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Miércoles 30 de noviembre 2011

Interpretando a Arguedas: a propósito de la gastronomía andina

Por: Rodolfo Tafur *
Interpretando a Arguedas: a propósito de la gastronomía andina
Foto: infoarequipa.com

Los que amamos la cultura inca o indígena del Perú no podemos dejar de leer a José María Arguedas; leerlo y sobre todo tratar de interpretar lo que nos ha legado, es verdaderamente un reto.  No solamente la narrativa, el cuento como tal, el mensaje de su obra, el amor a lo indígena, la esencia de una fiesta andina y a la vez el grito  gutural de protesta ante el atropello del indio peruano, se pueden percibir en cada una de sus líneas.  Solo recordando lo que escribió sobre el alejamiento de su padre: “Mi padre no pudo encontrar nunca dónde fijar su residencia; fue un abogado de provincias, inestable y errante.  Con él conocí más de doscientos pueblos. (...) Pero mi padre decidía irse de un pueblo a otro cuando las montañas, los caminos, los campos de juego, el lugar donde duermen los pájaros, cuando los detalles del pueblo empezaban a formar parte de la memoria. (...) Hasta un día en que mi padre me confesó, con ademán aparentemente más enérgico que otras veces, que nuestro peregrinaje terminaría en Abancay. (...) Cruzábamos el Apurímac, y en los ojos azules e inocentes de mi padre vi la expresión característica que tenían cuando el desaliento le hacía concebir la decisión de nuevos viajes. (...) Yo estaba matriculado en el colegio y dormía en el internado.  Comprendí que mi padre se marcharía.  Después de varios años de haber viajado juntos, yo debía quedarme; y él se iría solo”.

Paradójicamente sufrió el maltrato de su familia política, su madrasta, Doña Grimanesa Arangoitia Iturbi viuda de Pacheco y  su hermanastro  Pablo Pacheco, ambos marcaron su vida, lo mandaron a convivir con los indígenas de la hacienda, de su hermanastro nos cuenta lo siguiente: “Cuando llegó mi hermanastro de vacaciones, ocurrió algo verdaderamente terrible (...) Desde el primer momento yo le caí muy mal porque este sujeto era de facciones indígenas y yo de muchacho tenía el pelo un poco castaño y era blanco en comparación con él. (...) Yo fui relegado a la cocina (...) quedaba obligado a hacer algunas labores domésticas; a cuidar los becerros, a traerle el caballo, como mozo. (...) Era un criminal, de esos clásicos. Trataba muy mal a los indios, y esto sí me dolía mucho y lo llegué a odiar como lo odiaban todos los indios. Era un gamonal”.

Estamos terminando el año 2011, José María Arguedas nació en 1911, deberíamos estar recordando el centenario de su nacimiento, lamentablemente hasta eso le fue negado por los políticos de turno.  Gloria maestro Arguedas.

 Como amante e investigador de nuestra cultura andina, y mucho más como cocinero especializado en cocina andina, quiero compartir con ustedes, una interpretación diferente, de descifrar a los personajes  de  una de sus leyendas más hermosas: Cuniraya HuiraCocha y Cahuillaca. Antes de relatarles lo que quiero descifrar, permítanme ejemplarizar dos relatos: Los antropólogos Julio C. Tello y Jorge Miranda, estudiosos de la cultura Inca, en la revista “Inka”, en el articulo “Wallallo, ceremonia de la limpieza de la acequia en Canta” relatan la importancia de dicha ceremonia, sin embargo, por razones que se desconocen, no consignan la definición de “Wallallo o Wallalli, palabra quechua que significa “leche primera o calostro”.

De igual manera, Arguedas, en su obra “El Zorro de arriba y El Zorro de abajo” nos habla de un gran dios o Guerrero Divino, el gran Tutaykire, ser mitológico conocido como THUTATHARKUA. Cuenta una leyenda recogida por el suscrito en la pequeña ciudad de “Huacaybamba” –que significa lugar donde se va a llorar- y que está ubicado en Huánuco,  que el gran padre criador de los Incas, al ver que las noches del solsticio de invierno, 21 de junio era muy larga y oscura (Tutayachiq) decide hacer un Kirpay, abrir la boca, y en ese instante aparece la primera TutaManta, luz de la mañana o primera luz del sol.  Con este acto empieza nuevamente el Kichuy, es decir empieza la vida. THUTATHARKUA, es la constelación de capricornio, 52 veces más luminoso que el sol.  Debemos tener en cuenta que el Sol y la Tierra, dioses tutelares Incas, el 21 de Junio a las 02.20 horas, se encuentran en su punto mas alejado y en ese momento se ve a capricornio o THUTATHARKUA.  Hay que tener en cuenta que el trópico de Capricornio está al sur de la línea ecuatorial, es decir atraviesa Sud América,  y el Perú.

