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Martes 24 de enero 2012

Julio Cortázar en Radio Habana, Cuba 1978: detalles de su biografía (Parte I)

Por: Orlando Castellanos*
Julio Cortázar en Radio Habana, Cuba 1978: detalles de su biografía (Parte I)
Foto: aquileana.wordpress.com

Bueno, Julio, primero yo quiero una especie de “cuéntame tu vida”. Quiero saber: ¿dónde naciste, dónde y cuál fue el medio en que se desarrolló tu infancia? Esto es para empezar.

Esto es una especie de biografía. No es que me guste mucho, no, pero supongo que son datos que solamente un escritor tiene que dar porque eso ayuda, en alguna medida, a comprenderlo mejor.

Yo soy argentino, pero por uno de esos azares de la vida me tocó nacer en Bruselas, la capital de Bélgica, y eso es bastante divertido. Mi padre y mi madre, argentinos los dos, se acababan de casar cuando a mi padre le dieron un puesto en la Legación Argentina en Bruselas. Entonces hizo coincidir su viaje de bodas con la toma de posesión de su puesto, y el flamante matrimonio se fue en barco a Bruselas. Nueve o diez meses después aparecí yo allí en Bruselas. Pero te diré que aparecí en circunstancias bastante trágicas, porque esto sucedía el 23 de agosto de 1914. Aquellos a los que les interese la historia sabrán que un par de meses antes, un mes antes, había estallado la Primera Guerra Mundial, y en agosto de 1914 las tropas alemanas del Káiser entraban a sangre y fuego en Bélgica. Se apoderaron de Bruselas antes de seguir en su ofensiva contra Francia. Entonces mi nacimiento fue muy especial, pues mi madre estaba en una clínica y los obuses alemanes caían por todos lados. De manera que fue un nacimiento un poco comprometido que casi le cuesta la vida a mi madre e, incluso, a mí mismo, pero sobrevivimos los dos. Como mi familia tenía privilegio diplomático, y la Argentina era un país neutral, una vez que los alemanes ocuparon Bélgica tuvimos la autorización para pasar a Suiza, que era también un país neutral. Allí nació una hermana mía. Somos dos hermanos. Luego la familia pudo pasar a un tercer país neutral, que era España, y ahí se quedó desde 1914 hasta 1918, en que finalizó la guerra, porque no se podía volver a la Argentina. En aquella época, por supuesto, no había aviones para pasajeros, no se podía viajar en barcos porque los submarinos alemanes los hundían a todos. Tuvimos que quedarnos en Barcelona, y mis primeros confusos recuerdos de niño, muy pequeño, son recuerdos de Barcelona. A los cuatro años volví a la Argentina, me olvidé del francés, que era el idioma que yo había hablado en ese tiempo, y me convertí en lo que soy: un argentino.

Hice mi educación primaria y secundaria en la Argentina. Por cierto, aprovecho para aclarar un malentendido, porque justamente el otro día, aquí en Cuba, unos compañeros me dijeron: “Se ve por tu acento, por la manera de pronunciar la erre, que tu vives hace 25 años en Francia”. Yo les dije: “No es así, es un defecto de nacimiento, y no tiene que ver nada con el francés”. Cuando yo era niño no había eso que se llama foniatra, que ahora en unos pocos meses arregla ese problema en un niño. Ya cuando eres adulto eso es más difícil. Yo sé que con buena voluntad, haciendo ejercicios, en un año podría, pero verdaderamente estoy muy viejo para hacerlo, y entonces que me aguanten el acento. Finalmente, lo comparto con Alejo Carpentier, que también lo tiene.

Después, ya en la Argentina, tú iniciaste tus estudios primarios, secundarios. ¿Puedes hablarnos de esta época de colegial?

Bueno, mi familia se fue a vivir a un suburbio de Buenos Aires, un pueblito llamado Banfield, que era casi el campo en aquella época. Nosotros éramos, ya te darás cuenta por lo que te conté de mi familia, no burgueses, sino pequeños burgueses. Mi padre se fue de mi casa cuando yo tenía seis años, y nos quedamos solos mi madre, mi hermana y yo, lo cual obligó a mi madre a ponerse a trabajar para educarnos. Yo me eduqué en escuelas primarias oficiales, populares.

