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Jueves 15 de marzo 2012

Paolo Maldini: "Sacchi era un maníaco del trabajo"

Ex jugador del Milan habló antes de retirarse del fútbol
Paolo Maldini: 'Sacchi era un maníaco del trabajo'
Foto: canalemilan.it

Paolo Maldini tiene 39 años y lleva 23 jugando en el Milan. Ha disputado 830 partidos con la camiseta rossonera y ha ganado un sinfín de títulos. Pero en su cara no hay rastro de tantas batallas. Por tener, no tiene ni arrugas. Entra a la pequeña sala habilitada para las entrevistas en Milanello con vaqueros, deportivas y una bufanda de colores. Parece un chaval de 25 años. A su lado, el fotógrafo está toqueteando el reostato para regular la intensidad de la luz. Algo debe de hacer mal porque la sala se queda a oscuras. "Esto está roto, hay que cambiarse de sitio", sugiere un empleado del club. Maldini se acerca al reostato y tras varios intentos consigue que vuelva la luz. "¡Si es que eres el capitán!", le dice. "¡No es cuestión de ser el capitán, sino de no rendirse a la primera!", contesta.

Pregunta. ¿Qué es lo primero en que piensa nada más despertarse?

Respuesta. En si hay sol o no. Para mí es muy importante porque si llueve mis rodillas y mis articulaciones lo notan. Duelen. Así que me levanto y subo las persianas para ver si puedo empezar el día con buenas sensaciones. Si las tengo, dedico la mañana a mis cosas porque ahora entrenamos por las tardes.

P. ¿Qué cosas?

R. Cuando consigo levantarme pronto llevo los niños al colegio. Y si no, disfruto de la casa o hago cosas mías personales.

P. ¿El fútbol nunca ha sido su primer pensamiento del día?

R. Sólo indirectamente. Estoy más pendiente del clima, de eso depende que me pueda entrenar mejor o peor.

P. Milán no es precisamente la ciudad más soleada del mundo. ¿Cómo ha conseguido mantenerse a un altísimo nivel durante 23 años?

R. Jugar en un gran equipo ayuda mucho porque disputas competiciones importantes y eso te proporciona estímulos constantemente. En un equipo pequeño quizás no hubiera aguantado tanto porque sin objetivos es imposible seguir adelante. Pero creo que en la base de todo están las ganas de jugar y sobre todo el placer que te supone jugar.

P. Empezó a jugar jovencísimo. ¿Ha tenido tiempo para estudiar?

R. Lo tuve hasta que me convertí en jugador profesional. Debuté con 16 años y la primera temporada intenté dividirme entre el fútbol y la escuela. Pero aguanté sólo seis meses: aquello era imposible. Lo dejé para dedicarme plenamente al balón. Si ya es difícil hacerlo para un chaval de 16 años, más lo es si lo tienes que compaginar con la escuela. Había que levantarse pronto, ir en metro porque no tenía carné de conducir, llevarse la bolsa de los libros y otra con la ropa del entrenamiento. Se hacía todo muy duro.

P. ¿Se arrepintió de no haber estudiado?

R. Sinceramente, no. Creo que uno tiene tiempo luego para hacerse una cultura, leer, informarse. Habiendo sido futbolista no creo que me haga falta un pedazo de papel.

P. Su hijo mayor ha seguido la tradición familiar y juega [de lateral izquierdo] en las categorías inferiores del Milan. ¿Cuando vuelve a casa de los entrenamientos le cuenta las mismas cosas que usted contaba a su padre?

R. Más o menos son las mismas. Hay una sola diferencia, que es de carácter. Yo era muy cerrado, no me gustaba mucho hablar. Mi hijo, afortunadamente, es distinto y sin que le pregunte nada me lo cuenta todo. Es una ventaja para mí porque así lo puedo ayudar. Generalmente cuando vuelve de los entrenamientos está más aliviado que cuando vuelve del colegio porque ha entendido que con 11 años las preocupaciones no están en un campo de fútbol sino en las aulas del colegio.

