
Si bien la visita del Presidente del Perú a su par de Venezuela aparenta ser auspiciosa, siempre es bueno hacer un balance de ella y estudiar las posibles fortalezas y debilidades que representará a futuro.
El Perú no abriga la misma ideología de los gobernantes de turno de Venezuela, lo que no impide que se puedan mantener relaciones fructíferas para ambos países, pues mientras la contraparte no trate de imponer sus creencias, metodologías y metas, ello no nos debe perturbar.
Sin embargo tenemos que ser muy cautos y vigilantes, pues los antecedentes del bravucón caribeño-bolivariano acreditan que se mete donde no lo llaman, que habla hasta que lo callan, que trata de imponer su Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) como catecismo político para la región, y que a través de las “Casas Alba” ha intentado entrometerse en nuestros asuntos internos bajo el ropaje beneficente de ayuda humanitaria, pero que llevaba contrabando ideológico, sin olvidar la indeseable presencia de funcionarios que pisotearon los principios elementales de su misión diplomática para mutarla a intervención política y las aún no suficientemente investigadas aportaciones de campaña. Recordemos simplemente a la señora Virly Torres.
Debemos que tener las mejores relaciones con todos los países, principalmente con los del hemisferio. En el mundo globalizado todos somos interdependientes en muchísimas áreas, como es el comercio, pero sin influencias políticas atentatorias contra nuestras libertades, pensamiento y direccionalidad política.
Venezuela formó parte de la Comunidad Andina, y hay la esperanza que en algún momento se vuelva a integrar, por lo que mientras ello no suceda, necesitaremos suscribir Acuerdos de Alcance Parcial de naturaleza comercial, como el del 7 de enero, más cuando la balanza comercial es favorable al Perú y las exportaciones de textiles ayudan a compensar las reducciones que ya se advierten en las importaciones realizadas desde los Estados Unidos de América
Con Venezuela también se han suscrito acuerdos petroleros, por lo que los expertos deberán analizarlos, ya que existen dudas sobre sus beneficios, como también del peso de Venezuela para debilitar la OEA pese a que por sus generosos obsequios del oro negro, tiene comprometido el apoyo de muchos países del área, lo que probablemente se duplicará en UNASUR y en CELAC, con el agravante que de este último se han excluido a Canadá y los Estados Unidos, ante el indolente silencio de los demás.
Acercamientos con Venezuela, en buena hora, siempre que sean dentro del respeto mutuo y la no intervención en asuntos internos.