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Martes 27 de marzo 2012

Carlos Ancántara: "Robé por pertenecer al grupo"

El gran actor y comediante Carlos Alcántara revela su lado más gracioso: él mismo.
Carlos Ancántara: 'Robé por pertenecer al grupo'
Foto: tuteve.com

Carlos, de los 16 a los 22 años fue tu edad difícil, ¿qué aspirabas ser y compáralo con tu presente?

Siempre he aspirado a ser famoso. Pero entre los 16 y 22 años pasé una etapa muy crítica, ya que consumía mucha droga y no solo eso, sino fui por el lado un poco turbio de la vida…

¿Qué hacías?

Robar, pero no por necesidad, sino por pertenecer al grupo.

¿Alguna vez te metieron preso?

No, no, no. En realidad, solamente he caído en la comisaría de mi barrio, pero jamás me encontraron robando. He caído por batidas.

¿Qué robabas?

Animales. Los vendía, los cambiaba por otros animales o los llevaba al Mercado Central y los revendía. Robaba, por ahí, algunos balones de gas, algunos faros. Vas queriendo más cosas. Me comenzó a gustar el hecho de tener plata fácil. No lo cuento para que la gente diga “¡ah, manya!” En realidad, fue la peor y más estúpida etapa de mi vida.

¿La calle te ha dado experiencia o “cancha” para ser lo que eres ahora?

Sí, y eso lo agradezco siempre en mi espectáculo. Agradezco el hecho de haber vivido en mi barrio “La Unidad Vecinal de Mirones”, haber “mataperreado” y haber estado con la mancha de los más “palomillas” siempre, porque ahí aprendí a hacer humor también. Yo no soy el mejor, en mi barrio hay extraordinarios comediantes.

Tú vienes de la época del trompo, ¿qué piensas del chat, del Messenger?

Son un par de palabras que no son muy ajenas a mí, ya que tengo un hijo de 24 años. No pertenezco a ese pequeño mundo, pero de hecho son dos enfermedades actuales muy necesarias.

Si tuvieras 15 años, ¿estarías pegado chateando como un energúmeno?

Probablemente, porque siempre me pegué con las cosas que se ponían de moda. Por ejemplo, a mis 15 años estaba pegado en el fulbito de mano, en el Pinball, en la billita con esos ruiditos, al billar, y el taco eran mi perdición.

Tu promocionas la marca Perú en el mundo, ¿qué cosa te gusta y disgusta de este país?

Me gusta la riqueza, en todo sentido. Me agrada la gente. Lo que no me gusta es el común peruano chismoso, flojo, que no trabaja, que juzga, que no maneja bien, que no se conduce bien cívicamente en la calle. Eso es lo que a mí me aterra y está yendo a la deriva, la inseguridad, la informalidad, la ignorancia.

¿Te sentirías feliz siendo pobre, te adecuarías?

Es una muy buena pregunta. No me lo he planteado ahora. Nunca he sido pobre, porque pobre es un término fuerte y en el Perú hay mucha pobreza. Eso quería aclararlo, porque en algún momento una persona de mi barrio salió diciendo que por qué yo había dicho en un especial de televisión que había sido pobre, lo que dije fue: “Teníamos carencias como todos, en la clase media obrera”.

¿Qué le aconsejarías a John Quispe de 18 años, recién salido del colegio, quien está “lateando” por el Cono Norte?

Que aproveche su tiempo en la totalidad, porque después pasan los años y ese tiempo no se recupera. Le recomendaría que lea, estudie, se capacite, se trace metas. Que no necesariamente tienen que hacer lo que le dicen los papás que haga. Que vivan y persigan sus sueños.

¿Has tenido jale con las flacas? ¿Cómo afanabas?

Sí, afanaba bailando. Siempre he sido muy conversador, muy de decir cosas simpáticas y he tenido tacto y tino para decir la palabra o frase exacta.

¿Cuál era la frase exacta?

“No me mires así, porque me derrito”.

Ahora abundan los “telos”. Antes casi no existían, ¿cómo hacías, porque además las chicas eran más difíciles, no?

