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Miércoles 04 de abril 2012

Aminta Buenaño: "Uno siempre habla de ideales cuando escribe"

Por Gianmarco Farfán Cerdán
Aminta Buenaño: 'Uno siempre habla de ideales cuando escribe'
Foto: Ociolatino.com

La escritora, catedrática, periodista y política ecuatoriana Aminta Buenaño Rugel (Santa Lucía, 1958) vino a la XV Feria Internacional del Libro de Lima para dar a conocer su obra narrativa a los lectores peruanos. Ella ha obtenido, desde joven, diversos reconocimientos literarios: Premio Internacional de Cuentos Jauja de Valladolid (España) en 1979, Premio Nacional de Cuentos Diario El Tiempo en 1978, segundo lugar en el XXI Concurso de Cuento Ciudad de San Sebastián (España) en 1979, segundo puesto en el Premio Nacional de Cuentos Diario El Universo, segundo premio en el Concurso Nacional de Cuento Ismael Pérez Pazmiño en 1992, y segundo lugar en el III Concurso Nacional de Relatos Juan León Mera de la Municipalidad de Ambato. Asimismo, ha publicado los libros de cuentos Virgen de medianoche y otros relatos (2009), Mujeres divinas (2006), La otra piel (1992), La mansión de los sueños (1985), el conjunto de trece textos de prosa poética Declaración de amor a Guayaquil (2004), el volumen recopilatorio de sus columnas dominicales de opinión El discreto encanto de lo cotidiano (2004), y el poemario Cantos de amor y juventud (1976). Sus relatos han sido traducidos al inglés, francés e italiano. Además, tiene una novela inédita: Si tú te mueres primero. Por otra parte, Buenaño ha sido incluida en las siguientes antologías: Mujeres ecuatorianas en el relato (1988), Primera Bienal del Cuento Ecuatoriano Pablo Palacio (1991), Veintiún cuentistas ecuatorianos (1996), Antología de narradoras ecuatorianas (1997), 40 cuentos ecuatorianos (1997) y Antología básica del cuento ecuatoriano (1998).

Me llamaba mucho la atención que usted a los dieciocho años haya publicado Cantos de amor y juventud, un poemario, luego ya no publica otro, y más bien se dedica al cuento y al periodismo. ¿Cómo así este inicio con la poesía?
Yo creo que, en el fondo, todo narrador es un poeta. Y a veces un poeta frustrado. Porque uno empieza buscando el género en el que siente más pasión, pero se queda en el que escribe mejor. Entonces, después de mi poemario me di cuenta de que, en realidad, mi mejor estancia en la literatura era en la narrativa. Porque me comunicaba más cuando escribía cuentos. Dejé la poesía como forma, pero en mi narrativa siempre está presente la poesía. Incluso, a veces, cuando me han pedido una calificación para el tipo de narrativa que hago, hablo de narrativa poética. Porque, primero, pienso que todo escritor debe inventar un lenguaje. Como decía Fernando Pessoa: “Mi verdadera patria es el lenguaje”. En eso estamos. En esa búsqueda estamos todos los que escribimos. Y mi lenguaje yo lo podría calificar (como) un lenguaje narrativo-poético. Siempre pretendo que sea muy visual, como una forma de conocimiento y revelación con el lector, una forma de acercarme más al lector.

Su búsqueda ahora ha derivado a los cuentos. Por ejemplo, en Mujeres divinas, que es su libro más exitoso, hay muchos cuentos que son como pequeñas viñetas y hay otros que tienen una historia mucho más larga, o con partes bien diferenciadas. ¿Por qué quiso combinar este tipo de escenas, de viñetas, con los cuentos con historias más desarrolladas?
El libro Mujeres divinas son variaciones sobre un mismo tema. La protagonista es la mujer, el hecho de construirse mujer, el hecho de ser persona. Como decía Simone de Beauvoir: “No nacemos mujeres, nos hacen mujeres”. En el sentido de construcción social que tiene nuestra sociedad. Y quería variaciones. Mujeres divinas nació de un planteamiento. Yo quería escribir algo sobre identidad de mujeres, decía: “Quiero escribir historias ricas”. Naturalmente, hechas literatura, transformadas en literatura, de aquello que nos sucede a las mujeres.

¿En Ecuador?
En Ecuador, en el mundo. Como soy ecuatoriana lo ven como en Ecuador, pero me parece que los problemas de las mujeres son universales. Por ejemplo, creo que el problema de la relación íntima, brutal, podríamos decir “animal”, que se da entre una madre y un hijo, es en todo el mundo. No importa en qué situación esté la sociedad. Hablo de eso en (el cuento) El vampiro.

Un bebé totalmente demandante.
Exacto. Y así son todos los bebés del mundo. Usted pregunte qué bebé no es demandante. Naturalmente, estoy hablando del promedio, siempre habrá excepcionalidades. Uno da todo de sí por ese bebé.

