejecución casi celestiales para el cisne blanco y a la vez endemoniados para el negro, sin embargo, la vida real tiene de eso y a la vez no. Cada bailarina es libre, si cabe el término, de encontrar su ángel y demonio en el momento más certero. Esta profesión es de las pocas que debe empezar cuando aún las ideas no están maduras y el cuerpo tampoco, se va formando la fortaleza con el tiempo, con los ejercicios, y la perseverancia se constituye en la mejor y única herramienta para el espíritu.


Las batallas que cohabitan en la mente de una bailarina son poderosas: la constante pelea con la resistencia del cuerpo y buscar que este logre construir figuras casi imposibles y movimientos sacados de la fantasía de un coreógrafo, es lo más complejo, sobre todo si este lenguaje corporal tan prolijo y exhaustivo tiene que formarse siendo muy niña.


La perfección es un requisito en la perspectiva del espectador, nadie se sienta en la butaca de un teatro y espera ver a gente común bailando; se sienta y espera ver a mujeres y hombres que sean capaces de hacer aquello que él o ella jamás podrá hacer.


Es el espectáculo de lo imposible, de la belleza imposible, del cuerpo imposible, del movimiento imposible... en esa ruta la posibilidad de la locura que plantea Aronofsky podría tener algo de sentido, pero no es exacto, linda con lo irreal sin duda, es quizá la exageración patológica elevada a la enajenación cinematográfica más efectista, extremo al que casi ninguna bailarina llega.


LA TEMPORADA


En esta ocasión, el Ballet Municipal de Lima se presenta en el Auditorio del Colegio Santa Úrsula en San Isidro y va hasta el 3 de abril. Con más de 50 bailarines en escena, la calidad de la propuesta es innegable, haciendo siempre un esfuerzo por tener precios asequibles al público, la compañía peruana que danza al ritmo del coreógrafo ruso Mikhail Koukharev, entrega en cada función lo mejor de sí.


En esta ocasión acompaña a los primeros bailarines y solistas nacionales Diana Silva, Ronna Azaña, Grace Cobián, Frederick Ayllón, Juan Carlos Pi y Miguel Burgos el bailarin cubano Yosvani Cortellan.


La disyuntiva del príncipe Siegfried, enamorado de Odette, cisne blanco, y engañado por Odile, cisne negro, se desarrolla en dos actos cargados de una intensidad a prueba de aburrimiento y una propuesta coreográfica a prueba de mediocridad. Un espectáculo altamente recomendable; no vale quedarse solo en lo anecdótico de la interpretación de Portman o en el comentario del vestuario, hay que cultivar el arte en su expresión más completa y compleja, y esta es una buena ocasión para conocer la versión original que inspiró el filme.


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