
A mal tiempo, buena cara. El cantante juvenil Justin Bieber demostró nuevamente que no solo es un fanático del basquetbol, sino un verdadero amante en el arte de observar a bellas animadoras.
El intérprete de Baby, luego del accidente que sufrieron sus abuelos, esta vez quiso lavarse el rostro y no de lágrimas, como anhelan sus seguidores, en el baile de las porristas del Toronto Raptors.
La mirada de felicidad del canadiense fue compartida con su amigo Ryan Butle, con quien suele divertirse en las discotecas y bares, y llevar de viaje, cada vez que su novia Selena Gomez está de gira.