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Miércoles 19 de abril 2017

La recuperación frente a la emergencia: hacia una escuela segura

Existen alrededor de 1 700 escuelas afectadas, de las cuales al menos 500 están colapsadas.
La recuperación frente a la emergencia: hacia una escuela segura
Foto:difusión

Nuestro país viene siendo azotado por el fenómeno “El Niño Costero” que ha ocasionado lluvias intensas, huaicos, desbordes de ríos e inundaciones en muchas ciudades y distritos de 11 regiones del país, principalmente en las zonas del norte y de la costa central. Como consecuencia de ello, la infraestructura educativa ha sido seriamente dañada: el Ministerio de Educación (MINEDU) estima que existen alrededor de 1 700 escuelas afectadas, de las cuales al menos 500 están colapsadas. Por ello, es preciso prevalecer el presupuesto para infraestructura educativa, reorganizando las prioridades del Estado para cubrir esta necesidad.  

Es también una oportunidad para repensar la forma en que hemos construido en nuestras ciudades: muchas casas y escuelas se encontraban asentadas en zonas vulnerables a los estragos de la naturaleza. Es el momento para aplicar un profundo reordenamiento territorial y organizar los espacios de manera más adecuada, lo que incluye garantizar que tanto escuelas como viviendas, no se vuelvan a construir en lugares inseguros y vulnerables. 

Frente a esta realidad, es fundamental que el MINEDU brinde la atención debida y la flexibilidad requerida a las escuelas para que vean cómo abordar la recuperación de clases de acuerdo a su contexto y nivel de afectación, jerarquizando las competencias y contenidos básicos que todos los estudiantes debieran aprender durante este año. Por otro lado, se hace necesario fortalecer el trabajo de orientación socioemocional hacia los estudiantes con docentes y directores para el reinicio de clases, como lo viene haciendo a través de cartillas de bienvenida para la comunidad educativa. 

Recuperar lo perdido en lo material y en lo humano, será imposible; pero prever situaciones similares es posible, factible y obligatorio para nuestras autoridades. La prevención del riesgo de desastres como política de Estado.   

En este marco, la reconstrucción será un proceso largo; por ello, para que nuestros estudiantes de las zonas en emergencia tengan una alternativa para que asistan a clases se puede identificar las escuelas menos dañadas situadas en zonas seguras y estratégicas, para rehabilitarlas, repotenciarlas, hacerlas mejores y óptimas para el traslado de aquellos niños y jóvenes que hayan perdido sus centros escolares. Lo mismo con nuestros profesores: brindarles la atención debida en su tarea, considerando, además, que las capacitaciones previstas sobre el currículo no podrían lograrse para este año. 

Ante ello, alentamos a las direcciones regionales de educación, a las UGEL y a los docentes a hacer uso de ideas creativas para lograr que nuestros estudiantes se sientan nuevamente acogidos en una escuela segura. En esa línea, el liderazgo del director es fundamental y debe ser fomentado, teniendo en cuenta además que muchos de sus docentes son padres de familia damnificados y están preocupados por los suyos y sus propiedades afectadas. Para ellos también todo acompañamiento pedagógico y ayuda socioemocional será valioso. 

Asimismo, el momento es preciso para que tanto escuelas como comunidades emprendan una labor educativa en relación al conocimiento de su territorio, del cauce de sus ríos y quebradas, de los fenómenos climáticos y los riesgos de desastres, para utilizarlos de manera pedagógica en el desarrollo de las unidades y sesiones de aprendizaje, coadyuvando de esta manera a la tarea no sólo de prevención sino de formación del Estado. 

Como Consejo Nacional de Educación creemos que el Estado en su conjunto debe atender y ayudar a procesar las preocupaciones y angustias de padres, estudiantes y docentes. Las actividades escolares son una oportunidad para sentirse atendidos y escuchados. Trabajar con ellos de la mano para volver a las escuelas y retomar la vida con sentido de normalidad, es una tarea dura, pero necesaria. 

Finalmente, las muestras valiosas de apoyo y solidaridad son un vivo ejemplo para reflexionar y aprender sobre lo vivido, para trabajar en la escuela y plantearse retos como una comunidad educativa unida y fortalecida. A pesar de todos los desastres sufridos, creemos en la capacidad de resiliencia de los peruanos y en la escuela como pieza fundamental para una real recuperación que todos anhelamos.

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