
Tuve el honor de compartir ayer tarde por la noche la mesa y así poder conversar con la hermana de María Elena Pastorino, más conocida con el cariñoso sobrenombre de “Chimbela”. Hubiera dado mucho porque ayer esta argentina de élite, estrella del basketball femenino albiceleste de los primeros tiempos, hubiese estado presente entre nosotros, en medio de la larga conversación de sobremesa que siguió al excelente pastel de acelgas con zapallo que degustamos. Desgraciadamente “Chimbela”, no hace mucho, el 22 de diciembre de 2011, nos dejó.
“Chimbela”, me dijo Norma, su hermana, un año tan solo mayor que la otrora astro del basketball rioplatense, con tan solo 15 años de edad, allá por 1949, participó en el Campeonato Sudamericano de Basketball Femenino de Lima. “No medía más de 1 metro 55 de estatura, pero era como una ardillita y desde la posición de wing hacia estragos en la defensa del equipo rival”, señaló Norma muy emocionada. “Sabés, cuando llegó a Perú, tus compatriotas dijeron ‘¿y esta chiquitita va a jugar?’... “Chimbela” no solo jugó, pues además se convirtió en una estrella”. Sin duda alguna, a decir de lo que se señaló en esta amena conversación, en la jugadora de mayor trascendencia del basketball gaucho. Y por qué no, uno de los más caracterizados referentes a nivel latinoamericano.
¿Y cuando falleció “Chimbela” hubo algún arreglo floral enviado por la Federación de Basketball de Argentina?, pregunté pensando en voz alta. “No”, me respondió con un aire de tristeza Liliana Todaro, su sobrina. “’Chimbela’ dio tanto por la camiseta argentina y murió, aunque bien acompañada por su familia, nosotros, en el olvido de las instituciones que un día recibieron lauros por la calidad de su juego y la entrega de la que hacía gala”, dijeron casi al unísono Liliana y Silvia, sus entrañables sobrinas con los ojos que les brillaban.
“Mirá esta revista de la segunda quincena de diciembre de 1956, mirá este ejemplar de Tirando al Aro, mirá Francisco”, me dice Norma señalando esta reliquia. Y añade, “Leé lo que dice sobre su juego, lo leo yo por ti si querés: ‘Pareciera que juega desde siempre, porque es como esos chicos que instintivamente corren detrás de la redonda para hacerla transponer los tres palos (el aro)... “Chimbela” juega basketball porque sí, porque le gusta, lo intuye y lo siente, cada jugada es como un dibujo que trazara en el aire y quedara cimbreando para que nos deleitemos los que apreciamos la belleza del juego’”. Esa era mi hermana, “Chimbela”, mi querida “Chimbela”.
“Era una estrella, y fijate era, como todo jugador de basket en su tiempo, una amateur... jugó con entrega hasta cuando sus meniscos, una rotura, pusieron fin a su juego... se alejó con tristeza del rectangular esta gran armadora y concluidora que era mi hermana”, relató una Norma hojeando la revista como quien evade a las emociones que a uno en momentos de rememoración lo embargan. Y con un rictus de pesar añadió, “mi hermana era simpatiquísima, tenía una respuesta para todo y para todos, iba a cumplir 78 años este 17 de febrero, el destino no quiso que esto fuese así...”.
María Elena Pastorino “Chimbela”, quien debió su sobrenombre al personaje de facundia que encarnaba la famosa actriz argentina Elena Lucena, descansa donde siempre quiso reposar para la eternidad. En un lugar abierto, florido y pleno de arboles, frente a un lago. En un espacio de libertad, en uno como en el que practicó el deporte que tanto amo y por el que tantas satisfacciones dio así a su país. “Chimbela”, descansa en paz...