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Domingo 11 de marzo 2012

Diego Torres: "A veces siento una mezcla de emoción y llanto"

El cantante argentino concedió una entrevista al diario El Clarín en el 2004.
Diego Torres: 'A veces siento una mezcla de emoción y llanto'
Foto:serperuano.com

El cantante argentino, Diego Torres concedió una entrevista en el 2004 al diario El Clarín de su país en donde relató pasajes de su vida actual y diaria. De igual manera, el músico dejó al descubierto su faceta como padre, ciudadano y hombre común durante sus días de descanso. A continuación un extracto de la conversación.

¿La casa de Diego Torres? 

Ni idea. El hombre entrecano mira con desconfianza, responde y de inmediato retoma el pedaleo de su bicicleta hasta perderse a la vuelta de la esquina. ¿Habrá pensado que era un chiste? Quizá. Si no, ahora sabe que a metros de allí vive el cantante de Color esperanza, el compositor, el actor, el hijo de la inolvidable Lolita Torres. No son muchos aquí, en este barrio tranquilo del norte bonaerense, los que saben de su existencia. Pero esos pocos lo miman y lo adoran. Como la vecina de al lado, que le regala pollos de su granja cada vez que lo ve. "Es un buen pibe. No lo vemos mucho, pero es muy correcto", aporta uno de los guardias de seguridad de la zona. "Esperen acá que Diego ya baja", avisa su empleada, y se mete en la cocina para ordenar el pedido del supermercado que acaba de llegar. Una escalera de madera comunica las dos plantas de la casa. Prevalece el naranja en las paredes y en el living se destacan la chimenea y el piano. Todo luce ordenado y limpio. El "ya bajo" se extenderá por quince minutos más. Diego llegó retrasado de una reunión y está terminando de almorzar pollo (sí, de esos gigantes que le da la vecina) con verduras. En el comedor se puede divisar un mueble de madera lleno de CDs: James Brown, Stevie Wonder, Prince, Bryan Adams, Jamiroquai, entre muchos otros. Hasta que Diego aparece en escena. Elige sentarse en uno de los sillones del living, ofrece café y da la orden: "Arranquemos". 

¿Cómo es tu vida en esta casa de Buenos Aires? 

Muy tranquila. Por suerte la gente en la cuadra es muy reservada y muy respetuosa. Hay muchos que no saben que vivo acá. Además, por cómo está el tema de inseguridad no ando dando mucho espectáculo. Tampoco soy un tipo que esté todo el tiempo llamando la atención. Si salgo a correr, me pongo mi gorrita, mis anteojos... 

¿Eres de ir al supermercado? 

No soy de supermercado ni de shopping. Me gusta más el almacén, la panadería, el negocio que da a la calle. Hace un tiempo que Diego reparte su vida entre Buenos Aires, Miami (donde tiene una casa en la playa que funciona, según define, como su "centro de operaciones"), Los Angeles (donde está instalada Angie Cepeda, su novia) y Latinoamérica. Pero si le dan a elegir, dice que su lugar en el mundo es Mar del Plata. Intentó que esa sea su base de actividades pero le quedaba lejos de todo. Las giras, los shows, las entrevistas y los compromisos lo obligan a estar a tiro de un aeropuerto internacional. Igualmente, vivir de avión en avión ya no lo estresa tanto como antes: "Aprendí a hacerlo como parte de la rutina y a tratar de tomármelo con soda. Porque para una persona normal hacer un viaje es toda una movida. Si me lo tomaba así, me iba a volver loco". 

¿Quién te hace la valija? 

Nadie más que yo hace mi valija. No es que tengo un asistente. Además es algo personal y pongo todo lo que quiero llevar. 

¿Qué llevás? 

Me llevo un kit de fútbol, otro de deporte, ropa de trabajo... 

¿Viajás en Turista o en Primera? 

