
Los efectos del cambio climático que se cierne en nuestro planeta aceleran otros peligros ocultos hasta ahora.
La telaraña de la vida se disipa, se va y no tenemos a una nueva tejedora que repare los agujeros ocasionados por el destrozo del hombre.
Según las últimas informaciones aparecidas en periódicos de todo el mundo, la capa de hielo del Ártico se está derritiendo a un ritmo aún más rápido que lo avanzado por los últimos estudios que utilizaban modelos informatizados. Este hielo podría desaparecer en sólo 13 años.
Los mares que rodean a la Antártida están perdiendo su capacidad de absorber dióxido de carbono, lo que significa un grave aumento de gases contaminantes en la atmósfera. El 'Océano del Sur' es considerado el principal receptáculo de dióxido de carbono generado por la actividad del hombre en la Tierra.
Se calcula que los mares del planeta reciben alrededor de la mitad de todas las emisiones de dióxido de carbono producidas por el hombre y que más del 15% de ese total corresponde al “Océano del Sur”.
FENÓMENOS ANORMALES
Un desconocido acontecimiento meteorológico extremo en la Antártida trae de cabeza desde hace tiempo a los científicos. En enero (pleno verano antártico) de 2005 y durante una semana, vientos de hasta 41 grados se desplazaron por el oeste de la Antártida y derritieron superficialmente extensiones tan grandes de nieve como el estado de California. Si este fenómeno fuera algo más que un acontecimiento extraordinario, habría que empezar a pensar que la Antártida también está en riesgo de descongelación, igual que está ocurriendo ya en el Ártico.
Se ha iniciado un proceso de una mayor deriva de los glaciares hacia el mar en Groenlandia. Primero se filtra el agua, luego lubrica la tierra sobre la que se asienta el hielo y provoca que los glaciares se desplacen a mayor velocidad que nunca. Tal situación de inestabilidad de grandes masas de hielo de cientos de kilómetros cuadrados provoca a su vez otro suceso como es el de los terremotos glaciares, que aceleran aún más el conjunto.
EL ÁRTICO
El Ártico se deshiela de una forma veloz, precipitada. Los osos polares han pasado a ser una especie amenazada por la desaparición de su propio hábitat, igual que algunas especies de focas. Las poblaciones humanas que viven cercanas al Ártico, acostumbradas a los hielos perpetuos, se enfrentan a peligros mortales, ya que la fina capa de algunos tramos es tan delgada que no soporta el peso de una moto de nieve con su carga.
En otros lugares del mundo, como el Kilimanjaro, el deshielo ha sido rápido. Ya hay muchos accidentes en el Himalaya debido a los constantes aludes que se están originando.
UN NUEVO PELIGRO
Chapin, catedrático de Ecología de la Universidad de Alaska que vive en el epicentro del cambio climático, el Ártico, alerta también de un fenómeno menos conocido, la pérdida de permafrost (el suelo helado de Siberia y Alaska), que, al fundirse, libera enormes cantidades de metano, un gas con 40 veces más poder de calentamiento que el dióxido de carbono, aunque permanece menos tiempo en la atmósfera.
En el verano de 2005, un ecólogo ruso de la universidad de Tomsk comenzó a difundir un mensaje urgente para la humanidad: el gran pantano ha comenzado a derretirse. ¿Por qué hemos de preocuparnos quienes vivimos al otro lado del mundo? La razón es fría y aterradora: conforme se descongele, la turba se pudrirá y liberará por fin su carbono. Inmersa en agua estancada con poco oxígeno, la pudrición de la turba no generará nuevamente bióxido de carbono, sino metano. Si bien el metano nos es muy familiar, sus efectos en el cambio climático apenas comienzan a revelarse.
Se ha calculado que los pantanos polares de Siberia, Alaska, Canadá y Escandinavia contienen unos 450 billones de toneladas de carbono. Si éste fuera liberado en forma de CO2, la temperatura promedio del planeta se incrementaría unos 3°C, pero si es convertido en metano, el aumento térmico puede rebasar la decena de grados. La magnitud del golpe dependerá de la velocidad con que pase a la atmósfera, dado que el CH4 se descompone al cabo de una década. El resultado de la descomposición es más bióxido de carbono, que perdura en el aire por siglos. El deshiele de los pantanos polares no es la única fuente de metano vinculada con el calentamiento global, ni la más preocupante. Congelados en los sedimentos bajo los océanos existen grandes acumulaciones de este gas contenidas en estructuras reticulares de hielo llamadas clatratos, que recuerdan los panales de las abejas.
