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Martes 15 de mayo 2012

Carlos Fuentes: "Los escritores tenemos que ser orgullosos, porque es una labor muy solitaria"

Por: Sandra Licona y Yanet Aguilar.
Carlos Fuentes: 'Los escritores tenemos que ser orgullosos, porque es una labor muy solitaria'
Foto: Medios

A Carlos Fuentes no le gusta la adulación, ni se siente "una figura intocable", reconoce que a un escritor le hacen falta las voces críticas, pero dice que tampoco iba a invitar a sus enemigos a su fiesta de cumpleaños.

En entrevista con El Universal, señala que después del magno homenaje que ha recibido, comienza el trabajo: "Tengo pocos años por delante, muchas ideas y muchas novelas a medio hacer y que quiero terminar, por eso vivo muy aislado en Londres, con mi esposa, y escribo bastante ajeno al elogio y también a la deturpación".

--Aludiendo al título de su más reciente novela, ¿se siente usted más hijo de la voluntad o de la fortuna?

--Maquiavelo decía: el estadista necesita voluntad, fortuna y obedecer a la necesidad. Tiene ese origen maquiavélico, porque es una novela que trata mucho de relaciones de poder, de la formación de jóvenes que van a participar en el poder público.

--¿Carlos Fuentes se siente un hombre poderoso, una figura intocable?

--No, no, de ninguna manera, el poder es otra cosa, el poder no se ejerce escribiendo libros, en tanto que el poder requiere manejar a la gente, sea en un partido o en el gobierno, ese no es el caso de un escritor que tiene una distancia frente a los poderes constituidos.

--¿Una figura intocable a los 80 años?

--No, qué va, para nada, soy lo más tocable del mundo, me atacan mucho, hay gente que no me quiere, lo que está muy bien porque lo mantiene a uno vivo.

--¿De verdad hay gente que lo ataca, a quién o quiénes se refiere?

--Investigue un poco, yo no les cuento nada porque nunca hablo mal de nadie.

--¿Se sigue desayunando con sus críticos, como dijo alguna vez?

--Ni eso, ahora me desayuno con huevo rancheros.

--¿En un homenaje como el que se ha celebrado en torno suyo, no hicieron falta las voces críticas?

--No, no creo, porque esto era un acto de amistad, era grandes escritores que, además, son amigos míos, y era una fiesta de amigos, y eso está muy bien. A un festejo de cumpleaños usted no invita a sus enemigos ¿verdad?

--¿A un escritor le va bien la crítica?

--Cómo no, es indispensable, el escritor no escribe en el vacío y hay que aceptar la buena crítica, no en el sentido de ser favorable, sino de calidad y eso no se da todo el tiempo.

--¿A quiénes ve como líderes políticos a futuro?

--No es cuestión de líderes, porque eso personaliza excesivamente la cuestión, se trata de crear, pasa que la experiencia democrática de México es muy limitada, hemos tenido muy pocos presidentes democráticamente electos, el largo reino del PRI impidió que hubiera una vida democrática, de elecciones libres, ya lo sabemos, ahora tenemos esa oportunidad, pero ha sido muy limitada y muy reciente, tenemos que dar un gran salto hacia una política democrática, moderna.

--¿Cuál debe ser el compromiso del intelectual hacia este camino?

--La primera responsabilidad de un escritor es con la imaginación y la palabra, aunque no tenga el menor compromiso político; luego existe otra cosa, que es el compromiso ciudadano, cada quien es libre para optar por tal partido o tal corriente, no es una obligación, es una decisión.

--¿Hay una crisis de seguridad nacional, mucha violencia, miles de muertos, qué opinión le merece?

