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Domingo 18 de marzo 2012

Ernesto Sábato: "El hombre es el ser más siniestro de la creación"

El escritor argentino se calificó como un ángel-demonio de su propia felicidad.
Ernesto Sábato: 'El hombre es el ser más siniestro de la creación'
Foto:seniales.com

El famoso escritor argentino, Ernesto Sábato, autor de obras como "El Túnel" y "Sobres Héroes y Tumbas" habla de cómo se califica a él mismo. Siente que es un hombre perdido en su laberinto interior, un ángel-demonio que no conoce la felicidad y que admira por sobre todas las cosas el coraje y la lealtad. Sábato asegura que odia escribir, se ríe del "boom de la literatura latinoamericana" y teme por sobre todo que sus ideas se vulgaricen y se mal interpreten. A continuación una entrevista realizada por la Organización Cultural 'La Insignia' en el 2001.

¿Le gusta la literatura y se considera uno?

No. Soy un francotirador. Tengo con la literatura la misma relación que puede tener un guerrilero con el ejército regular. No soy un escritor profesional. Detesto la literatura y los literatos.

Si no fuera escritor ¿qué le gustaría ser?

No me gusta ser escritor. Me gustaría ser arqueólogo, lingüísta. O tener un pequeño taller mecánico en un barrio desconocido.

Hablando de política, de la realidad argentina y de la chilena, opina que no se puede estar al margen de los procesos de cambio que tienen que enfrentar los países subdesarrollados.

Ningún hombre lúcido, digno y generoso puede apoyar la injusticia en ninguna de sus formas. Soy partidario de la transformación social. Pero quiero justicia social con libertad. No quiero que se reemplace la esclavitud economica por la esclavitud política. Todas las esclavitudes me repugnan.

¿Cree en el hombre?
Sí, a pesar de ser el animal más siniestro de la creación. Si no creyera en el hombre ¿cómo podría seguir viviendo?

¿Piensa que hay un ‘boom’ en la literatura contemporánea?

No creo en el "boom" de la literatura latinoamericana. Las modas nada tienen que ver con la historia profunda de una literatura. Kafka no formó pate de ningún boom de literatura checa.

¿Qué opina del lector?

Para él escribo.

¿Logró expresar a través de su obra todo lo que quería?

Cada obra es un borrador de algo que uno intenta decir. Las obras sucesivas se acercan o se deberían acercar, cada vez más, a ese misterioso enigma de uno mismo. La preocupación fundamental de mi obra soy yo mismo, es decir, el hombre. Decía Kierkegaard que en la medida en que ahondamos en nuestro propio corazón ahondamos en el corazón de los demás.

¿Cuál es el recuerdo más agradable y cuál el más desagradable de la escritura de "Sobre héroes y tumbas"?

Hace tanto tiempo, imagínese, han pasado 40 años. Para recordar, más bien imagino recordar, y entonces, melancólicamente me recuerdo en el cuartito de delante de mi casa, obsesivamente escribiendo con poca luz aquellos hechos que me poseyeron durante meses, años. Sé qué entrañable me era Martín y cómo me emocionaban esos personajes como Hortensia Paz que desbordan en candor, en bondad. Los más duros seguramente han de haber sido los momentos del relato de aquellos hechos que han desgarrado a nuestra Argentina, como la Revolución del 55.

¿Cuál fue la mayor satisfacción que le deparó, una vez publicada, «Abaddón, el exterminador»; y cuál el peor disgusto?

Creo que la mayor satisfacción que me dio Abaddón una vez publicada fue el Premio al Mejor Libro Extranjero que me otorgaron en Francia. Una distinción muy prestigiosa por la cantidad de libros que se evalúan. El peor disgusto quizá haya sido el enfrentamiento que por entonces tenía el grupo del boom conmigo y que se agudizó por distintos comentarios que mis personajes dedican a la política, a las ideas que circulaban en aquel tiempo. Fíjese que algunos de mis críticos de entonces, afines a tendencias de la época, que por entonces me criticaban por no ser suficientemente de izquierdas, por ejemplo, luego tomaron actitudes simétricamente opuestas, tan sólo porque les resultó conveniente.

Por cierto, «Abaddón, el exterminador» y «Sobre héroes y tumbas» ofrecen más de un párrafo burlón hacia las utopías sociales, y también hacia la repetición de clichés en las supuestas vanguardias culturales; amplíeme un poco más cómo fue recibido esto en la candente época en que la novela fue publicada.

No estoy de acuerdo con su pregunta. Yo toda la vida he sido un venerador de las utopías, y me he jugado la vida tanto en la época en que pertenecía al Partido Comunista hasta llegar a ser el secretario de la Juventud Comunista en Argentina, como en tiempos del Proceso. Lo que siempre he rechazado es la reivindicación de políticas y de ideologías sin que ésta comprometa la vida de quien la hace. Sí, en cambio, he ironizado sobre las supuestas vanguardias culturales en la boca de algunos personajes. Detesto el esnobismo que ha reinado en la pintura durante décadas, y también muchas veces en la literatura.

A 40 años de su publicación, ¿cuáles cree que son los valores más perdurables de "Sobre héroes y tumbas" y "Abaddón, el exterminador"?

No soy quien puede decir los valores perdurables de mis propios libros. Pero no reniego de ninguna de las ideas que allí expreso, ni de su estructura literaria: no hay por qué evitar las reflexiones, ni las ideas, ni las posturas en las novelas.

¿Cuál cree que es el principal avance, y cuál el principal retroceso, que ha vivido Occidente en los últimos 40 años?

El mal mayor de los últimos años es el hecho de que la Humanidad se consagró -esta es la palabra que corresponde- al más desenfrenado materialismo, a pesar de las advertencias que se levantaron en contra de esta carrera deshumanizadora. Lo mejor es la solidaridad que va tomando lugar entre los hombres.

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