P. ¿A usted le pesó tener un padre futbolista y entrenador?

R. Sí, porque se hablaba mucho de mi apellido. La cosa más increíble es que Cesare no ha sido sólo un padre y un futbolista, sino también mi técnico en la sub-21, en la selección absoluta e incluso en el Milan. Así que 15 años después de debutar en Primera seguía encontrándomelo allí. No podía librarme. Aun así creo que para mí ha sido mucho más difícil al principio porque luego, pasados unos años, ni él ni yo teníamos por qué demostrar nada a nadie.

P. Hace un par de meses su padre confesó que no le dio todo lo que se merecía porque tenía miedo de que la gente hablara de usted como de un enchufado. ¿Lo notó?

R. Es normal que pensara eso. Pero yo no sufrí. Es más, prefería que me tratara con cierta frialdad. De alguna forma era yo el que quería protegerle. La gente hablaba sin saber las cosas. Por ejemplo, en la sub-21 yo ya había jugado antes de que mi padre se sentara en el banquillo, por lo tanto no tenía que demostrar que merecía estar allí.

P. Su padre colgó las botas antes de que naciera usted. ¿Qué le contaba de aquél Milan?

R. Muy poco y eso que ha sido el primer jugador del Milan en levantar una Copa de Europa. Yo tampoco he podido informarme mucho: primero porque de pequeño me daba mucha curiosidad y segundo porque no hay tantas imágenes de aquella época. Sí me hablaba mucho de sus compañeros.

P. ¿De quién le hablaba más?

R. De Nils Liedholm. Fueron compañeros de equipo y me contaba que era un grandísimo futbolista, que jugaba por todo el campo y que todos se quedaban enamorados de su personalidad. Lo entendí años después cuando lo tuve de entrenador. Era increíble.

P. ¿Por qué?

R. Porque era una persona extremadamente importante para el fútbol. Te llenaba. Fue el técnico del que más aprendí. Me ha enseñado que para ser futbolista hace falta tener técnica y personalidad y, lo más importante, que el fútbol es un juego.

P. Fue Liedholm quien le hizo debutar. ¿Recuerda lo que le dijo ese día de 1985?

R. Que me quedara tranquilo. Él sabía perfectamente que tenía mucha presión por ser el hijo de. Me confesó que me habría hecho debutar cinco meses antes pero que había visto todo el follón que se había armado en la prensa y prefirió salvarme de aquello. Yo había jugado un amistoso un jueves y los medios estaban esperando a que debutara el domingo siguiente. Liedholm quiso esperar, creo que se asustó un poco e intentó hacerme sentir más cómodo. Hasta el punto de que cuando nadie se lo esperaba me mandó a calentar y me preguntó dónde prefería jugar.

P. Fue en el lateral derecho. No volvió a ocupar esa banda.

R. Sí, pero ese día no hubo alternativa. Quitó al lateral derecho...

P. Ha jugado toda su vida en la izquierda siendo diestro. ¿Le ha costado mucho adaptarse?

R. Un poquito sí. Pero es cuestión de acostumbrarse. Además, aunque no fuera ambidiestro, estaba cerca de serlo. En las categorías inferiores siempre había jugado en la derecha, pero procuraba utilizar las dos piernas. Me fui afinando con los años.

P. ¿Nunca hizo entrenamientos especiales para eso?

R. Con Sacchi todos eran entrenamientos especiales.

P. ¿Por qué les hacía entrenar con camisetas de seis colores distintos?

R. Se llama psicocinética: intentas razonar cuando estás cansado físicamente y tienes la pelota entre los pies. Me es imposible explicarlo, así que imagínese hacerlo.

P. ¿Fue dura la transición pos Sacchi?

R. No. Cambiaron los métodos. Pero los jugadores seguían siendo los mismos. Fue cuestión de acostumbrarse a Capello. Nada más llegar Fabio se hizo una gran política de refuerzos. Y ese fue el equipo más fuerte, en cantidad y calidad que ha tenido el Milan. Nos faltó algo de suerte en las finales europeas, si no habríamos sido imbatibles.