--Es una situación muy complicada, en la que a México le dan el chirrión por el palito, es decir, que aquí está el origen de la oferta, pero lo que no se toca es el origen de la demanda, y la demanda está en los Estados Unidos de América, aquí tenemos una oferta canalizada a través de los capos mexicanos hacia la demanda de Estados Unidos, sin la cual no habría el gran problema del tráfico de drogas, ¿quiénes son los capos norteamericanos?, eso no lo sabemos, es un gran misterio, cuando sepamos eso y espero que sea un tema fundamental del diálogo entre los presidentes Obama y Calderón, vamos a avanzar mucho, por lo demás yo soy partidario de la despenalización o legalización del uso de la droga, quizá por etapas, quizá no sólo México sino un conjunto de países, quizá convenciendo a los americanos de que este es el camino a seguir.

--Mientras se da este diálogo, ¿qué opina de las medidas que se están tomando?

--Son mediadas parciales que tienen que ver con la credibilidad, no hay que olvidar eso. Por otra parte se le presenta al país un panorama muy difícil con la crisis económica global que toca todos los países, le tocará a México y la frontera se va a cerrar más, va a haber menos oportunidades de que nuestros trabajadores emigren a los Estados Unidos, vamos a tener que crear nuevas fuentes de trabajo en México. Soy el proponente de un nuevo contrato social mexicano que abra fuentes de trabajo indispensables en infraestructura en general, pero en las comunicaciones, en la creación de escuelas, portuarias, urbanización, educación, 20 mil cosas que nos faltan por hacer.

La mitad del país sigue sin desarrollarse, el gran impulso de desarrollo que se inició con la Revolución Mexicana, que nos heredó Calles y Cárdenas, con Ávila Camacho y Alemán, se ha detenido porque la población ha explotado y no es posible ya educar con las armas de Torres Bodet a los muchachos y muchachas de hoy; hay que dar un gran salto hacia adelante, creo que el país es capaz de hacerlo, ojalá que el presidente tenga la decisión.

--¿Cuál es el retrato autocrítico que haría de Carlos Fuentes?

--Soy un hombre lleno de defectos, hablé con mi esposa y se los dirá.

---¿No hay nada qué se critique?

--Muchas cosas, que no se las puedo decir a ustedes. No estoy loco.

---¿Es orgulloso, soberbio?

--Los escritores tenemos que ser orgullosos, porque es una labor muy solitaria y si no hay un parapeto de distancia y de orgullo en lo que se hace, es muy fácil irse por otras avenidas, dispersarse.

--¿Se percibe distinta la geografía de la novela a los 80 años?

--Se percibe muy bien, pero con una calidad distinta, y es que ha decaído mucho la idea de la novela nacional, la novela atribuible a México o a Brasil, o a España o a Alemania o a África del Sur, y lo que se destaca hoy es individualmente el valor de Gabriel García Márquez, de Nadine Gordimer, de Günter Grass, de Juan Goytisolo o de Milan Kundera, para mencionar a cinco grandes novelistas, que lo son en tanto novelistas y no porque son ciudadanos de tal o cual país, antes había esa muy estrecha relación entre el escritor y su país, que hoy no es tan fuerte, aunque claro, somos ciudadanos de un país, contribuimos a la cultura de esa nación, pero escribimos no en función nada más ella, sino de una realidad y una audiencia mucho más amplia que en el pasado.

--¿Sigue pensando que Pedro Páramo de Juan Rulfo es una de las mejores novela mexicana que se han escrito hasta hoy?

--No una de la mejores, es la mejor, no creo que haya otra en la historia mexicana, tengo estimación por otras obras, para mí fue muy importante Al filo del agua de Yáñez. Cuando un profesor de la preparatoria la puso en mis manos, descubrí la literatura mexicana, en ese momento era considerada poco interesante, pasada de moda, y cuando la leí dije: ¡caramba!, aquí hay mucho qué hacer, cuando leí Pedro Páramo dije: "aquí se cierra un ciclo". No es posible ir más adelante de lo que ha hecho Rulfo en el tema del cacique, la provincia, la guerra de los cristeros, la Revolución. Yo siempre he comparado el Pedro Páramo de Rulfo con un árbol seco, un árbol negro del cual cuelgan, sin embargo, manzanas de oro.

