
El ministro de Agricultura, Luis Ginocchio, acaba de anunciar que es necesario encontrar un equilibrio en la extensión de la propiedad agrícola, lo que debe significar una coexistencia razonable y armoniosa entre la gran propiedad y la pequeña y mediana.
Desde el punto de vista de salud pública, se trata de un equilibrio positivo por razones alimentarias y nutricionales, pero también ambientales y sociales.
La mayor parte de los alimentos consumidos por los peruanos son producidos por medianos y pequeños productores.
El instituto CEPES, utilizando información de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO 2010), destacó que el 66% de lo que comemos son alimentos naturales –papa, cereales, leguminosas, verduras y frutas–, provenientes de unidades productoras pequeñas y medianas.
Solo el 28% son alimentos procesados industrialmente –como pan, leche, azúcar, fideos, gaseosas, etc–, producidos por empresas grandes. La pequeña propiedad agrícola provee a los peruanos de alimentos que contribuyen con un significativo valor nutricional por su contenido de fibra natural, proteínas, minerales, vitaminas y cuantiosas sustancias bioactivas.La gran propiedad e industria agrícolas, por otro lado, tienden a especializarse en productos de alta rentabilidad en los mercados nacional (alimentos procesados) e internacional (algunos vegetales y frutas, y otros “commodities” agrícolas no-comestibles). Esto no es exclusivo del Perú y se repite, casi sin excepción, en todos los rincones del planeta.
Mientras el mantra del desarrollo internacional es vender, cada vez más, en mercados internacionales, no deja de ser un contrasentido transferir alimentos, de países donde aún hay desnutrición, hacia los países ricos. En todo caso, la lógica, más que nutricional, parece ser económica y política.¿Qué consecuencias prácticas tiene la situación descrita en nuestra salud?La variedad de alimentos que ofrecen la mediana y pequeña agricultura es central para prevenir los dos más importantes problemas nutricionales del país: la desnutrición crónica en los niños y las enfermedades no-transmisibles de origen nutricional de los adultos (como obesidad, enfermedades del corazón, diabetes, etc.). En ambos casos, ojo, lo más importante es la calidad y no la cantidad de alimentos.
Es un riesgo serio para la seguridad alimentaria del Perú no defender nuestra extensa y variada base productora de alimentos y convertirnos en testigos pasivos de su transformación en plataforma agro-exportadora.
La subsecuente dependencia de alimentos importados, en un mundo de precios volátiles, creciente escasez de agua y erosión de suelos, plantea un escenario de inseguridad, hambre y conflicto social insospechados.
El segundo asunto es el de la sostenibilidad ambiental y social. En lo ambiental, el énfasis en la eficiencia y rentabilidad lleva, con frecuencia, al monocultivo, a la mecanización de la producción y al uso intensivo de fertilizantes y plaguicidas derivados de petróleo. Por ejemplo, el agro norteamericano en el último siglo ha perdido el 97% de su biodiversidad, al concentrarse en la producción de muy pocas variedades de granos y cereales como el maíz y la soya.
Más cerca a nosotros, Brasil y Argentina son potencias mundiales de producción de soya con un importante costo ambiental, tanto en la pérdida de su biodiversidad como en la degradación de suelos.
¿Enfrentamos peligros similares en el Perú si cultivos como la caña de azúcar y la palma aceitera se impusieran sobre otros, facilitados por propiedades agrarias ilimitadas?
No es razonable ignorar los costos ambientales, sociales y de salud ocasionados por el tipo de agricultura descrito y la desaparición de los pequeños y medianos productores.
Por el contrario –como se reclama hoy crecientemente en el mundo–, tales costos debieran ser internalizados y revisados los subsidios estatales a la propiedad.
Esta observación no es un alegato contra la gran propiedad agrícola, sino más bien una invocación a la necesidad de su coexistencia con los pequeños y medianos productores, quienes precisan de apoyo para asegurar su sostenibilidad en el largo plazo, punto central del bienestar futuro de la nación.
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(*) Viceministro de Salud.