En el mito Cuniraya Huiracocha y Cahuillaca, forman parte de los escritos de Francisco de Ávila, mas conocido como "extirpador de idolatrías".  Tenía la misión de destruir las antiguas creencias andinas y reemplazarlas por la religión católica.  La primera traducción lo realiza José María Arguedas, en esta leyenda se presentan algunos elementos que tras otra  mirada y recogiendo una versión Yarowillca (Huacaybamba, La Unión- Huánuco), podemos afirmar que es el encuentro entre el Padre de la Agricultura Andina, “Huatió” (el que come papa o el que cría papa” y la hermosa “Lugma o Lucma”. Como se pueden dar cuenta, dos elementos gastronómicos: Papa y Lúcuma.

Cuniraya: cuando se descifra esta palabra quechua, podemos encontrar que CUNI es la castellanización o deformación de QORY, QOÑY o CURI, los mismos que significan valioso, oro.  AYA se conceptúa como enterrado o muerto.  Cuando Arguedas describe a Cuniraya,  nos dice que era un hombre muy pobre, y andaba paseando con su ropa sucia y  hecha harapos, y sin reconocerlo algunos hombres lo trataban de mendigo piojoso.  Pero Cuniraya  era el padre (dios) del campo.  Es decir “oro enterrado”, ¿acaso no nos estamos refiriendo a nuestra deliciosa papa?

Con respecto a la Madre o Diosa  CAHUILLACA, el otro personaje de esta leyenda, a quien describen como: “Había una mujer que se llamaba Cahuillaca y que también era huaca. Esta Cahuillaca era todavía doncella.  Como era muy hermosa, todos los huacas y huillcas deseaban acostarse con ella, pero ella siempre los rechazaba.  Sucedió que esta mujer, nunca se había dejado tocar por un hombre”, es decir esta mujer era un monumento al orgullo porque conocía el valor de su belleza.  Si desciframos la palabra, “Cahuillaca”, encontramos las siguientes raíces quechuas: Cahui es la castellanización de “QHAWA”, la misma que significa mirase uno mismo, observar su belleza, ser orgullosa de su belleza, y la palabra “LLACA o LLAQA”, que significa cuerpo esbelto, cuerpo sin grasa, frescura, lozanía.

Tal vez podríamos afirmar que  nos estaba refiriendo a la emblemática y peruanisima “Lukma o Lúcuma”.  No podemos dejar pasar otro nombre que se consigna en la leyenda traducida por Arguedas, la laguna ANCHICOCHA, lugar de reunión para saber quien es el padre del hijo de Lúcuma.  Si traducimos la frase anchicocha, podemos decir que  la raíz quechua es ANCHHIY, que significa congoja, aflicción, pena, y  COCHA, laguna, mejor dicho: “Laguna del llanto, congoja o aflicción”

En la leyenda que  recogí, el escenario es el pueblo de Huacaybamba, debemos recordar que significa “Lugar donde se llora”, en este pueblo huanuqueño existe una laguna que hoy en día tiene como nombre “ANCHILCOCHA”, anteriormente se llamaba “ANCHHIYCOCHA” y en esta laguna, cada nueve meses aparecen unas algas comestibles que científicamente se llama “Nostoc Commune” y en muchos pueblos de la sierra peruana toma el nombre de Murmunta, LLullucha o Cushuro.

LLullucha es la castellanización de “LLachapa”, pequeño andrajoso o hijo del andrajoso. Murmunta viene del quechua “Hikunta”, llorar amargamente y Cushuro es la castellanización de “Kushiru” niño alegre o pequeño  sonriente.

Con   este artículo y sus reflexiones indígenas, quiero recordar a Don José María Arguedas, un peruano que amó sencillamente al Perú.

 

*Rodolfo Tafur es chef, investigador gastronómico y profesor.

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