
Un colega que conozco hace años, propietario de una empresa, cometió un grave error conceptual cuando decidió aplicar su flamante profesión de licenciado en administración de empresas en el mejoramiento de la productividad. Su primer paso en falso fue que eligió -sin conocerlo- el modelo del ex profesor del Massachussets Institute of Technology (MIT) Edgard Schein, con el objetivo de resolver el problema.
Mi colega que ensambla computadoras, crea y recrea programas, se dejó convencer por un “gurú criollo” que nunca había sido gerente, pero supo llenarle la cabeza de modelos, teorías y expertos, que -según él- podían mejorar el método Schein: Incremento de la productividad a través del Kaizen 5S, La quinta disciplina, de Peter Senge, La competitividad, de Michael Porter, En búsqueda de la excelencia, de Tom Peters, entre otras genialidades.
Manos a la empresa
El diagnóstico real era que existía un clima laboral positivo con profunda integración, una cultura organizacional con una alta moral del personal, que produjo la superación del desempeño de los técnicos más calificados. Sin poder ver esta realidad, casi medio loco, mi colega decidió aplicar todos los métodos juntos, pensando que así su empresa “mejoraría su productividad” lo más rápido posible.
Cometieron el error de implantar metodologías de producción estructuradas, incluyendo incentivos individuales por competitividad y planes de carrera en un negocio que se caracteriza por la creatividad y colaboración de cada uno para ensamblar PC y elaborar programas para cualquier cosa que se imagine, y todo lo hacían en un clima de alegría y en equipo.
Pero más pudo la lengua del “gurú”. Corrieron a aplicar el shitsuke (disciplina japonesa) que forma parte de las 5S, para cambiar la metodología de trabajo. El resultando fue decepcionante: La productividad cayó al piso, el personal de desmoralizó y varios técnicos se fueron de la empresa. La solución era más sencilla. Aplicando el modelo de Desarrollo Organizacional (D.O.) de Schein, se debió examinar los supuestos básicos de la organización con apoyo de un grupo interno motivado, guiado por un consultor clínico entrenado (debe ser externo).
Se puede utilizar el método FODA (no el de 1950 sino el FODA matemático actual) para identificar fortalezas como la creatividad y la libertad en el trabajo; Entonces se hubieran dado cuenta que no había que cambiar nada, porque la gente trabajaba mejor con el procedimiento no estructurado (libre y feliz). Un consejo de experto: no se dejen llevar por las fórmulas complejas; simplificar para resolver.