¿Usted también es madre?
Yo también soy madre, sí.

¿Lo escribió (El vampiro) pensando en su hijo?
No.

En la etapa inicial de su maternidad.
No, porque mi hijo ya tiene veintiséis años. Lo escribí pensando en cómo son los bebés en el mundo. Y, también, porque me gusta mucho hacer trabajo de campo para escribir. Por ejemplo, para hacer ese libro, durante cuatro años me dediqué un poco deportivamente -mientras hacía las mil cosas que uno hace- a conversar con amigas. Entonces, en un cuadernito puse: “¿Qué cosa nos pasa solo a las mujeres?”. Todas las mujeres vivimos el parto, ningún hombre puede vivir el parto. Tampoco los hombres viven la menstruación, la menopausia, el dar de lactar, el embarazo. Eso, como hechos biológicos. Como hechos culturales: las mujeres vivimos la infidelidad de una manera muy diferente del hombre. Tanto si lo hacemos como si nos lo hacen. Es diferente. A un hombre cuando le ponen los cachos se trauma, a nosotras nos dicen…

Y es motivo de burla, también.
Y es motivo de burla. A nosotras nos dicen cuando nos ponen los cachos: “Así son los hombres. Tienes que aguantar, es tu cruz”.

Es más aceptado.
Sí, aceptado socialmente. ¡Qué terrible! Para nosotras, terrible.

Claro. ¿Entrevistó a 200 mujeres para hacer este libro?
Sí. Así es. Entrevisté a muchísimas mujeres y empecé por la cuestión biológica, pero después derivó al hecho cultural -estar siempre hermosa, siempre bella- impuesto por la sociedad. El hecho de tener que estirar largamente nuestra juventud. Tenemos que ponernos el botox y todo eso para ser socialmente aceptadas. Muchas veces no es por vanidad: es para ser socialmente aceptadas. Para parecer más jóvenes, que luego no te dan trabajo.

En una sociedad tan conservadora como la ecuatoriana, ¿también hay esta presión social tan fuerte?
Claro. Pero pienso que esa presión social no es solamente del Ecuador -claro que yo hablo desde el Ecuador-, esa presión social la viven en Nueva York, España, Argentina, Lima, en todas partes. Debo haber visto en la televisión tanta propaganda para mantenerte delgada… Una cosa es que te prevengan por salud, otra cosa (es que te prevengan) para lucir bella, joven, esbelta, para tener éxito en la vida. Por eso es que escribí (el relato) Gorda soy y no me compadezcan. Entonces, hay algunos cuentos que merecían una extensión mucho más grande, como Gorda soy… o Monólogo de los corazones rotos. ¿En qué se basa ese cuento, que es muy largo? Es la historia de una mujer sometida, conservadora, sumisa, que dejó de trabajar para cuidar a sus hijos, que dejó de estudiar porque el marido se lo pide, que en todo era -entre comillas- “la reina del hogar”, la abnegada y sumisa esposa. ¿Qué pasó? Después de cuarenta años de matrimonio, cuando ella cree que ya puede gozar con su marido, estar juntos -porque él ha trabajado toda la vida y los hijos se han ido-, el marido le sale con que la quiere mucho, pero ya no la ama como mujer. Que está enamorado de una mujer veinticinco años menor. Eso se ve a cada rato.

Usted, también, apunta a la crítica de si el amor es eterno, realmente.
Sí. Yo no creo que el amor es eterno. Pero a las mujeres nos pintan el matrimonio todavía…

Como un cuento de hadas.
Como un cuento de hadas o con un final feliz. O nos pintan que debemos dejar de ser para que sean otros. Sacrificarse por los hijos, el esposo, hasta por el gato, pero dejar de ser ella misma. Dejar de estudiar, de trabajar.

¿Aminta Buenaño ha tenido que sufrir esto, también?
No, yo no, gracias a Dios. Vivo una situación diferente. Pero sí hay que reconocer que hay muchísimas mujeres en nuestra sociedad que todavía viven (así). Por eso es que la lucha de géneros no la ves solamente en los países menos desarrollados sino en los más desarrollados, donde más fuerza tiene. Porque todavía la mujer tiene que pelear por ser vista como persona, porque el marido no se crea gerente-propietario, por no ser la “señora de” sino brillar y ser con nombre propio. Eso yo creo que es una cuestión fundamental. Entonces, te quiero decir, de todas maneras, que mi libro no lo considero un libro-tesis, un libro para plantear alguna ideología ni nada, sino (que) nació…

No es un libro de género.
Es un libro cuyos protagonistas son mujeres. Si fuera de género no “mostrara” sino que “peleara”. Mi libro, como todo libro de literatura, muestra, testimonia una realidad. Como es un libro temático y trata asuntos de mujeres, trata la problemática de mujeres.