P. ¿Cómo eran los métodos de uno y otro?

R. La gestión de un equipo es algo siempre muy personal que depende de las creencias y experiencias de cada uno. Arrigo Sacchi era un maníaco del trabajo. Hablaba de fútbol todas las horas del día, no te permitía ni desconectar ni respirar. Quería siempre que estuvieras pensando en el próximo entrenamiento y en el próximo partido. Fabio Capello ha sido futbolista y sabe perfectamente que hay periodos en los que un jugador necesita poder pensar en otras cosas porque si no llega a mitad de temporada fundido mentalmente.

P. ¿Y Ancelotti?

R. Es la mezcla perfecta de ambos aunque tenga un carácter totalmente distinto. Lo que lo hace especial es la relación que tiene con los jugadores. Además, ha ido adaptándose día a día a los nuevos tiempos. El fútbol ha cambiado radicalmente respecto a su época de jugador y él se moderniza constantemente.

P. ¿En qué ha cambiado más el fútbol en los últimos 20 años?

R. Físicamente ya no es lo mismo. El nivel de exigencia física es tremendo. El fútbol de ahora es un fútbol muy físico y muy táctico. Lo bueno es que las diferencias siguen haciéndolas la técnica, la personalidad y el talento de los jugadores.

P. Lo que se mantiene es la violencia en el calcio.

R. Creo que es un problema social. El fútbol en este caso es un pretexto como cualquier otro para juntarse con otros delincuentes y liarla.

P. Decía Guardiola que el Barça de Cruyff le recordaba al Milán de Sacchi: Baresi, Van Basten, Ancelotti, Rijkaard, Tassotti... Cuando tienes a un entrenador que te descubre el fútbol como un juego y te cuenta por qué ganas o pierdes, te animas y quieres manejar tú esas claves.

R. Yo eso del fútbol como juego lo veía más en Liedholm. Pero claro, él no tenía el equipazo que tenía Sacchi. La suerte que ha tenido el Milan en estos últimos 20 años es haber creado un equipo base muy sólido. Eso es lo que se encontraron Sacchi y Capello. Es verdad que nos han dado mucho, pero el ciclo victorioso del Milan lo han comenzado cuatro hombres fortísimos en defensa más Van Basten y Gullit.

P. Jugó de lateral y de central. ¿El campo se ve da una forma distinta?

R. Sí. De central lo ves y lo dominas todo y si tienes las cualidades para hacerlo puedes jugar con los dos pies. De lateral, además de tus compañeros, estás en compañía de la banda y eso delimita mucho tu espacio de juego.

P. Por lo que cuenta Frank Rijkaard es un defensa un poco peculiar. Dice que no hablaba mucho en el campo.

R. Es normal. Siempre era uno de los más pequeños. De todas formas, Rijkaard también hablaba muy poco, era uno de los que siempre pensaba en sus cosas y no se metía en los asuntos de los demás. Fuera del campo era un cachondo, me reía mucho con él y en el campo era un portento físico, un futbolista moderno que sabía atacar y defender. Eso sí... a veces era un poco perezoso... lo daba todo pero en los entrenamientos si algo no le gustaba resoplaba y aunque no protestaba dejaba entender lo que no era de su agrado.

P. Habrá tenido que pegar algún grito a alguien...

R. Gritos no he pegado nunca a nadie. Y si he gritado ha sido en estadios llenísimos para que me escucharan los compañeros. Por ejemplo, con Baresi habíamos llegado a conocernos a la perfección, habíamos aprendido todos los mecanismos y casi no hacía falta hablar. De todas formas, lo de la comunicación en el campo cuenta, pero sólo hasta cierto punto. Claro que con los años y el brazalete de capitán las cosas cambian y a lo mejor tienes que hacerte sentir.