--¿Qué futuro político ve para México?, en el sentido de que la izquierda representada por el PRD prácticamente está aniquilada, Cuauhtémoc Cárdenas está políticamente muerto, Diego Fernández de Cevallos se ha dedicado a hacer negocios.

--No, no, no, Cuauhtémoc Cárdenas no está políticamente muerto, para nada, es un valor muy importante de la política mexicana..

---¿Estos son los temas que debe estar viendo el intelectual mexicano o también le corresponde mirar hacia afuera, por ejemplo Venezuela?

--No podemos perder la mirada al exterior porque estamos en un mundo globalizado, todo está interrelacionado, y si sólo vemos nuestros ombligos pues vamos a ser budistas pero no buenos ciudadanos.

--¿Justifica la ignorancia de algunos funcionarios públicos que confunden los títulos de sus obras, e incluso su nombre con el de Octavio Paz?

--Yo no sé nada de eso, yo no he oído hablar de eso. ¿Cuál es su siguiente pregunta?

--Esa es la pregunta.

--No sé nada de eso.

--¿No lo escuchó usted, no lo leyó en la prensa?

--Yo no he leído nada, yo nada más voy a donde me llevan a diario; yo no leo nada.

--Usted ha dicho que lee los periódicos todos los días.

--Pero no en estos días. Ahora me abstengo y soy puro.

--Ya adelantó que en sus memorias sólo abordará sus primeros 20 años, ¿contará los otros?

--No, el ejemplo es Gabo que llegó a Cien años de soledad y ahí se detuvo, porque llega un momento en que los libros hablan por uno. ¿Qué va uno a decir?, ¿Gabo va a contar Cien años de soledad? ¿yo voy a contar La muerte de Artemio Cruz? No, verdad; ya están ahí los libros, nuestra vida se vuelve un tanto secundaria, interesante quizás, pero no tan profundamente formativa como son los primeros 20 años de mi vida. Me detengo en el momento en que vi a Thomas Mann comiendo en un restaurante de Zurich y pensé en hacer lo que hace ese señor. Ahí me detengo, lo demás es infancia, juventud, mi adolescencia, mis primeras experiencias sexuales, mis lecturas, mi padre, mi madre, mis abuelos, mis antepasados, las ciudades donde viví.

---¿Se detiene cuando Carlos Fuentes se convierte en personaje público?

--No escribo libros en cuanto a personaje público, serían muy malos libros, escribo libros en la gran soledad que se requiere para escribir un libro. Vivo con mi esposa y cinco o seis amigos en Londres, y luego me doy grandes baños de amistad y de chilaquiles en México, pero esa es otra historia.

---¿En algún momento de esa infancia visualizó lo que es hoy?

--En cierto modo sí, primero porque mi tío que murió a los 20 años era una promesa literaria importante, era discípulo de Díaz Mirón y dejó una pequeña obra muy interesante, mi padre me influenciaba hacia eso; de tal manera que a los 7 años yo escribía una revista en el departamento que teníamos en Washington, yo la dibujaba, hacía crítica de cine, reseñas de libros; a los 11 años publiqué en el boletín del Instituto Nacional de Chile y ya me sentí escritor, a los 17 años gané los tres primeros premios de un concurso literario de la escuela donde yo estudiaba; definiendo el futuro político de mis amigos, quienes al saber que no eran premiados decidieron dedicarse a la política con las consecuencias que conocemos.

--Hoy por hoy usted y García Márquez son los dos escritores más queridos de Hispanoamérica, ¿qué comentario le merece?

--Gabriel y yo somos amigos desde hace 40 años

--¿No se roban cámara?

--Para nada, somos amigos muy íntimos y cercanos, somos fraternales y tenemos una amistad que para mí es sumamente valiosa y creo que para Gabriel también, la compartimos y la gozamos.

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