Como se llaman aquí en Cuba,  escuelas públicas. Tuve suerte, porque si la familia hubiera seguido digamos en las condiciones en que estábamos cuando mi padre trabajaba en la diplomacia, probablemente me hubiesen mandado a esas escuelas pagadas inglesas o alemanas o francesas, donde me hubieran deformado mucho más que en escuelas públicas en que yo me crié en compañía de compañeros que eran gente muy humilde, muy pobres, hijos de obreros, hijos de pequeños empleados. Todo eso fue muy bueno, pues desde niño yo estuve en contacto con capas populares,  y completamente separado de esa cosa más sofisticada en la que probablemente me hubiera movido. Luego, cuando terminé la escuela primaria, entré en una escuela normal, y me recibí de maestro. Mi primer título digamos, fue el de maestro, e incluso ejercí como maestro de escuela primaria un cierto tiempo. Después completé un profesorado en Literatura, lo cual me permitió ser profesor en los liceos. Entonces era ya el momento en que tenía que ayudar a mi madre y me fui a Buenos Aires. Nunca entré en la universidad, yo no he hecho ningún estudio universitario. Realmente he sido un autodidacto en ese plano. Todo lo que sé lo aprendí por mi cuenta, porque ese profesorado era bastante malo, dicho entre paréntesis. Luego me permitió enseñar en liceos de provincias y ayudar a mi madre. Y así fue como en esos liceos de provincias, donde yo tenía mucho tiempo libre, empecé a leer, a devorar bibliotecas enteras, y empecé mis primeros ensayos de escritura.

¿En qué época fue esto, en qué año aproximadamente?

Mira, fue entre 1935 y 1942. Fue el final de mis estudios secundarios y la época en que ejercí la docencia en liceos. Luego, en 1944, se creó en la Argentina una universidad de frontera, en la provincia de Mendoza. Lo que se llamaba la Universidad de Cuyo. Una universidad muy joven, y como no había profesores y se sabia que a mí me interesaba mucho la literatura francesa y anglosajona, que yo sabía leer el inglés y el francés, me ofrecieron un puesto de profesor universitario. Fue una experiencia muy hermosa porque me encontré con alumnos algunos de ellos más viejos que yo. Pude, por primera vez en mi vida, enseñar lo que verdaderamente me gustaba, porque antes había tenido que enseñar Geografía y cosas así, que verdaderamente no me interesaban mucho. En el plano universitario, durante dos años, enseñé en esa universidad de provincia.

Luego empezó el primer gobierno de Perón. Hubo todos los episodios preliminares y Perón conquistó el poder, y yo, como todos los pequeñoburgueses argentinos, estaba en contra, era absolutamente antiperonista.  Incluso me metieron en la cárcel. No mucho, no me puedo jactar. Hay gente que se jacta mucho de haber estado en la cárcel. Incluso yo tenía un amigo ladrón en Buenos Aires que estaba muy orgulloso de haber permanecido 15 años en la cárcel. No sé por qué, pero estaba muy contento. No fue una cosa así. Fue sin mayores problemas, sin castigos, y entonces, naturalmente, renuncié a mi empleo en la universidad antes de que Perón me echara, para ganarle una mano. Y me volví a Buenos Aires, donde empecé a trabajar en diversas cosas. Trabajé como gerente de la Unión de Editores Argentinos, lo que me puso en contacto con el mundo editorial, que era interesante. Después, aprovechando que conocía dos idiomas, me recibí de Traductor Público, que era un oficio, una profesión excelente porque daba mucha independencia y me permitía hacer traducciones y darme buena vida. Así continué hasta 1951, en que gané una beca del gobierno de Francia. Decidí irme allá para ver qué pasaba, y decidí quedarme. Porque la verdad es que el fenómeno peronista en su primera etapa yo no lo comprendí nunca. Yo era completamente ajeno a la política. Era un hombre totalmente apolítico y yo lo sé porque tengo un gran sentido de la autocrítica. Yo vivía en un mundo estético, estetizante, de joven que escribe, que ha leído montones de libros, y lo que me interesaba era hablar exclusivamente de libros. En torno a mí había un proceso político que yo no comprendí. Ese proceso me molestaba, me hostigaba, y decidí quedarme en Francia.

Luego las cosas cambiaron, empezaron las dictaduras militares. Después de la caída de Perón yo iba a la Argentina cada dos o tres años a ver a mi madre y a mi hermana. He hecho en total algo así como nueve viajes de ida y vuelta, o sea que nunca perdí el contacto con mi país, hasta ahora, en que, por el momento, lo he perdido, porque soy verdaderamente un exiliado.

 

* Periodista cubano que después de algún tiempo, rescató la entrevista y la incluyó en un pequeño libro que nunca salió de Cuba: Formalmente informal (Ediciones Unión, 1989).  El mencionado locutor falleció en 1998.

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