No he tenido mucha actividad sexual. Recién a los 18 años empecé con una mujer, pero mi despertar sexual fue mucho antes con “autoservicio” (sonríe).

¿Alguna vez fuiste a un burdel?

Sí, solo una vez y juré nunca más ir. Lo hice, porque mis amigos mayores iban. No me gustó, porque no tenía los 3 soles, solo 2.50 y por esos 2.50 me tocó una tipa, en general, bastante desagradable que fingió. Fue un momento muy fuerte. Se me fueron las ganas. Y le dije: “¿No sé qué me pasa?” Ella me respondió: “Estás hasta las huevas chibolo, anda a tu casa”.

Dicen que cuando la mamá influye demasiado en el hijo hombre lo hace medio “lorna”, ¿qué tanto marcó tu vida tu mamá?

Mi mamá no me sobreprotegió nunca. Más bien, me dio libertad, porque quisiera o no, me escapaba de mi casa y, en ese sentido, se lo agradezco. Pero sí creo que la sobreprotección no es una buena compañera de la libertad para los niños.

¿Sientes que te estás volviendo viejo?

Siento que he envejecido. Lo tomo por el lado físico, ya que siempre he sido superdeportista y hace unos dos o tres años me enfermo más seguido que antes.

¿Te gusta más Carlín o Galdós?

Carlín, sin desmerecer el trabajo de Galdós, porque más me gusta leerlo que verlo, escucharlo que verlo. Él funciona detrás de un micrófono de radio o detrás de un lapicero escribiendo en “Somos”.

¿Cuál ha sido el peor gobierno que te tocó vivir?

Definitivamente, el primer gobierno de Alan García. Y yo he vivido el de Velasco, era muy chico, pero sí recuerdo los grandes problemas. Los dos gobiernos militares no han sido buenos.

¿Crees que Humala va a realizar un buen gobierno?

Sí, porque tiene claro lo que quiere. No es que yo esté abanderado, ahorita, con el señor Humala. Primero, lo satanicé como un borrego sin escucharlo y después de escucharlo y leer el Plan de Gobierno, siento que es una persona inteligente, porque ha sabido darse cuenta que el público lo ha estigmatizado y ha tenido que ceder ante algunas cosas, va por buen camino.

Describes en “Asu mare” que tu mamá, Chabela, te “cataneaba”. ¿Te sirvió en la vida?

Sí, pero no justifico eso, porque no se debería “catanear” a los niños. Mi mamá tenía límites también, no me daba sin parar. Me daba tres o cuatro correazos y se volvía loca un ratito. Era la época y ya sabíamos a lo que nos ateníamos cuando llegábamos tarde o hacíamos una malacrianza.

¿Cómo era tu familia?

Disfuncional. Mi papá no movía un dedo. Ni trabajaba ni tenía autoridad ni estaba. No era un buen ejemplo. Mi mamá tenía que trabajar. No tenía tiempo. Y venir a las 9 de la noche y ver la casa de cabeza, con los platos de comida tirados en la mesa sin recoger, moscas, la casa sucia, el televisor en el piso que se había caído y estaba roto, porque habíamos jugado.

¿Qué tal la relación con tu papá?

No tengo ningún tipo de relación.

¿Es verdad que de niño te parecías a Charlton Heston?

(risas) No, no. Eso lo han inventado. Yo pensaba que me parecía a Camilo Sesto. Había fotos mías de 14 y 15 años, y me veía igualito a Camilo Sesto.

Te autocalificaste como “fintero”, específicamente, ¿por qué?

Porque siempre finteaba de todo. Finteaba que sabía inglés, finteaba que tenía apellido extranjero. Si se ponía de moda John Travolta, yo hacía la finta que bailaba como él. Finteaba que vivía en otro barrio, finteaba con las chicas de que se me había malogrado el carro y corría tabla. Soy un “fintero”.

Confesaste que alguna vez probaste drogas, ¿qué tipo?

¿Quieres que te diga que probé o que no probé? (sonríe). He probado pasta, coca, marihuana, hongos, jarabe para la tos, pastillas para los nervios, trago, cigarro, Terokal, gasolina, popper. ¿Sabes lo que es popper? Ponlo nomás (sonríe)... Fue una estupidez, es más, soy un sobreviviente. Muchos amigos han muerto y, de verdad, si hay gente que está leyendo y realmente puede decidir no seguir haciéndolo, que no lo haga, porque por más deporte que hagas, siempre te daña la salud.