Por lo general, por trabajo, viajo en Clase Ejecutiva. Como soy viajero frecuente voy acumulando millas. Y a menudo cuando llego a un lugar tengo que hacer entrevistas, ir a la radio o lo que sea y tengo que viajar mínimamente cómodo. Sobre todo si viajo para cantar. Pero también, por ejemplo, cuando voy con toda la delegación, que somos entre 18 y 20 personas, termino pasándome con ellos y me quedo toda la noche tomando mate, jugando al truco o simplemente hinchando las bolas... 

Lo que debe ser difícil con este ritmo de viajes es ser constante con el analista. ¿Hacés terapia? 

Sí, pero ahora lo tengo totalmente abandonado. Cada vez que vengo tengo un par de sesiones. Pero hace como seis meses que no voy. Es algo que tengo anotado en mi lista. 

Un adolescente 'petardo' 

Simpático, carismático y también bardero. Como la mayoría de los chicos, Diego Torres vivió su adolescencia con bastante rebeldía. En segundo año del Colegio Lasalle no le dieron la reinscripción. "Fue porque los directores dijeron que yo era muy liero. Y no estaban equivocados. Era un poco petardo. Ponía alguna que otra bombita de mal olor. Y una vez dejamos encerrado al preceptor", recuerda. Siguió cursando el secundario en el Sarmiento y después pasó al ILSE. 

Entonces sus padres pensaron que sería bueno que Dieguito se tome un respiro y viaje. Así fue como le compraron un ticket rumbo a Nueva York para visitar a su hermano Santiago, el más grande, que es médico. "Buena onda la de papá. Es que yo era una mezcla de petardo con un ser muy obsesivo y prolijo con sus cosas, con sus carpetas." Estuvo cuatro meses en los Estados Unidos y la novia de su hermano lo obligó a trabajar: le consiguió un trabajo como mozo de un restaurante francés muy distinguido. "Recuerdo que había un piano y todas las noches alguien tocaba jazz y cantaba una mina. Ahí se me empezó a despertar la bohemia. Ese viaje me abrió la cabeza", cuenta Diego, quien respiró arte desde que llegó al mundo, el 9 de marzo del 71. "Mamá ensayaba con los músicos en el living donde estaba el piano de cola. Ahí he visto, por ejemplo, a Antonio Agri, el violinista de (Astor) Piazzolla, que era increíble." 

Pero los primeros fans los conquistó con la actuación. En el 91, Diego debutaba en Canal 13 con la tira La banda del Golden Rocket, junto a Adrián Suar y a Fabián Vena. Tenía el pelo largo hasta los hombros, usaba camperas de cuero y las chicas morían de amor por él. "¿Galanes? Eramos galanes de pacotilla. Le escapábamos al mote de galán." 

¿Volverías a hacer televisión? 

Hubo un par de propuestas hace años. Pero en este momento no le dedicaría seis meses a quedarme estático haciendo televisión. Ahora me habían ofrecido conducir un programa de música en Miami, con invitados artistas. Pero no, se me complica por la cuestión del tiempo. 

¿Extrañas? 

No me desespero por estar en televisión. En cambio, siempre estoy atento a algún proyecto que aparezca en cine. 

Filmaste La furia, El juego de Arcibel..., alguna con más éxito. ¿Tenés ganas de volver a filmar? 

Siempre hay ganas. La cuestión es que pueda encajar en mi agenda. Lo que sí extraño es el teatro. Me gustaría mucho volver a actuar en teatro. Más allá de deseos y anhelos, hoy el romance de Diego es con la música. Acaba de sacar a la venta el Unplugged de MTV, su sexto disco, que incluye 17 temas: cuatro nuevos y trece hits como Qué será, Tratar de estar mejor y Color esperanza, entre otros, con versiones nuevas que presentará a partir del 4 de junio en el Luna Park. La impronta de lo nuevo sigue siendo la buena onda, más allá de todo. "Yo soy el primero que pierde las esperanzas. Y hago esas canciones -dice- porque soy yo quien las necesita. Me cruzo con mucha gente que tuvo palazos duros en la vida y que encontró en las canciones un aliciente." 

