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Domingo 04 de marzo 2012

Cultiva tu felicidad

Por: Luciana Campora
Cultiva tu felicidad
Foto: chicama.pe

Todo en este mundo se rige por las mismas leyes, patrones invisibles que ordenan y gobiernan el Todo. Patrones que, una vez identificados y comprendidos, nos permiten acceder a cualquiera de las intrigas que deseemos responder, como por qué hay áreas en nuestra vida que no están funcionando como deberían y qué es lo que estamos haciendo “bien” en aquellas áreas que sí funcionan.

Te daré un ejemplo de esto: Observa tu jardín, tu maceta o cualquier lugar en el que haya un pedazo de tierra. Dime: ¿Qué harías si quisieras que crecieran rosas, o malvones, o tu planta preferida? Seguramente me dirías: “Las plantaría, las cuidaría, las regaría”.

Ahora, ¿Que ocurriría si no lo hicieras?

Nunca crecerían las plantas que te gustan. ¿Verdad? Pero “la naturaleza no soporta el vacío” (una frase sabia). Pronto aquel pequeño lugarcito de tierra se verá lleno de retoños.

¿De rosas? ¿De malvones? ¡NO! ¡De maleza! ¡De cualquier semilla que haya aterrizado allí y haya encontrado las condiciones suficientes para sobrevivir!

Al observar tu jardín te parecerá lógico que si no siembras flores, estas no crezcan. Cuando te encuentras con un cardo, simplemente vas y lo sacas de raíz. ¿No es así?
Sin embargo, muchos de nosotros no aplicamos esta sabiduría a nuestra vida. No nos dedicamos a cultivar lo que deseamos y cuando nos encontramos rodeados de cardos, pinchándonos o cansados de esquivarlos… ¡Nos quejamos de que no hayan crecido flores!

Nada va a cambiar porque reneguemos, ni lo que somos ni lo que tenemos. Creo que en cierta forma hemos malentendido el significado de nuestra vida. Creemos que todo tiene que dársenos “perfecto”, que la felicidad en algún momento llegará y se nos dará “hecha”, que cuando conozcamos a la persona adecuada seremos felices, que cuando él o ella cambie “entonces sí podremos disfrutar”, que cuando los demás crezcan, o se sanen, o nos curen, o nos den ese empleo, o aprueben ese proyecto; que cuando los gobiernos sean justos o la gente tome consciencia… es interminable la lista de todo lo que podría mejorar. Y así corremos a la felicidad como el burro a la zanahoria, sin darnos cuenta de que esa felicidad ilusoria que proyectamos a futuro es un espejismo, y que el único momento que puede darnos la maravillosa experiencia de sentirnos plenos y satisfechos con nosotros mismos es AHORA.

Cuando hacemos lo correcto AHORA, somos felices. Cuando hacemos todo lo que sentimos que tenemos que hacer somos felices. No cuando cambia el mundo o cuando cambian los demás, o cuando las cosas se nos dan fáciles; sino cuando NOSOTROS NOS SENTIMOS HÁBILES, PODEROSOS Y CAPACES. Esto no puede dárnoslo nadie. Nadie puede conseguir que nos sintamos así, excepto nosotros. Y la manera de sentirlo es aceptar lo que nos toca vivir, asumir nuestro protagonismo y dejar de quejarnos de lo que anda mal.

Porque si algo anda mal en nuestra vida es porque aun no estamos haciendo todo lo que podemos para solucionarlo (aunque quizás, “todo lo que podemos” no sea más que cambiar nuestra forma de percibir)

Creo que quejarnos es una manera de expresar que deseamos lo perfecto, que de algún modo intuimos o conocemos que las cosas pueden ser de otra manera. También creo que lo hacemos porque es fácil en comparación con lo que suponemos que deberíamos hacer para cambiar algo. La queja es un escapismo, con el que evitamos comprometernos y tomar las riendas de nuestra responsabilidad.
¿Responsabilidad sobre qué? SOBRE NUESTRA PROPIA FELICIDAD!

Si la “culpa” la tienen los demás, nosotros no podemos hacer nada al respecto. Si nos vemos como víctimas de la vida, de los gobiernos, del clima, del tráfico, de nuestros padres, de los accidentes o de las enfermedades, entonces ¡Pobres de nosotros! Siempre encontraremos alguna razón evidente para estar mal.

Si queremos sentirnos plenos, dichosos y radiantes hay algo que tenemos que aceptar: Nadie vino a este mundo para hacernos felices. Nadie tiene la obligación de proporcionarnos lo que “nosotros deseamos”. Nuestra felicidad depende de nosotros mismos y de nadie más.

Buscar nuestra felicidad no es ser egoísta, ser egoísta es pretender que los demás se adapten a nuestra noción de felicidad y la persigan por nosotros.

Siempre podemos hacer algo para nuestro propio bienestar. Nadie nos lo niega, más que nosotros mismos, cuando nos empecinamos en esperar que las situaciones externas se equiparen a nuestros ideales, cosa que es muy improbable que suceda. Lo cierto es que la vida no es perfecta así como se nos da. Y la razón de esto es: que HACERLA PERFECTA ES NUESTRA TAREA.

Habitamos un mundo extraordinariamente fértil.  Nuestra tierra es apta para todo tipo de semillas. Es responsabilidad de cada uno elegir qué tipo de semillas sembrar. Pero si no cultivamos con esmero nuestra felicidad, todo lo que ande por ahí en el viento se apropiará de nuestra tierra. Y entonces ¿Qué haremos? ¿Dejaremos que lo indeseado nos invada?  ¿Continuaremos quejándonos porque todo está lleno de cardos y nadie hace nada? ¿O aceptaremos que la capacidad de ELEGIR es parte de nuestra naturaleza, y que podemos no sólo elegir, sino también ACTUAR en consecuencia?

A la naturaleza hay que dominarla” decía mi abuelo, que era jardinero.

Es natural que los cardos crezcan. Podemos quejarnos, comernos los cardos (que son muy ricos, por cierto!) o darnos cuenta de que tenemos una buena pala y una infinita variedad de semillas en nuestras manos.
LA FELICIDAD ES UNA ELECCIÓN QUE SIEMPRE PODEMOS TOMAR. En cualquier caso, siempre estamos eligiendo lo que cultivamos.

Luciana Cámpora

 www.lucianacampora.com

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