Representan un gran enigma; los científicos no terminan de debatir cómo y cuándo se forman, pero parecen resultar de alguna manera del encuentro de aguas oceánicas muy frías con el metano generado por microbios que viven bajo el fondo marino. Los estudios sismológicos han identificado clatratos a profundidades de algunos cientos de metros en los sedimentos bajo decenas de miles de kilómetros cuadrados del océano, generalmente al borde de las plataformas continentales. Muchas de estas estructuras retienen acumulaciones aun mayores de metano gaseoso debajo de ellas, donde el calor que emana del centro de la tierra evita que se congelen. Se ha estimado que existen entre 1 y 10 trillones de toneladas de CH4 almacenadas en los clatratos y en los depósitos bajo ellos en todo el mundo.
Hace 55 millones de años, más de un trillón de toneladas de metano burbujearon del océano a la atmósfera, elevando la temperatura más de 10 grados. El “gran pedo del planeta”, como lo ha nombrado un maestro británico de la divulgación científica, ocasionó la extinción de dos tercios de las especies marinas y tuvo un impacto evolutivo que perdura hasta la fecha en los ecosistemas terrestres. Durante millones de años antes de la gran extinción, la tierra se había estado calentando lentamente, al parecer por efectos solares. Se cree que las temperaturas más altas del mar calentaron los sedimentos hasta reventar los clatratos y soltar el CH4. La liberación del metano debió acidificar las aguas, mató a un sinfín de organismos y retroalimentó de manera positiva el calentamiento del planeta. Muchas especies terrestres también perecieron, pero otras florecieron en el clima cálido, entre ellas varios linajes de mamíferos, como los primates y en particular los Omomyidae, antepasados de los simios, nuestro origen.
Es muy inquietante también el efecto que tendrá el derretimiento al incrementar por sí mismo la temperatura. El hielo sólo absorbe un 20% de la radiación solar y refleja la energía restante al espacio, efecto que se conoce como albedo. Al desaparecer el hielo, la tierra absorbe más energía del sol; en el caso del mar abierto, la proporción alcanza un 80%, lo que se traduce en un calentamiento local más rápido y mayor derretimiento de los témpanos restantes. La preocupación más grave es el efecto que pueda tener el alza de las temperaturas marinas en los sedimentos que guardan clatratos.
El CO2 que libera nuestra combustión de petróleo y carbón mineral y nuestra destrucción creciente de los bosques está teniendo otro efecto en el océano que va a redituar en un mayor calentamiento. Al disolverse en el agua, el gas se convierte en ácido carbónico, lo cual hace disminuir el pH del mar. La mayor acidez del océano atenta contra el mecanismo más importante para reducir los gases de invernadero de la atmósfera. Las aguas marinas contienen cincuenta veces más bióxido de carbono que el aire. Hay un movimiento constante de ese gas entre el océano y la atmósfera. Al aumentar su concentración en la atmósfera por efectos humanos, el mar está absorbiendo cerca de 2 billones de toneladas anuales por encima del volumen que el agua devuelve al aire. Buena parte del exceso de carbono se deposita en el fondo del océano después de ser incorporado a los organismos marinos en su crecimiento. Los esqueletos que caen a las profundidades asemejan una nevada continua. Este proceso puede considerarse un bombeo biológico de carbono. Sin embargo, el sistema tiene un límite: la acidez creciente del agua está corroyendo y matando a los organismos que se encargan del bombeo. Al disminuir su capacidad de fijación de carbono, el mar devolverá más CO2 a la atmósfera, que se calentará aun más.
En el verano caluroso de 2006, grandes extensiones de tundra del tamaño de Francia y Alemania juntas, bulleron por las emisiones de metano a la superficie, con algunas estimaciones de unas 100.000 toneladas diarias, un efecto mayor que el de las emisiones de dióxido de carbono de Estados Unidos.
EL LAGO DE NYOS - CAMERÚN
El 21 de agosto de 1986, unas 1.800 personas murieron en el Lago Nyos mientras estaban en sus quehaceres normales hacia el anochecer. El 15 de agosto de 1984, dos años antes, un incidente extrañamente similar, aunque en una escala menor, tuvo lugar en Monoun, un lago en un cráter con forma de hueso a unos 100 Km al sur de Nyos. En los dos casos, las causas habían sido la misma: una flatulencia de metano que levantó el agua como una gran burbuja y al caer el metano hacia abajo mató a todo ser vivo en kilómetros. Ahora el peligro está en el Ártico.
Nota publicada en laeco.net