¿Sos de bajonearte mucho? 

Y... desde que la vida se empezó a poner complicada. Tratar de estar mejor, por ejemplo, es una canción que empezó con la enfermedad en los huesos que tenía mi vieja. Las canciones fueron siempre un reflejo de lo que me pasa. Cantar hasta morir, uno de los temas nuevos, habla sobre cómo uno transita la vida aceptando lo bueno y lo malo, sufriendo pero sin olvidar, como dice la letra, que vine para dejar una señal. 

¿Qué pasa si estás triste antes de un show? ¿Te ponés en profesional y cantás del mismo modo? 

Uno es un profesional pero también le pasan cosas. Hubo conciertos que me he sentido mal, angustiado. Pero más allá de los golpes siempre hubo algo que me decía: ´Dale para adelante´. Y cantar me hace bien. Hace años que vivo de esto, amo lo que hago y me nutro con la energía que recibo de la gente. 

¿Eres de expresar el bajón? 

A mí se me nota todo. Si estoy bien, si estoy cabreado, si volqué. Y también me permito demostrarlo porque siento confianza con la gente que trabajo, que son pibes (músicos y equipo técnico) que han vivido conmigo todo y me sirven de contención. A veces siento una mezcla de emoción y llanto. Pero esas explosiones son buenas. 

La luz de la tarde empieza a escasear y la charla se interrumpe para la producción fotográfica. Diego se cambia la remera por una más clarita y se dispone a sonreír frente a la pileta que tiene en el jardín de su casa. Cerquita, a un costado, está la parrilla de ladrillos. A través de una ventana se puede ver a sus dos perros, ahora debidamente guardados. Sólo falta la señora de la casa. Ella existe aunque no esté hoy en vivo. Se llama Angie Cepeda, es colombiana, actriz, y el amor de Diego desde hace ocho años. 

¿Tenés ganas de casarte y de tener hijos? 

En este momento estoy en pleno desarrollo regional e internacional como artista y eso demanda mucha responsabilidad y seguimiento. A lo mejor en 5 ó 10 años voy a querer estar en otro plan. Por otro lado, Angie está estudiando teatro en Los Angeles y además, está con trabajo. 

¿Es difícil formalizar? 

En este momento sabemos que es imposible. 

Más allá de eso, ¿te gustaría? 

Sí, claro, me encantaría. Pero no tenemos apuro. Además, hay que tener tiempo para los chicos. Tampoco vas a tener hijos para complicarte la vida. 

Ustedes la vienen piloteando desde hace tiempo... 

Sí, y nadie daba un peso cuando empezó todo. Con idas y vueltas, con crisis, seguimos estando juntos. Además, nos unieron muchas cosas. A los 9 meses que murió mamá, Angie perdió a su madre. Estábamos separados en ese momento y enseguida nos buscamos. Más allá de todo, prevalece la incondicionalidad. 

Dijeron que habías salido con Luciana Salazar. ¿Cómo fue eso? 

Es parte del candombe. Tienen que llenar espacios... 

Pero, ¿la conoces ? 

Vino al Unplugged y la había cruzado en los premios MTV. Nada más. También en un momento dijeron que yo tenía sida. Creo que hay una prensa amarilla difícil de manejar. Y opté por pasar de largo. 

Ahora es tiempo de fotos en el río, después de haber tocado unos acordes en su piano de siempre frente a un puñado de privilegiados testigos. Diego elige ir en la moto de un amigo y oficia de guía. Saluda a los pescadores, grita "Aguante Boquita" a uno que luce un gorro azul y amarillo y toma mate entre retrato y retrato. Bastante más relajado que al principio, se mueve cómodo y bien dispuesto. 

Bromea con el pelo: "Cuidame el casco", pide. Después, se cambia la camisa y deja ver las marcas que se grabó en la piel: un brazalete, una rosa y un ideograma chino que significa eternidad. Es en homenaje a Lolita, su mamá, a la que considera "eterna"

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