P. Da la impresión, viéndole jugar, que disfruta siendo defensa.

R. Michel también me lo dijo un día. Es verdad, pero también disfruto atacando. Los dos primeros años en las categorías inferiores del Milan jugaba de extremo y esto me ha ayudado mucho. El gol es el objetivo de cada jugador, juegue donde juegue. He tenido la suerte de jugar en un equipo que hace un fútbol muy ofensivo y de contar con entrenadores que me daban libertad para subir y eso sí que ha sido una gozada. Cuando empecé a jugar de central sí que he podido demostrar más mis características defensivas.

P. ¿Se ve en Facchetti?

R. No sé. He visto demasiado poco de él como para verme reflejado. Seguramente ha sido uno de los primeros futbolistas modernos: el primer defensa que subía la banda y marcaba goles.

P. ¿Quién ha sido su ejemplo dentro del campo?

R. Franco Baresi. Es el que me ha enseñado a comportarme y el que me ha enseñado qué es la fuerza de voluntad.

P. Baresi dice que usted era imbatible en el uno contra uno y que le vio en dificultad sólo una vez. Contra Maradona.

R. Me he encontrado en dificultad muchas más veces y con mucho más jugadores. Pero Maradona era el más imprevisible de todos y el jugador más fuerte al que me he enfrentado.

P. ¿Messi puede llegar a emularlo?

R. Tal vez. Es un fenómeno, con el balón en los pies hace cosas impresionantes. Pero lo que tenía Maradona era una personalidad enorme y la transmitía a los demás. Si Messi la consigue sí que podrá alcanzarlo.

P. ¿Y Van Basten?

R. Es el que más se acercó a Maradona aun jugando en roles distintos. Me ha pasado algo curioso con Marco. Jugando con él le veía virtudes y defectos, pero cuando fuimos adversarios, en la selección, sólo le veía virtudes. Su fútbol deslumbraba.

P. Ha recibido muy pocas tarjetas. ¿Ser correcto es algo que se aprende o se hereda?

R. Creo que depende del carácter. Hay que ser capaz de controlar los instintos. Todos tenemos debilidades y a veces las reacciones son inesperadas. A mí también me ha pasado. Pero lo que siempre le digo a mis hijos es que si tú das respeto, obtienes respeto.

P. ¿Recuerda la última vez que le expulsaron?

R. [Se queda pensando varios minutos]. Hace diez años. Con Materazzi, no hace falta que diga nada más.

P. ¿Quién era su ídolo de niño?

R. Bjorn Borg, que era muy silencioso jugando al tenis, y Edwin Moses, que siempre ganaban en los 400 metros vallas. Me atraían las figuras deportivas ganadoras.

P. ¿La pena más grande?

R. La selección. He vivido experiencias magníficas pero no he ganado ningún título. Es la vida: no se puede tener todo.

P. ¿Qué tiene Cannavaro más que usted para haberse llevado el Balón de Oro?

R. Un Mundial. Y no es fácil ganarlo. Se lo ha merecido. A veces hay que ser bravo en el momento decisivo. No es que yo no lo fuera, he perdido un Mundial en los penaltis y una Eurocopa en el último minuto, simplemente es cuestión de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado.

P. ¿Quién ha sido el mejor defensa de la historia?

R. Todos dicen que Franz Beckenbauer, pero yo lo he visto jugar muy poco. De los últimos 25 años para mí el más fuerte ha sido Baresi. Era uno de los más completos.

P. ¿Sigue la Liga española?

R. Sí. Sergio Ramos es muy bueno. Juega de central, de lateral, es fuerte físicamente y tiene personalidad. Ahora mismo es el mejor defensa de Europa.

P. En 2008 termina su contrato. ¿Qué hará luego?

R. Me quedan seis meses así que tendré tiempo para tomar decisiones. Lo que tengo muy claro que es que no me dedicaré a entrenar. No me gusta nada y quiero hacer cosas que me gusten cuando deje el fútbol profesional. No he cambiado nunca de ciudad siendo jugador y no lo haré ahora convirtiéndome en entrenador (Con información de El País).

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