¿Alguna vez pensaste en suicidarte?

Sí, en varios momentos de mi vida lo he pensado. Cuando llego a un estado en el que no encuentro una solución inmediata, una crisis fuerte, depresiva. Lo he pensado, pero ni siquiera lo he intentado.

De chico, ¿te produjo una gran decepción no ser rubio de ojos celestes?

(risas) Pero eso tiene un porqué. Si tu mamá o tu entorno no hubiera recalcado que ese tipo de raza era mejor que la tuya, no te hubiese pasado eso. Si mi mamá cada vez que veía un niño rubio o actor rubio o una chica rubia no hubiera dicho: “Mira qué lindo, rubio, con ojos azules ¡parece un príncipe! ¡Parecen unos angelitos!” Si yo no hubiese ido a tantos castings, donde a los que elegían eran blancos, castaños y ojos claros. Si no hubiera visto que los blancos, en general, tenían más éxito, seguramente no hubiese pensado así.

Actualmente, en este país, ¿el blanco tiene más éxito que el mestizo?

No, ya no. Hace años que ya no.

En tu show tocas el tema del complejo que tenías por no ser blanco y que le pasa a muchos, ¿es tan “terrible ser mestizo”?

No, para nada. Lo que pasa es que uno debe tratar de ser feliz con lo que le tocó ser, de donde viene, de sus raíces y ese es mi mensaje: “No renegar de tu raza, ninguna raza es mejor que la otra”. Si tú cuando escuchas a un negro diciéndole a un amigo: “Puta, estoy saliendo con una blanca para mejorar la raza”. Ahí se comete un atentado, porque ¿cuál de las dos razas va a mejorar? Ninguna, la raza es pura.

Incluso dentro de tu monólogo hablas de que te querías cambiar de apellido por uno extranjero, ¿cómo te habría gustado apellidarte?

Con un apellido italiano como el que yo siempre dije: “Yo me apellido Riccetti”. Me suena bonito un apellido italiano (risas).

¿Cómo fue eso de vender electrodomésticos en la Feria del Hogar?

Ahí solo tiene que ver con el tema de las chicas, de ganar un poco de dinero y que siempre quise entrar gratis a la Feria del Hogar (sonríe).

Pasaste por algunos programas y llega “Pataclaun”, ¿qué tenía “Machín” de ti?

“Machín” era la burla de mi lado machista, del barrio, de mi lado macho.

Has cumplido 18 años con Yossy, tu esposa, y defines a tu matrimonio como “empujar los dos al mismo lado”, ¿es pose o eres machista?

No soy machista ni volveré a ser machista, ni quisiera que mis hijos sean machistas. Por ejemplo, a mí me encanta lavar los platos desde niño.

¿Es verdad que te casaste con tu mujer para ser socio del Regatas Lima?

(carcajadas) Nooo, eso lo dije porque me estaba burlando. Socio del Regatas siempre quise ser, porque, de niño, yo iba a la playa Agua Dulce y un día subiéndome entre las rocas pude mirar que había un club alucinante

Entonces, ahora, ¿eres socio del Regatas?

Sí, lo soy. He cumplido un sueño de niño y con la mía, nadie me lo ha regalado.

He conocido geniales comediantes que fuera de cámaras son serios, ¿eres así?

No. Últimamente estoy un poco más serio, porque hay miles de problemas en la vida y no puedo estar ja, ja, ja. Y siempre estoy en ahorro de energía, porque lo que hago demanda bastante energía: hacer reír a la gente.

¿Tienes amigos y confías en ellos?

Muy pocos y sí confío en ellos.

¿Qué cosas te joden?

Cuando no puedo hacer las cosas que quiero. Por ejemplo, planifico que voy a hacer algo a las 8 de la noche y a las 7:30 algo pasa, y no lo puedo hacer.

¿Te consideras un buen amante?

Sí, porque me ha enseñado mi esposa (risas).

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