Su antología Virgen de medianoche (y otros relatos), en general, demuestra que el tema femenino siempre ha sido una constante en su narrativa.
Sí, las protagonistas de mis libros de cuentos siempre son mujeres. Porque a las mujeres las conozco más, quizá porque soy mujer. También me parece que es importante hablar desde la misma voz de las mujeres. Tengo, en otros cuentos, protagonistas masculinos: niños, hombres adultos. Pero hay que dejar escuchar la voz de las mujeres siempre.

¿Cree que hubiera realizado este libro si no hubiera sido periodista? O era casi una consecuencia de mezclar el periodismo con…
No. El periodismo ayuda mucho, da instrumentos grandes para contar una historia. El periodismo da esa precisión, esa concisión. Tú sabes que el periodismo siempre debe buscar la noticia, debe poner lo que más atrae a los lectores. Entonces, mi trabajo literario es oral. Yo busco en los filones ricos de la oralidad.

¿(Utiliza) mucho monólogo interior?
Monólogo interior, sí. Trabaja con la oralidad, lo visual, lo poético del lenguaje -que se desliza siempre cuando navegan las palabras en las personas-. Esos neologismos, esas cosas que las personas crean cuando están hablando y cuando el idioma está vivo.

Como en Virgen de medianoche, en ese cuento se ve mucho esta oralidad, estos neologismos.
Sí. En Virgen de medianoche

Uno, como que está viendo el pensamiento de esa persona.
Son búsquedas deliberadas. Virgen de medianoche es una antología de relatos de diferentes (libros de) cuentos. De La mansión de los sueños, La otra piel, Mujeres divinas, y algunos cuentos más.



Pero me olvidé de algo ahora que soy vieja y que apenas quedan líneas rezagadas, astutas, de la mujer bella que fui.

Me olvidé de que la vejez es olvidarse de las cosas, es ir perdiendo progresivamente la memoria de lo que fuiste, de lo que eras y es ir recordando solo el ayer, en una mágica curvatura que une el ayer con el hoy, al niño con el anciano.

Por eso hoy que he llegado a la vejez no estoy triste, porque cada día me veo más joven, más bella y lozana y no recuerdo, por ejemplo, qué día es, cuántas arrugas se han agregado al cortejo mortuorio de mi rostro, ni cuántos pasos no podré caminar.

Hoy amanezco lozana, engalanada con mi vestido de quinceañera y con el recuerdo ardoroso del primer beso.

Mañana será el primer día de mi niñez.

Fragmento del cuento Olvido del libro Virgen de medianoche y otros relatos (2009).



El mundo de la política: donde se toman las decisiones

Usted también es política, ¿cómo así una periodista entra a la política? Se dice que para ser periodista no puedes ser político o para ser político no puedes ser periodista. ¿Usted ya ha renunciado, entonces, a su parte de periodista?
No.

Ahora que está siendo política directamente con (su Gobierno)…
No. Te cuento que yo nunca pensé ser política. Nunca. Sino que yo era muy conocida en mi país, especialmente en la ciudad más grande del Ecuador, que es Guayaquil, porque yo escribía (en El Universal)… Me habían dado un espacio de opinión para hacer análisis literario, político, lo que yo quisiera, los días domingos. Era la única mujer que escribía (en El Universal), a la gente le gustaba mucho cómo yo escribía. Entonces, era un poco popular. Y, de repente, hubo una transformación, un cambio en mi país, y el presidente Rafael Correa me pidió que terciara en sus listas. Fui en 2007 la mujer con más votos a nivel nacional para la Asamblea Constituyente. Allí redactamos la Constitución y me di cuenta de algo sumamente importante: que uno siempre habla de ideales cuando escribe. Cuando eres escritor, cuando eres periodista, quieres que haya más equidad, más justicia, transformar el mundo. Pero el único lugar donde se toman las decisiones es en el mundo que detestamos: el de la política.

La cultura demora mucho.
La cultura demora siglos. Y, precisamente, estoy ahorita escribiendo la ley de cultura de mi país.

¿Ha sido reelecta en 2009?
Sí, he sido reelecta. La ley de cultura, la ley de educación superior. Soy la vicepresidenta de la Comisión de Educación y Cultura en la Asamblea (Constituyente). Ese es un compromiso muy fuerte, muy grande. Y creo que, si bien en este momento no puedo hacer periodismo -porque dirían que está sesgada alguna cosa-, después no veo nada que haga que yo no pueda hacer periodismo. De hecho, muchos periodistas que antes han sido ministros, siguen siendo periodistas. Y escritores, sobre todas las cosas.

Muchas gracias por la entrevista. Esperemos que su estancia en estos días que se va a quedar todavía en el Perú sea grata, y pueda volver el año que viene para que siga promoviendo la literatura ecuatoriana.
Sí, cómo no.

 

(Fuente: Blog Entrevistas desde Lima. Entrevista publicada el domingo 20 de marzo de 2011)

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