
El presidente del directorio de la caja municipal de Sullana, Joel Siancas declaró hace pocos días -diario Gestión- que las microfinancieras deben tener cuidado con el sobreendeudamiento y el crecimiento acelerado. Yo opino que si bien se trata de una preocupación legítima para las instituciones financieras, se tiene que hacer una distinción cuando de habla del sector más pobre de la población que es el cliente clásico de una operación de microcrédito pero no siempre de una de microfinanzas ¿?
Definiendo en términos técnicos y, al mismo tiempo, realistas, el microcrédito es un enfoque no lucrativo para el desarrollo social y depende del apoyo externo, mientras que la microfinanzas busca la rentabilidad para auto-financiarse. Por esta razón el Estado debe establecer objetivos, políticas y estrategias diferentes en cuanto a su papel para los programas de inclusión social. El proyecto de ley de Fomento y Promoción de la Empresa Inclusiva debe distinguir estas categorías.
¿Qué debe hacer el Perú?
En el Perú el microcrédito debe consistir en pequeños créditos a favor de la gente pobre o muy pobre, para crear proyectos de autoempleo como las microempresas y generar ingresos. Este es el criterio que adoptó la Cumbre de Microcrédito (Washington 1997), en donde se establecieron metas para el año 2005: 100 millones de familias más pobres en el mundo tendrían servicios de ahorro, créditos para el autoempleo y asistencia técnica para la instalación de microempresas.
El objetivo principal del microcrédito es que se sigan generando actividades de producción: iniciar o reforzar una actividad económica ya sea producción, comercialización o servicios. Sus destinatarios son principalmente mujeres en condición de madres solteras o convivientes -personas naturales- que no cuentan con garantías reales, mucho menos estados financieros y que no son sujetos de crédito para la banca comercial. Se trata del sector de los excluidos.
Por eso el presidente Humala expresó que esta política social “sirva como un escalón, para que estas personas, estas familias de extrema pobreza, se les dé una oportunidad, y que puedan construir su pequeña empresa, micro empresa, educar a sus hijos y permitan dar espacio a otros peruanos que requieren esos programas”. Se trata de pequeñas cadenas productivas que logren su inclusión social productiva y financiera como empresa inclusiva.